Pimienta encuentra el Almería que pedía Al-Khereiji
En apenas siete jornadas, el técnico ha dotado al equipo de equilibrio, compromiso, intensidad y una identidad que la grada venía reclamando

García Pimienta no se ha cruzado de brazos y ha reparado el roto del Almería.
El fútbol suele castigar la precipitación, pero también premia las evidencias. Y la mayor evidencia que está dejando el nuevo Almería es que el equipo ya tiene identidad. Apenas siete jornadas han bastado para que la afición reconozca sobre el césped algo que llevaba mucho tiempo esperando. No se trata solo de ganar partidos. Se trata de ver un plan. De entender qué pretende el equipo en cada fase del juego y de comprobar que todos los futbolistas caminan en la misma dirección.
La victoria en Mallorca fue la confirmación de una metamorfosis que ya se venía anunciando desde el inicio de la temporada. El Almería supo sufrir, competir y golpear en los momentos adecuados. Fue un equipo sólido cuando tocó defender y ambicioso cuando apareció la oportunidad de atacar. Nada quedó al azar. Nada dependió de una inspiración aislada. Todo respondió a una idea colectiva que se ejecuta cada semana con mayor convicción.

Los aficionados disfrutan de su equipo viéndolo competir al máximo nivel.
Defender bien ya no es negociable
Si algo ha cambiado de manera radical en este Almería es la relación con el esfuerzo defensivo. La portería a cero ha pasado a convertirse en una prioridad absoluta. Todos trabajan para protegerla. Desde los delanteros hasta los centrales. Ya no existen futbolistas desconectados de las obligaciones colectivas.
El equipo se mueve junto, reduce espacios y transmite una sensación de seguridad desconocida durante demasiado tiempo. Cuando el rival empuja, el Almería responde desde el orden. Cuando llegan las dificultades, aparece la solidaridad. Defender ya no es una tarea exclusiva de la línea de atrás. Es una responsabilidad compartida que ha cambiado por completo la competitividad del equipo. Esa nueva mentalidad se vio con claridad en Mallorca.
Un plan por encima de los nombres
Otra de las grandes virtudes que está dejando la etapa de Pimienta es la fuerza del modelo. Da igual quién juegue. La idea no cambia. El equipo mantiene el mismo comportamiento colectivo y las mismas obligaciones competitivas. Durante años el Almería vivió muchas veces pendiente del talento individual. Si aparecía la calidad, el partido se encaminaba. Si no aparecía, todo se complicaba. Ahora sucede lo contrario. El sistema sostiene a los futbolistas y los futbolistas fortalecen el sistema.
El encuentro de Mallorca fue un perfecto ejemplo de esa evolución. El equipo supo interpretar cada momento del partido. Jugó cuando convenía jugar. Peleó cuando tocaba pelear. Frenó el ritmo cuando era necesario y aceleró cuando detectó debilidad en el adversario. El Almería ya no juega siempre a lo mismo. Se adapta.
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El banquillo aporta mucho al Almería en los partidos.
Pimienta lidera una nueva cultura competitiva
Quizás el cambio más profundo no esté en la pizarra sino en el vestuario. Pimienta ha implantado una cultura donde nadie tiene garantizado nada. No existen titulares fijos ni suplentes permanentes. La competencia es diaria y el rendimiento marca las decisiones. El mensaje ha calado rápidamente. Todos los jugadores se sienten importantes y todos saben que deben mantener el nivel para conservar su sitio. El líder está en el banquillo y el grupo ha asumido esa realidad con naturalidad.
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Por eso la transformación resulta tan llamativa. Porque en apenas siete jornadas ha aparecido el Almería que reclamaba la grada. Un equipo intenso, solidario y comprometido. Un bloque capaz de sufrir y brillar dentro del mismo partido. Un conjunto que entiende que la belleza del fútbol comienza muchas veces por el equilibrio. Y, sobre todo, un Almería que juega para ganar antes que para entretener. Justo el equipo que la afición llevaba demasiado tiempo esperando.