Gran parte de las costaleras de la Coronación dejan la cuadrilla a través de una carta tras la dimisión del capataz
Reproducimos íntegramente el contenido de la carta firmada por las mujeres costaleras de la hermandad de Los Molinos

Costaleras tras Nuestro Jesús de la Humildad y Paciencia.
Nuevo capítulo en la Hermandad de la Coronación. Tras la dimisión del capataz del paso de misterio solo 6 días después de ser nombrado, LA VOZ ha recibido una carta firmada por un amplio grupo de costaleras del Señor de Humildad y Paciencia en el que narran los hechos que vienen sucediendo desde hace unos meses, responden a otro texto publicado en redes sociales por un grupo de costaleros hombres y anuncian que dejan la cuadrilla este año.
A continuación, reproducimos de forma íntegra el contenido de la carta de las costaleras de la Coronación:
El Contador Cofrade
Dimite el capataz de la Coronación solo 6 días después de ser nombrado: crisis en Los Molinos
Álvaro Hernández
Nuestra historia nos respalda: 97 mujeres, ningún refuerzo necesario
Llegados a este punto, consideramos necesario expresar con claridad la situación que se está produciendo.
Tras mucho esfuerzo, compromiso y constancia, hemos conseguido reunir a más de 90 mujeres dispuestas a formar parte de la cuadrilla: mujeres con ganas, con responsabilidad y con el firme deseo de trabajar y formarse para desempeñar este servicio con la dignidad que merece.
A pesar de ello, la hermandad continúa manteniendo una cuadrilla de hombres bajo el argumento de que se trata de un “refuerzo”. Sin embargo, la realidad vivida durante todo este tiempo demuestra que ese refuerzo nunca ha sido verdaderamente necesario. Más aún, esa cuadrilla masculina ni siquiera estaba completa: ha tenido que ser conformada a base de llamadas de última hora, buscando hombres para cubrir huecos y presentándolos como un apoyo imprescindible que, en la práctica, nunca lo ha sido. Lo que sí ha sido necesario es dedicar más tiempo a los ensayos, apostar por la formación de las nuevas y tener paciencia en un proceso natural de aprendizaje, algo que cualquier cuadrilla ha tenido que afrontar en algún momento.
Hoy volvemos a comprobar y demostrar, por segunda vez, cómo esa justificación pierde sentido cuando la respuesta de las mujeres ha sido tan clara. No solo hemos respondido, sino que hemos superado ampliamente las expectativas, llegando a duplicar el número de mujeres dispuestas a trabajar, aprender y comprometerse con esta responsabilidad. Una respuesta que demuestra que el problema nunca ha sido la falta de mujeres, sino la falta de oportunidades reales para que podamos desarrollar este servicio en igualdad de condiciones.
En todo este proceso también hemos contado con el firme apoyo de nuestro capataz, Alejandro Galeti, quien desde el primer momento ha creído en esta cuadrilla de mujeres y ha defendido nuestra capacidad para asumir plenamente esta responsabilidad. Tras la dimisión del capataz general y ante la incertidumbre que atravesaba la hermandad, decidió dar un paso al frente y ofrecerse para asumir el cargo de capataz del paso del Señor de Humildad y Paciencia con un único objetivo: que el Señor no se quedara solo y que el paso siguiera siendo portado por sus costaleras, como lo ha sido durante tantos años.
Con la intención de buscar una solución justa y reconducir la situación, trasladó a la junta de gobierno una propuesta clara y razonable: integrar a todas las mujeres que forman parte de la cuadrilla y reubicar a aquellos hombres en el paso de palio, donde actualmente sí existe una falta de costaleros. Lejos de ser una propuesta de confrontación, se trataba de una solución que permitía dar respuesta a la voluntad de más de 90 mujeres dispuestas a trabajar, al mismo tiempo que cubría una necesidad real dentro de la propia hermandad.
Sin embargo, esta propuesta fue finalmente rechazada por la junta de gobierno. Ante esta decisión, y tras haber defendido hasta el final una salida que consideraba justa y coherente con la realidad de la cuadrilla, Alex Galeti ha tomado la decisión de dimitir como capataz. En su despedida quiso agradecer el esfuerzo realizado por todas las costaleras, destacando que habíamos logrado reunir a 97 mujeres dispuestas a ser los pies del Señor y reconociendo la lucha constante que se había mantenido durante todo este tiempo para que pudiéramos desempeñar este servicio como siempre lo hemos hecho.
Y es precisamente aquí donde nace nuestra mayor incomprensión. No entendemos cómo una junta de gobierno ha podido seguir adelante y tomar esta decisión a pesar del número de mujeres dispuestas y de la falta evidente de hombres en el palio. Más aún, nos duele profundamente saber que incluso algunos de esos hombres que sí formaban parte del palio han sido apartados por mostrarnos su apoyo y por no estar de acuerdo con las decisiones tomadas. Resulta difícil comprender cómo se puede hablar del bien de la hermandad mientras se castiga la lealtad, la coherencia y el sentido común de quienes solo han querido defender lo que consideraban justo.
