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Ser monja a los 21 o la rebeldía de llevar hábito: "No quería hacer lo mismo que todo el mundo"

La hermana Inma, destinada en Almería, entró en las Religiosas de María Inmaculada en los años 90 siendo una joven de 21 años

La hermana Inma, en una visita reciente a Jerusalén.

La hermana Inma, en una visita reciente a Jerusalén.

Álvaro Hernández
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'Los Domingos', la última película de Alauda Ruiz de Azúa, ha rasgado la gran pantalla con un tema que parece anacrónico y, sin embargo, nunca ha dejado de existir: una adolescente de 17 años se plantea meterse a monja. A partir de ahí, salen a flote todas las tensiones que ya existían en su familia, que se divide (aún más) en dos bandos, uno a favor y otro en contra, a cuenta de la ocurrencia de la muchacha.

Mientras muchos espectadores buscan una trinchera desde la que desmenuzar una película hecha desde la más absoluta neutralidad, el largometraje ha puesto de manifiesto una realidad que parecíamos haber olvidado como sociedad: hay mujeres que deciden en plena juventud entregar su vida a Dios y a los demás para el resto de sus días. Y, a día de hoy, es un auténtico grito de rebeldía remar a contracorriente del resto del mundo. 

Una monja en Almería que entró con 21 años

Inma tenía solo 21 años cuando decidió que iba a ser monja. Y esta no es una de esas historia en blanco y negro que nos cuenta una monja mayor, como una especie en peligro de extinción, ni mucho menos.

Año 1995. Miguel Induráin gana su quinto y último Tour de Francia y Alejandro Sanz arrasa con 'La fuerza del corazón'. En la tele arrasan 'Expediente X' y 'Farmacia de Guardia' y las revistas del corazón publican una foto que terminará siendo icónica y que protagonizan Isabel Pantoja y María del Monte jugando en la playa. España, a falta de pagar en euros, se parece bastante a la que hoy conocemos.

En esa España moderna, en Córdoba, una joven empezó a coquetear con la idea de ser monja. De familia religiosa ("pero normal", apostilla ella), Inma es la quinta de seis hermanos. Era la alegría de su casa y una rebelde innata: fue novia de un musulmán y se negaba a seguir el camino marcado por sus hermanos, que estudiaron FP en el colegio de las Religiosas de María Inmaculada.

Sin embargo, Dios tenía otros planes para ella. Sobrina de una monja e hija de una mujer que trabajaba de limpiadora para esa misma congregación, las Religiosas de María Inmaculada, terminó estudiando el FP de Jardín de Infancia (hoy Educación Infantil) con las monjas. 

"Una de ellas me daba clases", recuerda hoy para LA VOZ la hermana Inma, sentada en un sofá en una de las zonas comunes de la Residencia de María Inmaculada de la calle Real, en Almería capital. "Tenía un don de gentes especial, tocaba la guitarra y se le daban especialmente bien los jóvenes. De pronto, yo quería ser así, como ella. Yo era una niñata", rememora, siempre sonriendo. 

El camino, efectivamente, le llevó a ser monja. Y sí, algo del rechazo que vive Ainara, la protagonista de la película, rodeó a Inma antes de dar el paso. "Yo había empezado a preguntármelo. '¿Y sí...?'. Pero me gustaban los chicos, me gustaba salir de fiesta...", plantea sobre el germen de su vocación en aquellos tiempos de la FP en Córdoba. 

"Hasta que una hermana me preguntó si yo me lo había planteado alguna vez. Ahí me di cuenta de que tenia una capacidad de escucha hacia los jóvenes. Y me planteé que a lo mejor sí. Es más: todo el mundo daba por hecho que sí, menos yo", bromea ahora.

"Te van a quitar la alegría"

En su familia, y a pesar del precedente de la tía monja, la noticia produjo "cierto shock". "Cuando se lo dije a mi madre se puso a llorar; decía que se le iba 'la alegría de la casa'", cuenta la hermana Inma, recordando el momento en el que le comunicó a la familia que había decidido empezar a hacer el noviciado.

"Donde encontré un poco más de controversia fue con mi cuñado", explica la hermana Inma sin dejar atrás su envidiable sentido del humor. "Cuando mi familia lo supo, fuimos todos juntos a Madrid y mi cuñado conducía: fue todo el rato picándome", se acuerda la religiosa de María Inmaculada. 

"Me decía 'yo no lo entiendo, con lo que te gustan los niños, no tener hijos... No entiendo cómo te quitas este sueño; con lo alegre que tú eres, te van a quitar la alegría', me decía", cuenta la cordobesa destinada en Almería, que recuerda que llegaron a hacer una apuesta en aquel viaje: "Me dijo que si aguantaba un año, me invitaba a la merienda; si aguantaba 3 años, que él estaba seguro de que no, a la cena. Y tuvo que invitarme a todo".

"Ser monja es ir a contracorriente"

Hoy, la hermana Inma tiene 51 años y la maleta lista por si tiene que cambiar de destino. Hizo el noviciado en Buitrago del Lozoya, en Madrid; el juniorado, entre la calle Fuencarral y Roma, donde hizo los votos perpetuos de obediencia, castidad y pobreza. Ya era una monja joven, de menos de 30 años, en pleno siglo XXI. 

Desde entonces, ha estado en Roma, Sevilla, Madrid, Pamplona, A Coruña y en Almería en varias etapas, donde actualmente forma parte de la escueta comunidad de tres religiosas de María Inmaculada que gestionan un colegio y una residencia para jóvenes en pleno Casco Histórico. 

Ella es consciente de que ser monja hoy es un auténtico acto de rebeldía. "Es ir a contracorriente totalmente: la gente que no me conoce sí pensaba de mí que estaba perdiendo la vida; pero no es así, la estaba ganando, sobre todo porque eres feliz sirviendo a los demás", reflexiona. 

Cuando entró, lo que más añoró fue a su familia. Y lo que más le costó fue pasar a depender de alguien que está por encima. "Yo antes iba, venía, viajaba, ahora me voy aquí, me vuelvo... Sin embargo, ahora yo tengo que pedir permiso, comunicarlo. Nunca me han dicho que no, pero depender de eso me costó al principio", cuenta. 

Y es feliz, su sonrisa y su predisposición a todo no son mera pose. Su 'sí' a Dios es una actitud ante la vida, una vida que dedica a formar y promocionar a jóvenes en riesgo de exclusión, siguiendo el ejemplo de Vicenta María López y Vicuña, aquella navarra que fundó las Religiosas de María Inmaculada, la congregación que eligió una joven chica de 21 años para ser monja el resto de su vida. 

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