La Voz de Almeria

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Francisco Javier dejó su trabajo para volver a sus raíces: planta présules y tirabeques en Dalías

Tras años de oficina y reuniones interminables, eligió cambiar el bullicio por la paz de los bancales ecológicos donde crecen estos manjares verdes

Francisco Javier en su invernadero de Tirabeques.

Francisco Javier en su invernadero de Tirabeques.Marina Ginés

Marina Ginés
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Francisco Javier Gómez Valdivia dejó su trabajo como comercial para volver a sus raíces, a su Dalías natal, entre présules y tirabeques. Lo hizo después de años de carretera, reuniones, llamadas interminables y presión constante por vender más. Lo hizo cuando el ruido ya pesaba demasiado.

Hoy, a sus 35 años, mientras recolecta con mimo y cuidado los primeros présules de la campaña, lo dice con una serenidad que no necesita adornos: “Estoy muy contento de haberme vuelto a la agricultura, ahora vivo muy tranquilo”.

Lejos del bullicio. Lejos de las horas de coche. Lejos del tira y afloja con clientes y de la presión de unos superiores. Aquí no hay objetivos trimestrales ni teléfonos que ardan. Aquí hay tierra húmeda, matas encintadas y vainas que esperan su momento justo. Cuando uno lo observa en ese pequeño bancal de Dalías, solo siente paz.

Un cultivo que sabe a infancia… y que se está perdiendo

Los présules no son una moda. Son una herencia. Son identidad. Son uno de esos cultivos que han dado nombre a Dalías generación tras generación. Y, sin embargo, cada vez quedan menos agricultores que se atrevan a sembrarlo.

Unos présules en su estado óptimo de maduración.

Unos présules en su estado óptimo de maduración.Marina Ginés

¿Por qué? Porque da menos kilos que otros cultivos más extendidos en el Poniente almeriense, como el pimiento o el calabacín. Porque su recogida es lenta y selectiva. Porque no admite prisas. Porque ya casi no quedan manos expertas que sepan cortarlo en su punto exacto.

“Esto no es como coger un calabacín”, explica Francisco Javier mientras abre una vaina. “El grano tiene que estar inflado. Si está aplastado, no vale”.

La diferencia es mínima a simple vista, pero lo cambia todo. Si se corta antes de tiempo, no pesa, el grano no tiene grosor. Y en la alhóndiga lo echan para atrás. Si se deja demasiado, pierde textura.

Recolectar présules es un oficio que se aprende mirando, tocando, equivocándose. "Antes lo hacían agricultores de aquí, de toda la vida. Hoy la mano de obra escasea y no todo el mundo sabe distinguir ese punto perfecto", explica el agricultor.

El “jamón de bellota” de Almería

Hubo días esta campaña en los que una caja de présules alcanzó precios que rondaban los 8 o 10 euros“Eran más caros que el jamón”, dicen en el campo medio en broma, medio en serio.

Francisco Javier en el terreno donde planta los présules.

Francisco Javier en el terreno donde planta los présules.Marina Ginés

Y no es una exageración. Cuando los présules están en su mejor momento, es un producto escaso, delicado y profundamente valorado. No se encuentra con facilidad en grandes superficies. Su producción se concentra en pocas hectáreas. Es casi un lujo verde.

Sabe dulce. Cruje. Es tierno y fresco. Francisco Javier coge uno, lo abre y se lo lleva a la boca. “Sabe a la infancia”. Y esa frase lo explica todo mejor que cualquier cotización. Porque cualquier niño que se precie del Poniente Almeriense ha disfrutado de este manjar después de horas desgranando en casa las primeras vainas para que su madre los congele.

Ecológicos por naturaleza

Hay otro detalle que engrandece este cultivo: es agradecido.

En la finca de Francisco Javier apenas se utiliza azufre. Nada de sulfatos agresivos. Nada de estrategias complejas ni control biológico. Son plantas resistentes, que responden bien al cuidado tradicional. “Esto es ecológico”, dice con naturalidad.

Las flores de los tirabeques son moradas y la de los présules blancas.

Las flores de los tirabeques son moradas y la de los présules blancas.Marina Ginés

En un tiempo en el que la agricultura está sometida a una presión constante de costes y tratamientos, los présules y tirabeques siguen creciendo casi como lo hacían antes. Agua, tierra, atención y conocimiento.

Ellos mismos guardan semillas al final de campaña. Dejan secar las mejores vainas y las vuelven a plantar. Un ciclo cerrado que habla de autosuficiencia, de memoria y de respeto por lo que funciona.

Volver no fue un paso atrás

Francisco Javier compró 5.000 metros de tierra. El resto lo tiene alquilado hasta completar dos hectáreas. Apostó fuerte. 

Cambió un sueldo fijo por la incertidumbre del cielo. Aquí se mira cada día a las nubes. La lluvia excesiva puede encharcar la tierra y hacer que la mata tire más a hoja que a fruto. El viento preocupa. Las plagas y el control biológico es una preocupación constante.

Présules aún sin madurar.

Présules aún sin madurar.Marina Ginés

Pero la satisfacción es otra. “Ahora facturo más, que antes pero me queda menos libre”, reflexiona. Pero aún así, merece la pena, trabaja físicamente más que antes, sí. Pero mentalmente descansa.

Y cuando la cosecha sale bien, cuando el precio acompaña y la caja va llena de vainas perfectas, la recompensa es doble.

La finca no es solo suya. Es familiar. Su tío, con más de 70 años, sigue ayudando. Porque de la agricultura —dicen— no se jubila uno nunca.

Su tío y su padre fueron de los primeros en sembrar présules en Dalías cuando se plantaban directamente en el suelo y apenas daban dos o tres cogidas. Hoy se encintan como los pimientos, se alarga la producción y se optimizan los meses. Pero el alma es la misma.

Para casa, reservan los más pequeños, los de semilla antigua. Los más dulces. Los que no tienen “vista” comercial, pero sí sabor. Porque, como reconocen, la gente compra más con la vista que con el paladar. Ellos no.

Más que un cultivo, una forma de vida

Hace apenas unos días, Dalías celebraba sus Jornadas de Tirabeques y Présules, recordando la importancia de estos productos en la identidad local. Pero más allá de los actos y los discursos, el verdadero latido está en bancales como el de Francisco Javier.

Una caja de présules recién cogidos.

Una caja de présules recién cogidos.Marina Ginés

En jóvenes que deciden regresar. En agricultores que resisten pese a la dificultad. En cultivos que no son los más productivos, pero sí los más simbólicos. Quizá el titular más potente no sea el del precio que alcanzan, ni la comparación con el jamón de bellota.

Pero quizá lo más poderoso sea esto: que en un tiempo de ruido y prisas, alguien decidió volver a lo de siempre. Y que mientras haya manos dispuestas a tocar una vaina y esperar el grano inflado, los présules y tirabeques no serán solo una hortaliza. Serán memoria. Serán orgullo. Serán Dalías.

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