Creemos firmemente que pensar en el bien de la hermandad es respetar su tradición, cuidar a sus costaleras y proteger aquello que durante más de 30 años ha dado identidad a este paso. No es priorizar el interés de unos pocos que, por altura, no pueden entrar en el palio, cuando, igual que nosotras en tantas hermandades, pueden acompañar a su corporación de otras maneras. Resulta aún más incomprensible que todo esto ocurra estando la junta en prórroga y a dos semanas del Martes Santo. El problema estaba resuelto: 97 mujeres, un capataz dispuesto y una cuadrilla completa.
Aun así, solo hemos encontrado barreras y obstáculos.
Ante esta situación, y después de todo el camino recorrido, una gran parte de las mujeres de la cuadrilla hemos tomado la decisión de no salir junto a una cuadrilla de hombres que consideramos innecesaria. No se trata de una decisión tomada desde el enfrentamiento ni desde el orgullo, sino desde la coherencia, la dignidad y el respeto hacia el trabajo que durante años han realizado tantas mujeres en este paso.
En referencia al texto de nuestros costaleros:
Agradecemos profundamente las palabras de los hermanos costaleros y el cariño con el que se dirigen a nosotras. En esta hermandad nunca ha habido rivalidad entre nosotros; siempre hemos compartido el mismo amor por nuestros titulares y entendemos perfectamente la devoción hacia el Señor, del mismo modo que muchas de nosotras sentimos una profunda devoción por la Virgen u otros titulares de distintas hermandades, a los que, aun así, no se nos permite portar. Precisamente por eso sabemos reconocer lo que significa aceptar con humildad el lugar que a cada uno le corresponde.
Creemos que, conociendo que 97 mujeres hemos mostrado nuestra disposición, compromiso y preparación, debería resultar evidente que no es necesario ningún refuerzo masculino para que el paso pueda salir con dignidad y solvencia. Y, sobre todo, debería ser evidente que para mantener la esencia y la tradición de esta hermandad, una tradición construida íntegramente por mujeres durante más de 30 años, somos más que suficientes para que este paso continúe siendo íntegramente femenino, tal y como ha sido desde sus inicios.
Nuestro deseo no es enfrentar, sino preservar una identidad que forma parte de la historia de la hermandad y de la Semana Santa de Almería. Por eso, desde el respeto y el cariño hacia nuestros hermanos costaleros, defendemos que la mejor manera de honrar esa tradición es permitir que siga siendo llevada por quienes la han sostenido durante tres décadas: sus mujeres costaleras.
Hemos demostrado con hechos, con compromiso y con número suficiente, que las mujeres estamos preparadas para asumir plenamente esta responsabilidad. La respuesta de 97 costaleras dispuestas a trabajar, a ensayar y a ser los pies del Señor habla por sí sola. Por ello, entendemos que aceptar ahora una situación que contradice esa realidad supondría renunciar a todo el esfuerzo realizado y a una tradición que durante más de tres décadas ha sido construida por mujeres.
Nuestra decisión nace precisamente del respeto a esa historia, al trabajo de quienes nos precedieron y al compromiso que sentimos con este servicio. No salir en estas condiciones no significa abandonar al Señor, sino defender con dignidad la identidad de una cuadrilla que durante más de 30 años ha demostrado su entrega, su capacidad y su fe bajo el paso.
Además, nuestra intención siempre ha sido preservar y dar continuidad a una tradición histórica que forma parte de la identidad de nuestra hermandad y de la propia Semana Santa de Almería. Durante más de 30 años, este misterio ha sido portado íntegramente por mujeres, siendo además el único paso de misterio en Almería capital llevado exclusivamente por una cuadrilla femenina.
Mantener viva esa tradición, construida con el esfuerzo, la entrega y el compromiso de tantas mujeres a lo largo del tiempo, es también una responsabilidad que sentimos como propia.
Del mismo modo que en muchas hermandades las mujeres no tenemos la posibilidad de portar a nuestros titulares y, aun así, seguimos participando con respeto y compromiso vistiendo túnica y mantilla, entendemos que esos hombres también pueden hacerlo. La Semana Santa y las hermandades son espacios de servicio, devoción y humildad, donde todos debemos saber ocupar el lugar que corresponde en cada momento.
Nuestra intención no es dividir, sino defender con firmeza aquello por lo que tantas mujeres han trabajado: el reconocimiento de nuestra capacidad, nuestro compromiso y nuestro derecho a participar plenamente en la vida de la hermandad. Porque cuando hay voluntad y número suficiente, no debería haber excusas para impedir que las mujeres ocupemos el lugar que legítimamente nos corresponde.
Seguiremos defendiendo, con respeto, firmeza y dignidad, el lugar que tantas mujeres han ganado con su esfuerzo durante más de tres décadas, para que esta tradición continúe viva y para que ninguna mujer vuelva a tener que demostrar dos veces que también puede cargar con la responsabilidad y el honor de portar a su Señor.