La almeriense que se sumerge en la mente de 52 asesinos: “No existe un ‘true crime’ así”
Rocío Juárez ha presentado en el XI Festival de Novela Negra Cubelles Noir su libro ‘Palabra de asesino’ (Guante Blanco)

Rocío Juárez, con su libro ‘Palabra de asesino’ (Guante Blanco).
La escritora y cineasta Rocío Juárez (Almería, 1980) se sumerge en la mente de 52 criminales en ‘Palabra de asesino’ (Guante Blanco), colección de otros tantos microrrelatos. Un ejercicio entre la ficción y la realidad, construido sobre testimonios, declaraciones y hechos documentados. Antonio Gómez Cantero, obispo de Almería, fue de sus primeros lectores. “Su reacción fue muy significativa”, asegura.
Ya lo ha presentado en el Festival de Novela Negra Cubelles Noir, donde también se proyectó su corto ‘El método M. O.’, y en octubre repetirá la fórmula en el Negrasteiz Beltz Festival, festival internacional de novela negra y policiaca de Vitoria.
¿Cómo nace este libro?
De mi interés por la crónica negra y de algo que siempre me ha impactado: escuchar al asesino contar su historia. Soy gran consumidora de pódcasts de ‘true crime’ y de libros de criminología y me fascina cómo, después de conocer un caso contado y documentado por un periodista, aparece la voz real del criminal en un juicio, entrevista o declaración para dar su versión. Ese contraste fue el detonante: quería que esa voz real fuera el punto de partida, que el lector tuviera la sensación de estar frente a frente con ella.
De mi interés por la crónica negra, pero sobre todo de algo que siempre me ha impactado muchísimo: escuchar al propio asesino contar su historia. Soy una gran consumidora de podcasts de ‘true crime’ —‘El señor de los crímenes’, de Francisco Pérez Caballero; ‘Elena en el país de los horrores’, de Elena Merino; o ‘Criminopatía’, de Clara Tiscar— y también de libros de criminología, como ‘Criminal-mente’ o ‘Homo criminalis’, de Paz Velasco de la Fuente… entre otros.
Me fascinaba escuchar cómo, después de conocer un caso contado y documentado por un periodista, aparecía la voz real del criminal en un juicio, una entrevista o una declaración y ofrecía su propia versión de lo ocurrido. Ese contraste entre los hechos y la palabra del asesino fue el detonante.
Tenía claro que quería escribir sobre género negro, pero también que aquello no encajaba en una novela convencional. Quería que esa voz real fuera el punto de partida y que el lector tuviera la sensación de estar frente a frente con ella. Y de ahí surgió ‘Palabra de asesino’.
Son 52 microrrelatos. ¿Por qué este género?
Es un género por el que llevo tiempo apostando. Por tercer año consecutivo dirijo e imparto un curso de escritura creativa centrado precisamente en él, porque creo que conecta muy bien con la manera en la que está cambiando nuestra forma de consumir historias. Vivimos rodeados de inmediatez: las redes sociales nos han acostumbrado a contenidos rápidos, directos y capaces de atraparnos en muy poco tiempo. Y la literatura también puede dialogar con esa nueva realidad.
Pero, además, para mí suponía un reto narrativo: condensar en muy pocas palabras la esencia de un crimen, una personalidad y una forma de pensar, y conseguir que cada historia dejara algo en el lector después de terminarla.
No quería escribir una novela convencional ni tampoco un ensayo criminológico. Mi manera de escribir está muy influida por mi faceta cinematográfica: pienso mucho en imágenes, escenas, silencios, impactos. Cuando tuve claro qué quería hacer con esas voces reales, entendí que el microrrelato era el formato perfecto para ‘Palabra de asesino’: breve en extensión, pero no en intensidad.
El obispo de Almería fue uno de sus ‘lectores cero’. ¿Cómo nace esta conexión?
Conocí a Antonio Gómez Cantero en un evento celebrado en Almería durante la Navidad de 2025 y tuve la oportunidad de mantener el contacto. Cuando estaba terminando ‘Palabra de asesino’ quería que alguien relevante de nuestra provincia se acercara a la obra antes de su publicación. Fue mi marido quien me animó: “¿Y por qué no se lo propones al obispo?”. Pensé que quizá no querría prestarse a semejante aventura, pero ocurrió todo lo contrario: aceptó enseguida, no solo leerlo, sino también mantener conmigo una entrevista. Nos abrió las puertas de su propia casa, donde grabamos durante unos cuarenta minutos una conversación en torno a ‘Palabra de asesino’.
