La revista Viajar se enamora de Almería y elige los 10 pueblos más bonitos para visitar este verano
Destaca tanto localidades costeras como rincones del interior con encanto propio

La revista Viajar, conocida publicación dedicada al turismo en España, ha preparado un listado de pueblos, barriadas y enclaves de la provincia de Almería que recomienda visitar debido a su belleza. Algunos de ellos son rincones de sobra conocidos que llevan tiempo atrayendo turistas a la costa almeriense, pero también se encuentran pueblos del interior más desconocidos para el gran público, que no por ello carecen de un encanto propio digno de admirar.
Mojácar
Hay algo casi magnético en la silueta de Mojácar, ese laberinto de cal y piedra que se aferra con terquedad a la última estribación de la Sierra de Cabrera. Más allá de su innegable fotogenia, el pueblo cautiva por la herencia de su pasado nazarí, palpable en el trazado anárquico de sus calles empinadas y en esa luz limpia que tanto encandiló a los artistas de los años sesenta. Es la frontera donde la Almería mística de la montaña se asoma a un Mediterráneo abierto, logrando mantener su alma de frontera a pesar de la presión del litoral.

Agua Amarga
Antiguo refugio de pescadores que ha sabido gestionar su estatus de secreto a voces, Agua Amarga es hoy el epítome de un minimalismo mediterráneo muy bien entendido. Protegida por los acantilados del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar, esta pequeña pedanía conserva su fisonomía de casas bajas y buganvillas, donde el verdadero lujo no radica en la opulencia, sino en el ritmo pausado de sus mañanas y en la pureza de sus aguas. Un rincón que atrae a quien busca desconectar del ruido sin renunciar a una cierta sofisticación discreta.

EUROPA PRESS/DIPUTACIÓN DE ALMERÍA - Archivo
Níjar
Níjar no se entiende sin el barro, el esparto y las jarapas; es el corazón artesanal de la provincia y un bastión de la arquitectura mudéjar. Pasear por su barrio del Portillo es sumergirse en una Almería de herencia árabe, donde los talleres familiares siguen desafiando la inmediatez de los tiempos modernos con técnicas centenarias. Es un destino con peso específico, rústico y auténtico, que sirve de antesala perfecta al desierto y a la costa, pero que brilla con una identidad cultural propia y rotunda.

Imagen de archivo de una vista aérea de Níjar.
Rodalquilar
Ubicado en el epicentro de un antiguo valle volcánico, Rodalquilar posee una atmósfera casi cinematográfica, marcada por su pasado minero y la fiebre del oro que cesó en el siglo pasado. El esqueleto de su antigua planta de procesado y las viviendas abandonadas se integran hoy en el paisaje como una suerte de arqueología industrial que dialoga de tú a tú con el arte contemporáneo, presente en sus calles a través de diversas intervenciones. Un lugar de una belleza sobria y melancólica que atrae a creadores, geólogos y mentes curiosas.

Poblado minero de Rodalquilar, un ejemplo del pasado de Almería y su relación con la minería.
Las Negras
Con una personalidad bohemia que se resiste a ser domesticada, Las Negras debe su nombre al color oscuro del material volcánico que enmarca su bahía. Es un enclave con carácter, donde se respira un ambiente marinero y un tanto contracultural que invita a la conversación en sus terrazas a pie de playa. Desde aquí, la mirada se desvía inevitablemente hacia el Cerro Negro, un imponente acantilado que custodia un destino ideal para quienes buscan una desconexión activa y un contacto genuino con la naturaleza más indómita.

Cala San Pedro, Las Negras. Web Parque Natural Cabo de Gata.
Ohanes
Colgado de las laderas de la Alpujarra Almeriense, Ohanes se alza orgulloso como el primer pueblo ecológico de Europa, un hito que define su respeto reverencial por la tierra. Famoso históricamente por sus uvas de mesa de larga conservación, este pueblo de bancales y calles escalonadas ofrece una desconexión radical entre castaños y encinas. Es la Almería verde, de herencia morisca, agua de deshielo y aire puro; un destino de interior que desafía por completo el cliché árido de la provincia.

Lucainena de las Torres
Distinguido por el mimo obsesivo que sus vecinos prestan a las fachadas de piedra y las macetas que jalonan sus calles, Lucainena de las Torres es un ejercicio de pulcritud y silencio. Este rincón de Sierra Alhamilla esconde además un interesante legado industrial, visible en sus imponentes hornos de calcinación de hierro del siglo XIX. La reconversión de su antigua vía ferroviaria en Vía Verde lo convierte en una parada obligatoria para el viajero que sabe apreciar el valor del turismo lento y la historia minera.

Una de las floreadas calles de Lucainena de las Torres.
Alboloduy
En la confluencia de Sierra Nevada y la Sierra de Gádor, Alboloduy se erige como un oasis donde el agua y el desierto firman una tregua. La fisonomía del pueblo, de claras reminiscencias islámicas, contrasta con los impresionantes cortados arcillosos que lo rodean, configurando un paisaje casi lunar. Además de su atractivo geológico, este enclave destaca por su arraigada tradición vitivinícola, siendo el lugar idóneo para descubrir los sorprendentes y honestos vinos de altura que se producen en el sur peninsular.

Vélez-Blanco
Dominando el paisaje del norte almeriense desde su imponente castillo renacentista del siglo XVI, Vélez-Blanco es un despliegue de monumentalidad e historia en la comarca de Los Vélez. El rumor del agua de sus fuentes acompaña al viajero por un entramado urbano de casas señoriales y barrios judíos y moriscos de impecable conservación. Rodeado por la exuberancia del Parque Natural de Sierra de María-Los Vélez, representa la Almería señorial, fresca y forestal, tan desconocida como fascinante.

Imagen de archivo del Castillo de Vélez Blanco
Sobre la revista Viajar
Hoy en día, la revista combina su prestigiosa edición mensual impresa con una potente plataforma digital y audiovisual, ofreciendo a sus lectores una cuidada selección de tendencias en estilo de vida, recomendaciones gastronómicas y guías prácticas para inspirar a los viajeros más exigentes.