Arte contra el olvido. La pintura es la mejor terapia para trastornos físicos y cognitivos
Los residentes del centro Ballesol dejan volar su imaginación frente a un lienzo vacío

Taller de pintura desarrollado en Ballesol.
El arte es el lenguaje del alma. Refleja nuestro estado de ánimo, ayuda a expresar alegrías y penas y, en muchas ocasiones, a dar respuesta a momentos de confusión o desasosiego. La pintura ha servido siempre de terapia para aquellos que la practican. Delante de un lienzo vacío olvidan los problemas y preocupaciones de su particular mundo.
Esta medicina histórica es usada desde hace unos años en el tratamiento de personas mayores con demencia senil por su capacidad de estimular numerosas funciones del cerebro. La demencia senil provoca la pérdida progresiva de las funciones cognitivas que controlan la memoria, el lenguaje, la atención, las habilidades motrices y las visuoconstructivas.
La pérdida de memoria, el insomnio, la falta de coordinación física, el aislamiento social y la inestabilidad emocional son algunos de los primeros síntomas de la enfermedad que suelen manifestarse en personas mayores a partir de los 65 años. Y son precisamente los deterioros sobre los que mejor actúa la arteterapia.
Coordinadoras
A través de la pintura, la psicóloga Susana Martínez y la profesora de Bellas Artes, Ana Almendros, consiguen que residentes del centro Ballesol, con intelecto intacto y con demencia senil en las fases inciales, ejerciten estas funciones cognitivas y físicas mediante los talleres que allí se imparten desde septiembre.
“La actividad, que en principio era de una hora, terminó ocupando toda la mañana”, cuenta Susana Martínez, psicóloga que lleva nueve años trabajando en la residencia Ballesol y que realiza el seguimiento de sus internos tras este tipo de tratamientos.
“Creían que no iban a ser capaces porque son conscientes de que han perdido habilidades”. Pero una vez que superan el miedo que todo artista tiene ante un pincel y un lienzo limpio, se muestran “muy motivados”. Los beneficios son incuestionables, se acuerdan incluso de aquel cuadro de la costa de Almería que pintaron semanas antes.
Ana Almendros, licenciada en Bellas Artes, es la encargada de dar las instrucciones a la hora de utilizar el material y realizar los trazos. “Se evaden completamente, olvidan penas, dolores y ansiedades”.
Libertad creativa
La complicidad entre Ana y sus alumnos propició que esta actividad fuese un poco más lejos. Normalmente estas terapias se imparten de forma más simple, con ‘kits’ de pintura numerada para colorear siguiendo sencillos pasos.
Ana, sin embargo, les anima a partir de la nada, de una tabla en blanco que permita dar alas a la imaginación. Este método es el que fomenta en un mayor grado la autoestima y la capacidad de experimentar recuerdos y sensaciones que mejoran notablemente su estado anímico y vital.
En septiembre este ocio terapéutico se impartirá de nuevo entre los artistas de la Residencia Ballesol. Una de las residentes recitó un precioso poema que bien quisieran muchos memorizar. A ella va dedicada esta cita célebre del artista Pablo Picasso: “La calidad de un pintor depende de la cantidad de pasado que lleve consigo”.