Vicente Amigo, viaje en el tren flamenco
El célebre guitarrista dejó constancia de su duende y técnica el pasado viernes 27 de febrero en el Maestro Padilla

Vicente Amigo, durante su actuación del pasado viernes 27 de febrero en Almería.
Como aquellos ciclistas que nacieron a la sombra de Induráin, no debe ser fácil crecer y desarrollarte como artista bajo el influjo de Paco de Lucía y las enseñanzas de Manolo Sanlúcar. Sin embargo, Vicente Amigo logró encontrar su lugar en la historia del flamenco a base de honradez, tesón, duende y originalidad.
Este sevillano de nacimiento, cordobés de adopción y guitarrista del mundo por definición es, hoy por hoy, uno de los instrumentistas con una carrera más sólida y coherente del siglo XXI. Alguien que conoce los fundamentos del flamenco con la profundidad del ortodoxo más exigente, pero que no ha dudado en transitar, como también lo hicieron sus maestros, todos los caminos musicales que el destino le ha ido poniendo por delante.
Tras su última visita a nuestra ciudad, hace ya casi una década durante el 51º Festival de Flamenco y Danza de 2017, regresó el pasado viernes para mostrar su último trabajo, ‘Andenes del tiempo’ (2024), un disco en el que han colaborado invitados de la talla de Marcus Miller, Dave Weckl o Michael McGoldrick. Otro ejemplo de esa búsqueda en la que Vicente lleva décadas inmerso, mezclando sus raíces flamencas con todo lo que el resto del mundo le ofrece.
El concierto comenzó con una deslumbrante improvisación del maestro en solitario, pero de inmediato saltaron a las tablas los miembros de la banda que lo acompaña desde hace años, con su fiel escudero Añil Fernández a la guitarra, palmas y coros, Paquito González en la percusión, las dulces y susurrantes voces de Makarines (Make y José) al cante y palmas, y un excelente José Manuel Posadas ‘Popo’ al bajo eléctrico. Impecables en sus intervenciones quedaron, eso sí, algo eclipsados por la luz, magia y el protagonismo del maestro, amén de un cierto desequilibrio en los volúmenes.
Vicente, que comenzó dedicando todo el concierto a Tomatito y su hijo José, decidió prestar especial atención a su más reciente trabajo, del que sonaron seis de sus nueve cortes. Temas como el que le da título, ‘Corcovado’, la soleá ‘Plaza del Cabildo’, ‘Manuela’, ‘El pocito’ o ‘Turrón y Chocolate’, que dedicó a Juan Carmona ‘El Camborio’, también entre el público.
Asimismo, hubo espacio para recuperar melodías de sus trabajos anteriores, como ‘Estación Primavera’ y ‘Bolero a los padres’ -con una excelente improvisación de ‘Popo’- de su disco ‘Tierra’ (2013), uno de sus trabajos más transgresores en donde mezclaba el flamenco con la música celta.
Quedó claro, en definitiva, que estábamos ante uno de los mejores guitarristas flamencos del mundo en la actualidad, alguien capaz de extraer un sonido inconfundible y cristalino de su guitarra, con una técnica apabullante y cuya flamencura está fuera de toda duda.