La Voz de Almeria

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Hoy viajo en una vieja chalupa, a merced de un mar proceloso, sin encontrar un puerto de salvación para adquirir fuerza y denunciar los abusos de poder y otros execrables vicios comunes a ciertos personajes convictos y confesos. “Si oyes decir que mi pequeña embarcación ha naufragado dí que su capitán ha muerto”.


Estaba ensimismado en mí trabajo cuando tocaron a esta casa; un viejo amigo traía de la mano un niño y una niña; despejadas frentes y una interrogante en cada una de ellas. El primero, llamado Antonio Gómez Ferrer, de diez años, ojos profundos y bellos que acariciaron mi cabeza calenturienta; la nena, llamada Belén, de siete años; una bellísima promesa de mujer.


La mañana en la que escribo, día 10 de los corrientes, me ha lastimado hasta extremos insospechados el caso de Baltasar Garzón. Pido al Suma Hacedor que todo lo puede que resplandezca la verdad.


Siria, Grecia, Somalia, Angola y un largo etc. me destrozan el alma, si esto es posible. Así pues voy a encontrar un ligero alivio refugiándome en los nenes que conozco y quiero, tales son: Eloy Cañadas, de apenas dos años, es una auténtica monería; su padre trabaja en la Cafetería Ángelo; Paulina y Martina, hermanas, son ángeles; otro chico llamado Edu quiere hablar conmigo por teléfono; me gustaría mucho; a Bruno Morales, un encanto, le digo: “Tu eres el principio del libro yo el final; Todavía no ha cumplido los dos años y con ojos profundos me mira y con su cabecita de pelo crespo asiente. Tengo dos nietos, el primero de doce años y bastante precoz, llamado José María, y el segundo Salvador, de siete años, es travieso y encantador.


Isabel Cervantes es una alhaja cubierta de sentimientos nobles; Antoñita Jiménez es “pequeña y bonita como la flor del almendro”; Toñi Capel, nueve años, un encanto; Jesús Capel, seis años, tiene una risa de sufrido caminante; Sara, Aitor, Julia y Alberto Ayala de cuatro, tres y dos años los tres primeros y dos meses el pequeñín; una maravilla viviente. Tengo que romper este sortilegio y entrar en otro. Poseo más genio que ingenio.


Eso está claro. Hace unos días fui al médico porque mi esposa estaba malita y me colé. Hubo protestas y le dije a Purificación Arqueros: “Llévame de la mano” y eso hizo la médico cual una madrecita buena. Mi genio, repito, es como un cohete verbenero que sube raudo y baja con el buche roto, ocupando la tierra fría o el mar cercano.


Pilar Pérez Martínez, con mi admiración y cariño ¡Qué se vayan y no vuelvan / mis locos besos perdidos / y mi talle estremecido / entre sus manos morenas! / ¡que se vayan y no vuelvan!


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