"Vivimos de espaldas a la muerte, pero es la única certeza que compartimos todos"
CUIPAL nació para transformar el miedo a morir en acompañamiento, cuidado y vida

Las doctoras Noelia Fernández y Almudena Ruiz fundadoras de Cuipal.
Las doctoras Almudena Ruiz y Noelia Fernández decidieron hablar de la muerte sin tabúes para ayudar a la gente a partir en paz. En el año 2019 fundaron CUIPAL hoy en día la Asociación de Cuidados Integrales Paliativos de Almería. Una entidad sin ánimo de lucro dedicada a cuidados paliativos, formación, acompañamiento y divulgación. Utilizan la cultura como vehículo a través de sus Death Cafés, Club de lectura y cinefórum comparten y hablan de algo que nos llegará a todos. Además este año han hecho una macroformación de 1200 jóvenes auxiliares de enfermería. A través de las canciones de Shakira analizaban las fases de duelo, una forma rápida de conectar con los estudiantes.
¿Noelia cuándo descubres que quieres dedicarte a los cuidados paliativos?
En mi caso fue durante la residencia de Medicina de Familia, en 2009. En aquel momento no había cuidados paliativos como los conocemos ahora. A mí me llamaban mucho la atención y, cuando terminé la residencia, aprovechaba mi tiempo libre entre guardias para ir a rotar con el equipo.
¿Qué viste allí que te hizo pensar: “Esto es lo mío”?
Vi una manera de hacer medicina tremendamente humana. Recuerdo entrar en domicilios donde todo estaba oscuro, triste, con una familia completamente sobrepasada, y ver cómo llegaba Almudena siempre sonriendo. Poco a poco, aquella familia terminaba sonriendo también. Ahí entendí que había otra forma de hacer medicina. Una medicina basada no solamente en tratar una enfermedad, sino en acompañar a una persona en uno de los momentos más importantes de su vida.
Almudena ¿y eso choca con una sociedad que evita hablar de la muerte?
Totalmente. Vivimos de espaldas a la muerte y eso no nos ayuda nada. Cuando la única certeza que tenemos todos los seres humanos, independientemente de dónde hayamos nacido, de nuestras creencias o de nuestra situación económica, es que vamos a morir.
¿Y cómo se acompaña sin imponer a una familia lo que tiene que hacer?
Aprendes con el tiempo que no existe una única manera de afrontar el final de la vida.
Al principio quieres dar todas las herramientas que has estudiado y piensas que lo que a ti te funciona debe funcionarles a los demás. Pero no es así. Cada familia tiene su historia, sus valores y su manera de gestionar las cosas.
¿Cuál es entonces vuestra recompensa? Porque imagino que tiene que existir alguna.
Para nosotras es llegar a un domicilio y ver que una persona ha fallecido tranquila, con los síntomas controlados, pudiendo despedirse de su familia y con una familia que se siente medianamente tranquila y que puede comenzar su duelo.
¿Habéis vivido situaciones especialmente difíciles de olvidar?
Sí. Recuerdo a una mujer muy joven para la que era importantísimo bañarse en la playa con su hijo y volver a un árbol donde solía meditar. No podía desplazarse y recurrimos a la Ambulancia del Deseo. Pudimos llevarla y consiguió bañarse en el mar con su hijo. Son cosas que parecen pequeñas, pero para esa persona eran enormes. Porque al final no estamos hablando únicamente de controlar síntomas. Estamos hablando de la vida de una persona.
En cuanto a vuestras actividades ¿No resulta extraño convocar a alguien a un café para hablar de la muerte?
Al principio sí. De hecho, una compañera contó que le dijo a su madre: “Me voy a un Death Café”. Y su madre le preguntó: “¿Pero eso qué es? ¿No tienes amigos?”. Socialmente parece algo raro. Pero cuando la gente viene, se da cuenta de que no es una actividad triste.
Eso conecta con otra de las grandes iniciativas de la asociación: el club de lectura.
Sí. Llevamos aproximadamente dos años y tenemos unas 42 personas en el grupo, aunque presencialmente suelen acudir unas 12 o 15. El próximo 15 de septiembre tendremos un encuentro con el autor de El Hueso del cacahuete en la librería el Faro de Recóndito. No pretendemos hacer una clase de literatura ni hablar continuamente de cuidados paliativos. Utilizamos las historias para reflexionar sobre la pérdida, el duelo, la muerte y el final de la vida. Y además se ha creado algo que no esperábamos: comunidad.
Hay algo paradójico: trabajáis con la muerte y, sin embargo, transmitís muchísimo entusiasmo.
Porque precisamente trabajar con la muerte nos conecta muchísimo con la vida.
Cuando tienes presente que esto se acaba, aprecias mucho más lo que tienes.
Nosotras nos reímos muchísimo. Nos lo pasamos muy bien haciendo estas actividades. Somos amigas, nos apasiona lo que hacemos y creo que eso se transmite.
Si tuvieras que resumir qué reivindica CUIPAL en una frase, ¿cuál sería?
Que morir bien también es un derecho. Y que nadie debería enfrentarse al final de su vida ni su familia sintiéndose sola. Porque al final no se trata de conseguir que una persona no muera. Se trata de conseguir que pueda vivir hasta el último momento de la mejor manera posible.