La Voz de Almeria

UD Almería

El escudo del Almería también viaja en el asiento del copiloto

Los casos de Aridane y Álex Sola, ambos relacionados con el alcohol al volante, vuelven a situar a club ante una realidad incómoda

Mohammed Al-Khereji no puede estar contento con la repercusión generada.

Mohammed Al-Khereji no puede estar contento con la repercusión generada.UD Almería

Tony Fernández
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LA OPINIÓN DEL DÍA: El fútbol profesional concede privilegios, reconocimiento social y una posición de referencia para miles de aficionados. A cambio exige conducta, responsabilidad y ejemplaridad. Por eso, cuando un jugador protagoniza un episodio que trasciende lo deportivo, el daño ya no se limita a una sanción o a una ausencia en la alineación. El golpe alcanza a la imagen del club, a su afición y a todos aquellos jóvenes que observan a sus ídolos como modelos de comportamiento.

La UD Almería ya tuvo que afrontar la pasada temporada el caso de Aridane y ahora vuelve a encontrarse ante una situación similar con Álex Sola. Son circunstancias distintas en sus detalles, pero iguales en el fondo. Ambas colocan al escudo rojiblanco en una posición incómoda y obligan a la entidad a recordar que vestir esa camiseta supone una responsabilidad permanente.

No se trata solo de un coche, una noche o un error. Se trata de la imagen que proyecta un profesional que representa a una institución cada vez más conocida dentro y fuera de España. El futbolista puede desconectar de un partido o de un entrenamiento, pero nunca deja de ser futbolista. Mucho menos cuando lleva el nombre del Almería asociado a cada noticia, fotografía o titular.

El escudo se defiende dentro y fuera del campo y representa a todos.

El escudo se defiende dentro y fuera del campo y representa a todos.UD Almería

Representar al Almería dura veinticuatro horas

Lo primero que debe entender cualquier profesional es que el escudo no se queda colgado en una percha al abandonar el vestuario. Viaja con el jugador a su casa, a sus vacaciones, a sus redes sociales y también a cada decisión que toma durante su tiempo libre. Por eso el impacto mediático de los casos de Aridane y Álex Sola ha sido tan grande. No porque sean los primeros futbolistas que cometen un error en su vida privada, sino porque representan a una entidad deportiva cuya imagen termina inevitablemente ligada a sus actos.

La repercusión nacional de ambos episodios demuestra que el comportamiento de un jugador ya no pertenece únicamente al ámbito personal. En cuestión de minutos una noticia da la vuelta a España y coloca el nombre del Almería junto a un suceso que nada tiene que ver con el balón.

La camiseta pesa mucho para todo profesional y siempre se lleva puesta.

La camiseta pesa mucho para todo profesional y siempre se lleva puesta.UD Almería

La imagen del club también entra en el parte de daños

Los coches se reparan, las multas se pagan y las sanciones se cumplen. Lo realmente complicado es reconstruir una imagen dañada. El Almería lleva años invirtiendo enormes recursos para crecer como marca, modernizar sus estructuras y proyectar una imagen de entidad ambiciosa. Todo ese trabajo puede verse empañado por comportamientos individuales que terminan ocupando más espacio mediático que una victoria o un buen partido.

Resulta especialmente doloroso porque tanto Aridane como Álex Sola son profesionales que conocen perfectamente la exigencia del fútbol de élite. Nadie espera la perfección de un deportista, pero sí la responsabilidad suficiente para no convertirse en un peligro para sí mismo ni para los demás. El daño reputacional existe. Lo sufre el club, lo sufre la afición y lo sufren también los compañeros que cada semana trabajan para que el nombre del Almería aparezca asociado únicamente al fútbol.

El código interno debe hablar muy alto

Cuando suceden episodios de esta naturaleza, el debate no debe centrarse en si faltan defensas, extremos o titulares para el siguiente partido. La clasificación nunca puede estar por encima de los principios. Las decisiones corresponden al club y son cuestiones que deben gestionarse desde los despachos antes que desde el banquillo. La función del entrenador es dirigir un equipo; la de la entidad, proteger su imagen y hacer cumplir sus normas.

El mensaje hacia dentro y hacia fuera debe ser el mismo. Para los aficionados, para la cantera y para el propio vestuario. Porque los jóvenes que sueñan con llegar al primer equipo observan cada movimiento de sus referentes. El Almería ha crecido mucho en los últimos años y aspira a seguir haciéndolo. Precisamente por eso debe ser firme cuando uno de los suyos cruza una línea que nunca debió cruzar.

Y es ahí donde aparece la gran lección de los casos de Aridane y Álex Sola: un futbolista puede quitarse las botas al acabar el partido, pero el escudo del Almería sigue viajando con él. Incluso cuando se sienta en el asiento del copiloto.

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