Su figura tenía mucho sentido para mí. Es una obra dura, escrita sin censura, que se adentra en algunos de los comportamientos más oscuros del ser humano. Frente a esa oscuridad quería una mirada que me permitiera hablar de culpa, perdón, arrepentimiento y segundas oportunidades. Y quién mejor que él para aportarme esa visión profundamente humana.
¿Y qué le transmitió?
Su reacción durante la lectura fue muy significativa. La definió como “espeluznante” y hubo momentos en los que la crueldad y la intensidad de algunos microrrelatos le obligaron a parar: “Ahora mismo no puedo seguir leyendo”, llegó a decirme. Pero, después de enfrentarse a ese lado tan oscuro del ser humano, su reflexión fue luminosa: por encima de todo, sigue confiando en el amor como ese vínculo capaz de unir a la humanidad. Ese contraste entre la oscuridad del libro y su mirada era precisamente lo que yo buscaba.
También ha contado con el prólogo de una firma referente de la crónica negra, Francisco Pérez Caballero. ¿Qué aporta al libro?
Muchísimo porque, de alguna manera, Francisco Pérez Caballero ya estaba en ‘Palabra de asesino’ antes incluso de que el libro existiera. Como comentaba anteriormente, es un periodista al que admiro profundamente y cuyo trabajo ha sido uno de mis referentes.
He tenido además la suerte de coincidir con él en diferentes congresos y conocer a la gran persona que hay detrás del periodista. Cuando pensé en pedirle que prologara el libro sentí que estaba apuntando muy alto, porque estaba acudiendo precisamente a alguien a quien admiro y que conoce profundamente la crónica negra. Sin embargo, cuando se lo propuse aceptó enseguida. Leyó la obra y escribió un prólogo en el que ha sabido captar no solo la esencia de ‘Palabra de asesino’, sino también mi propia esencia como autora. Que me defina en él como “un huracán” es algo que me llevaré siempre conmigo.
Y hay algo especialmente importante para mí: contar con su prólogo supone también una forma de reafirmarme en el trabajo realizado. Me confirma que esta manera diferente de acercarme a la crónica negra tiene sentido y va por buen camino.
¿Qué casos aparecen en ‘Palabra de asesino’?
El lector va a encontrarse con perfiles criminológicos muy diferentes, y con casos de distintas épocas y lugares. Algunos son mundialmente conocidos, como los relacionados con la familia Manson, y otros probablemente resultarán completamente desconocidos para muchos lectores. También hay casos españoles, como el de Aurora Rodríguez e Hildegart, una historia que recientemente ha vuelto al imaginario colectivo a través de ‘La virgen roja’, de Paula Ortiz.
Pero hay algo importante: yo no elegí los casos por su popularidad. Nunca pensé “voy a escribir sobre este asesino porque todo el mundo lo conoce”. Más bien ocurrió lo contrario: de alguna manera, fueron ellos quienes me fueron encontrando a mí. Investigaba, buscaba testimonios y frases reales y descubría historias que despertaban algo que me llevaba a escribir. Incluso Paz Velasco de la Fuente me facilitó documentación y testimonios de algunos criminales que yo misma desconocía.
Y eso ha hecho que durante la escritura haya experimentado algo que espero que ahora experimente también el lector: la sorpresa de descubrir historias que no conocía y preguntarse cómo pudieron ocurrir. Hubo incluso casos que investigué y finalmente descarté porque en ese momento no me provocaron esa necesidad de escribir. Aunque quizá debería decir que los dejé en espera, porque tengo bastante claro que ‘Palabra de asesino’ no termina aquí.
¿Hay algún caso vinculado con Almería?
No, en esta primera entrega no hay ningún caso vinculado con Almería. Como comentaba , no he buscado los casos por su procedencia ni por su popularidad; han sido las propias historias las que, de alguna manera, han ido llegando hasta mí.
En pleno auge del ‘true crime’, ¿qué distingue a ‘Palabra de asesino’ de otros libros del género?
Hasta donde conozco, no he encontrado otra obra así: 52 microrrelatos de ‘true crime’ que no superan las 200 palabras y que parten de una frase real pronunciada por el propio criminal. Cada microrrelato es una historia completa, que provoca un impacto desde la primera palabra. Y ahí comienza otra parte de esta experiencia: después de leer un caso, algo puede moverse dentro del lector y despertar la curiosidad. De hecho, al obispo Gómez Cantero le ocurrió: uno de los casos le impactó tanto que quiso investigar más sobre él.
Es una experiencia literaria que rompe con la novela convencional de género negro. Hasta donde conozco, no he encontrado otra obra que reúna estas características: 52 microrrelatos de ‘true crime’ que no superan las 200 palabras y que parten de una frase real pronunciada por el propio criminal. Esa combinación le otorga una identidad muy particular.
