Carla Calin, la almeriense de 64 años que reparte para Glovo bajo la lluvia en moto: "Ningún trabajo denigra"
La venezolana, residente en Roquetas de Mar, era hostelera en su país

Carla Calin, repartidora de Glovo.
Aquel 17 de octubre cayeron hasta 70 litros de agua por metro cuadrado en Almería. Justo cuando cesó Carla aprovechó para seguir repartiendo en su moto. Debajo del abultado casco se presentaba una mujer de pelo rubio y ojos claros que pasaba la mediana edad. Entregó las pizzas cordial, situé su acento en Venezuela. Nunca había visto a una mujer repartiendo, pero no quería importunarla. Entonces ella paró la moto y yo me di la vuelta para anotar su contacto.
En Glovo, la empresa para la que trabaja Carla Carlin de Navarrete, solo un 11% de las repartidoras son mujeres, aunque los datos son de un estudio desactualizado de la Universidad de Valencia. “En Agudulce solo repartimos tres mujeres y yo soy la más mayor”, dice ella que ya ha cumplido los 64 años.
¿Cuánto tiempo lleva como repartidora?
Llevo tres años y medio y voy para cuatro. Mi marido, mi hija y yo trabajamos en Glovo. A mí me encanta mi trabajo. Lo que me afecta son los horarios de seis horas seguidas, porque durante ese tiempo no paro. Termino un pedido y enseguida me entra otro. Soy muy responsable y me gusta hacer bien las cosas. He llegado a estar entre los repartidores mejor clasificados. Cuando me subo a la moto, me entra la adrenalina y no soy capaz de quedarme parada esperando.
¿Qué es lo más difícil de repartir?
La lluvia y el viento. Yo amo el verano y el calor, pero cuando llueve me da pánico conducir la moto. El sábado pasado tuve que hacerlo porque mi coche estaba averiado. Mi vida vale mucho como para andar haciendo locuras, pero tenía que trabajar. Lo que más deseo es que me arreglen el coche y poder volver a trabajar con tranquilidad.
¿Qué es lo que más valora de este empleo?
Me gusta la independencia. Tengo un horario y hay unas normas, pero no tengo un jefe detrás de mí. Sé que el algoritmo controla los pedidos y que, si tardas demasiado, pueden enviarte avisos o suspenderte temporalmente. Yo nunca he tenido problemas porque soy muy responsable. Me gusta trabajar y ganarme mi dinero.
Antes de llegar a España. ¿A qué se dedicaba en Venezuela?
Mi madre empezó con una cafetería y después nos incorporamos mi hermana y yo. Más tarde, mi hermano también participó en el negocio. Yo tuve Bambi Café en Maracaibo durante 18 años y todavía existe si lo googleas. También teníamos otros negocios familiares, incluido un restaurante de pescado y marisco. Trabajábamos mucho y nos iba bien, pero la situación de Venezuela empeoró hasta que mantener el negocio dejó de ser rentable. Sobre 2015 no podía ni tomar un té fuera, llegó el punto que la gente comía de la basura.
Usted nació en Italia ¿Por qué decidieron migrar a España?
Mi marido reunió a la familia y nos preguntó dónde queríamos empezar de nuevo. Mis cuatro hijos dijeron que en España. Yo les dejé claro que, si emigrábamos, teníamos que permanecer juntos. Somos una familia muy unida y no quería que cada uno se marchara después a un país diferente. Aunque a día de hoy cada uno vive en una ciudad de España hace poco nos reunimos todos para la boda de una de mis hijas.
¿Por qué Aguadulce?
Porque aquí vivía el hermano de mi marido. Cuando llegamos, vimos que el lugar nos encantaba. Nos recordaba a Isla Margarita, donde pasábamos las vacaciones en Venezuela. Recuerdo que la primera vez que vi el paseo marítimo pensé que era maravilloso. Era como tener aquellas vacaciones de toda la vida al alcance de la mano. Aquí encontramos un sitio en el que nos sentíamos bien y decidimos quedarnos.
¿Fue difícil empezar de cero?
Muchísimo. Cuando emigras, tienes que cambiar el chip. En Venezuela tenía mi negocio, mis amistades y una vida construida durante muchos años. Aquí llegas sin conocer a casi nadie y tienes que buscarte la vida. Trabajé en una heladería, en hostelería, en un almacén, en la limpieza y finalmente en Glovo. También montamos un negocio de hamburguesas que se llamaba Bajo Seis. Lo tuvimos algo más de un año, pero el socio de mi marido se marchó y él no podía atenderlo solo.
¿Alguna vez ha sentido que su edad era un obstáculo para encontrar trabajo?
Empezar de nuevo a esta edad es duro. No es lo mismo que llegar con veinte años. Pero me siento muy bien y hago mi trabajo perfectamente. No quiero dejar de trabajar. Me gusta levantarme, salir, ganar mi dinero y saber que puedo contribuir a los gastos de casa. Mi marido y yo nos ayudamos mutuamente, pero para mí es importante tener mis propios ingresos.
¿Qué le diría a alguien que considera que repartir es un trabajo de segunda?
Que ningún trabajo denigra. Todos los trabajos son honrados. Yo salgo cada día, hago mis pedidos y me gano mi dinero. No me siento menos que nadie por trabajar repartiendo. Al contrario, estoy orgullosa de poder hacerlo. Lo importante es trabajar con responsabilidad y saber que lo que tienes te lo has ganado tú.