La Voz de Almeria

Vivir

Marcos Villanueva: "Para escribir la música que hizo Arcas, hay que conocer muy bien la guitarra"

Como homenaje al bicentenario de Antonio de Torres, ha traido a Almería su instrumento mas querido: la guitarra que el violero almeriense construyó Julián Arcas

Un momento del recital de Marcos Villanueva con la guitarra de Arcas en los Aljibes Árabes de la capital.

Un momento del recital de Marcos Villanueva con la guitarra de Arcas en los Aljibes Árabes de la capital.

Publicado por

Creado:

Actualizado:

Marcos Villanueva sostiene con cuidado la famosa ‘guitarra de Arcas’,  y señala sus detalles, sus proporciones. Todo en este instrumento es interesante, incluso la historia de cómo llegó a sus manos, allá por los años 70.


Entonces, esta es la guitarra con la que Julián Arcas daba sus conciertos.
Sí. Sabemos de fuentes absolutamente fidedignas que perteneció a Arcas. Él la lleva consigo cuando muere en 1882, en Antequera. Y se ve que, cuando se siente mal, pide notario para hacer testamento,  y dice que con sus pertenencias se paguen los gastos de su entierro y funeral. Y entre ellas está esta guitarra.


¿Y cómo llega a sus manos este instrumento?
Bueno, es una historia muy curiosa. Yo nací en Algeciras, y me hacía las gafas, que rompía casi cada mes, para disgusto y ruina de mi padre, en la óptica del señor Ansón, Don José, que era ya mayor. Y cuando empecé a estudiar guitarra, sobre los 12 años, me dijo un día: “Cuando aprendas a tocar, tienes que venir para que te enseñe la guitarra de mi padre, hecha por Don Antonio de Torres, ¿sabes quién es?”. “No...”. “¡Ah, las mejores guitarras que han existido jamás!”.


Sabía lo que tenía.
Claro. Yo no le di demasiada importancia, eso sería a finales de los 60. Pero al cabo de unos años, ya estudiando en el conservatorio de Málaga con Don Antonio Company Barber, ya yo tocaba un poco mas, y mi padre insistía en que fuera a ver la guitarra de Don José. Así que  finalmente fui. La guitarra estaba en una caja, en la pared; le faltaban cuerdas, que compramos en la mercería, donde se compraban entonces, y, caramba, había algo allí, sin duda.


¿Se podía tocar?
No cualquier cosa, porque había algunos problemas: los agudos no estaban muy bien, y los graves sonaban muy rotundos, pero el sonido caía inmediatamente. Pero había algo ahí, un atractivo en la sonoridad. Por lo demás, se veía bastante sana, el puente un poquito levantado, la parte de atrás con piezas desencoladas y alguna otra cosita pequeña, pero...


Y la compró
Aún no. Cuando le dije a Don Antonio que había probado una guitarra muy curiosa que había en mi pueblo, de un tal Antonio de Torres, los ojos se le pusieron como platos. Y me dio un recado para mi padre: “Si tiene la oportunidad de comprarla algún día, que no lo dude ni un segundo”. Y ahí estuvo mi padre durante unos años, hablando y negociando, hasta que la compró, y la tuve, allá por el año 72 o 73.


Pero, ¿cómo se sabe que es la de Julián Arcas?
Espera, ahora verás. Esta familia provenía de Antequera, y Don José me contaba siempre que habían sido relojeros. Que su padre tocaba la guitarra, y que, incluso, le había dado clases Miguel Llobet. Bueno, pues pasaron los años, y yo tocaba esa guitarra de noche, en momentos así..., pues para los conciertos tenía una guitarra moderna, mas robusta. Hasta que un día, a finales de los 70, recibo la llamada de Romanillos.


Por esa época estaba escribiendo el libro ¿no?
Sí. Él me localiza en Barcelona y me dice: “Estoy haciendo un trabajo de investigación sobre Antonio de Torres, y sé que usted tiene una guitarra suya. Y quería saber si podría ficharla y tomarle peso, medidas, dimensiones, características…”. Yo le pregunté cómo sabía él que yo tenía una guitarra de Torres, pues no lo había divulgado mucho, y ahí es donde me dice: “Mire, hemos encontrado el testamento de Julián Arcas, en Antequera, donde sabíamos que murió, y ahí dice que deja de albaceas a Martín Ansón París y Martín Ansón Rodríguez. Uno hijo del otro”. Y le dije, ¡los Ansón de la óptica de Algeciras, que antes habían sido relojeros..! Y me dice Romanillos: “Efectivamente”.


Ahí encaja todo.
Entonces, claro, como ellos habían sido nombrados albaceas, para que se hicieran cargo de los bienes y de vender la guitarra para pagar el entierro, etc., imagino que al final decidieron quedarse con el instrumento y pagar ellos el funeral y el entierro.


Pues sí, vaya historia.
Sí. Pero hay mas cosas entretenidas. Por ejemplo, Romanillos, buscando a los Ansón, ¡localiza nada menos que a los Ansón de Madrid!, del periódico ABC, Luis María y Rafael, escritores y todo eso. Y le dicen que no, que su familia de guitarras no hay noticia, que mire a ver esa otra rama de la familia que fue a parar a Algeciras, a ver si allí había suerte. ¡Y la hubo!


La guitarra ha sido restaurada hace unos años.
En 2009 decidí que Luca Waldner sería la persona que lo haría. Tenía experiencia de haber restaurado ya bastantes guitarras antiguas, y como cinco o seis Torres. Y es una persona de una seriedad, y una base histórica..., que es lo que hay que tener, porque se puede ser un gran lutier y un pésimo restaurador. Es una cosa diferente.


Es cierto.
La tuvo un año y medio en Italia, e hizo una restauración magnífica, muy cuidadosa. Es una persona muy meticulosa, que mira una y otra vez cada operación. Le hizo tratamiento anti hongos, limpieza general, reposición de goma laca donde faltaba; los trastes, que estaban gastados en algunos sitios; puso el mecanismo a punto, el puente lo fijó de nuevo a su sitio...


¿Y cómo quedó?
Cuando Stefano Grondona me la trajo, dijo: “¡Parece que la hubiera hecho Torres la semana pasada!”. Ahora tiene toda su fuerza, su energía, está perfecta, en unas condiciones acústicas fantásticas.


Usted toca con ella música de Julián Arcas, entre otros compositores.
Bueno, en El Taranto tocaré un repertorio basado en su música. Cuando supe que esa guitarra había pertenecido a Arcas, naturalmente empecé a investigar quién había sido el hombre que la había tocado, pues no lo conocía. Empecé  a tocarlo, y me dije: caramba, esto es muy difícil, aquí hay que saber mucha guitarra. Y empecé a ver que había un conocimiento tan profundo del instrumento... Porque para escribir lo que escribió Arcas, hay que conocer muy bien los recursos, cómo aprovechar cada dedo, cada giro, cada movimiento...


tracking