Cada historia recoge aquello que más me impactó de ese caso: puede ser la infancia del criminal, su motivación, su modus operandi, el propio crimen o algún aspecto de su personalidad. Cada microrrelato es una historia completa en sí misma, que provoca un impacto en el lector desde la primera palabra.
Y ahí comienza otra parte de esa experiencia literaria. Después de leer un caso, algo puede moverse dentro del lector y despertar la curiosidad por seguir conociendo a ese asesino, escuchar sus declaraciones, buscar documentación o acercarse a otras fuentes que le permitan profundizar todavía más. De hecho, al propio Antonio Gómez Cantero le ocurrió durante la lectura: uno de los casos le impactó de tal manera que quiso investigar más sobre él. Para mí, que una historia de menos de 200 palabras consiga trascender la página y acompañar al lector más allá del libro es también parte de la experiencia de ‘Palabra de asesino’ .
¿Ha huido del morbo y en el sensacionalismo al abordar estos temas?
Creo que hay una diferencia importante entre mostrar la crudeza y recrearse en ella. ‘Palabra de asesino’ es un libro duro y escrito sin censura, porque suavizar determinados crímenes sería también falsear la realidad. Pero mi intención nunca ha sido provocar por provocar ni convertir la violencia en espectáculo.
Durante el proceso creativo jamás he buscado el morbo ni el impacto fácil. Detrás de cada microrrelato hay una investigación previa de documentación. Me interesa acercarme a la mente criminal, a sus motivaciones, a su historia y a sus propias palabras, pero sin justificar al asesino ni convertirlo en un personaje fascinante. El crimen está ahí porque forma parte de la historia, no porque quiera recrearme en sus detalles.
Para mí, la clave está en la intención con la que se cuenta. No busco que el lector disfrute de la violencia, sino que le haga pensar y le genere preguntas. A partir de ahí, la literatura tiene también algo profundamente subjetivo: yo soy responsable de cómo construyo y cuento cada historia, pero cada lector llegará a ella desde su propia sensibilidad y hará su propia lectura. Y creo que eso también forma parte de la experiencia literaria.
¿Y qué ha descubierto de usted y de estos 52 asesinos durante el proceso creativo?
Ha sido un proceso creativo muy duro. Sabía que adentrarme en esas mentes criminales no iba a ser fácil, pero hubo momentos en los que tuve que cerrar el portátil, levantarme y dejar de escribir. Me he exigido muchísimo porque siento que existe una honestidad que le debo al lector: en un microrrelato cada palabra, cada punto y cada coma tienen una intención; no hay nada colocado al azar. Condensar la esencia de determinadas historias en menos de 200 palabras, sin escatimar en emoción, creatividad ni recursos narrativos, ha sido difícil literariamente, pero también emocionalmente.
¿Y qué he descubierto de mí? Hasta dónde llegan algunos de mis límites y, por qué no decirlo, algún lado oscuro que quizá no sabía que tenía. Hubo momentos en los que, pese a la dureza de lo que estaba escribiendo, sentía la necesidad de continuar con la siguiente historia. Y resulta muy curioso que algunos lectores me estén trasladando exactamente esa misma sensación: terminan un microrrelato y necesitan seguir leyendo el siguiente. Ahí siento que se ha creado un nexo muy particular entre quien escribió el libro y quien ahora lo está leyendo.
Y sobre las mentes de esos criminales, quizá el mayor descubrimiento haya sido comprobar todo lo que todavía nos queda por conocer de la mente humana. Después de escribir ‘Palabra de asesino’, incluso me pregunto hasta qué punto llegamos a conocernos realmente a nosotros mismos.
¿Cómo se vincula el libro a su corto ‘El método M. O.’?
Hay una vinculación evidente en el género: ‘El método M. O.’ es un psicothriller que se adentra en la mente criminal y algunos de los asesinos que aparecen en el cortometraje están también presentes en ‘Palabra de asesino’. Pero para mí la verdadera conexión entre ambos proyectos está en el lugar en el que sitúo al espectador y al lector.
En los dos casos los invito a acercarse a esa mente criminal y son ellos quienes deben decidir hasta dónde están dispuestos a acompañarla. Aparecen preguntas sobre la culpa, el perdón o las segundas oportunidades, pero no pretendo ofrecerles una respuesta cerrada. Quiero que sean el espectador y el lector quienes encuentren sus propias respuestas y, sobre todo, sus propios límites.
En ese sentido, ‘El método M. O.’ y ‘Palabra de asesino’ son dos formas diferentes, el cine y la literatura, de continuar explorando una misma inquietud: qué ocurre cuando dejamos de observar al criminal desde lejos y nos atrevemos a acercarnos a su mente.