La Voz de Almeria

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"La cerámica de Níjar se hace igual que antes, solo que sin horno de leña"

Esta mujer es la sexta generación de alfareros nijareños que mantienen una tradición heredada durante siglos

Loli García pintando en su taller de alfarería de Níjar, enseñando sus trabajos al periodista Antonio Hermosa.

Loli García pintando en su taller de alfarería de Níjar, enseñando sus trabajos al periodista Antonio Hermosa.Lola Aguilar

Antonio Hermosa
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Loli García García nació en Níjar el 4 de junio de 1947. Sus padre eran también naturales de la provincia de Almería. Su padre era minero y viajó desde Serón hasta Níjar, donde conoció a su madre, y ella lo introdujo en el mundo de la alfarería. “Esta tradición viene de las mujeres. Las mujeres alfareras, que cuando se casaban con sus parejas, estás también se hacían alfareros. Que yo sepa alfareras han sido mi madre, mi abuela, mi bisabuela, y ahora yo. Todas nos hemos casado con personas que no eran alfareras, pero al final lo eran más que nosotras porque ellos trabajaban el torno y nosotras no. Nosotros hemos pintado, hemos dado caolín a los cacharros, hemos hecho todo lo que hay que hacer en la cerámica, menos trabajar en el torno, que lo hacían los maridos, y es una parte muy importante de este oficio”.

Loli comenzó en este oficio con tan solo siete años. Era la más pequeña de cuatro hermanos, dos varones y dos mujeres, y su padre les ponía a pintar, y todos salieron alfareros. “Nos decía hacer cuatro rayajos y andando, y a mí siempre me ha encantado. Me gustaba mucho todo lo relacionado con la alfarería. A mi hermana le gustaba hacer las cosas de la casa, pero a mi me tiraba más la alfarería”. Ella es la sexta generación de alfareros. Si miramos su árbol genealógico en la iglesia de Níjar, nos indica que su familia alfarera se remonta al año 1774. “Los trabajos difíciles en este oficio los hacíamos las mujeres. Mientras mi marido trabajaba en el torno, yo era su peón. Le ponía el barro, daba el caolín, pintaba las piezas, llevaba una tabla de fuentes al hombro. Lo hacía todo. Más mérito tenía él que estaba en el torno, porque hacía la cerámica”.

Esta mujer de 68 años reconoce que el valor de la cerámica de su pueblo es que ha mantenido la tradición heredada durante siglos. “Antes la cerámica de Níjar se hacía igual que ahora, solo que antes se cocía en horno de leña, y ahora se utilizan hornos industriales. Pero sigue siendo lo mismo que antes. Los mismos colores: el marrón, el amarillo, el verde, el azul, y óxidos de manganeso, de hierro y de cobalto, lo de toda la vida. Luego hay otros colores nuevos, pero los de nuestros antepasados son estos que te he dicho. Y como lo hacemos igual que antes, con los mismos dibujos, es lo que más atrae a los compradores”.

En Níjar los horno de leña dejaron de utilizarse hace 30 años. Ahora se utiliza gasoil para alimentar a los nuevos hornos. “Ahora sale mucho más perfecto que antes. A mí me gustaba mucho más la cerámica de antes que la de ahora, porque tenía un encanto diferente. Antes el horno de leña hacía que las piezas salieran con churretones, con imperfecciones. Se les ponía unos separadores para diferenciar las piezas, y todas salían con los tres puntos de apoyo”.

A Loli la encontramos en la tienda-taller que tiene en el casco histórico de Níjar pintando sus piezas que viajan a muchas partes del mundo, “viene gente que me conoce desde hace sesenta años. Llegué a vender una vajilla a Estados Unidos”. De todos sus dibujos destaca su elegido, que llama su estrella, un árbol que realiza dando pequeñas pinceladas.

Cerca de cumplir los 80 años, Loli reconoce que ha sido muy feliz en su oficio. “Viene gente. Me da alegría verlos. Hacemos talleres. Y de ver lo que ellos pintan, con ese entusiasmo, me da mucha alegría, y me lo paso muy bien”.

Cada vez quedan menos alfareros en Níjar. “Por desgracia es así. Tengo tres sobrinos que son alfareros. Mi hijo y mis dos nietos que están trabajando con mi hijo. Eso me pone muy contenta, porque cuando yo me vaya se va a quedar esto en sus manos”.

Loli tiene cuatro hijos, pero la tradición familiar solo la ha heredado uno de ellos. “Madre mía lo que me costó traérmelo al taller. Estudio Dirección y Administración de Empresas en la Universidad Carlos III de Madrid. Sacó muy buenas notas. Al momento encontró trabajo, pero yo le insistí en que se viniera y lo conseguí”. Y ahora la empresa Alfarería Ángel y Loli la regenta su hijo, Lorenzo Lores que tiene otros tres trabajadores, sus dos hijos y una joven que lleva desde pequeña siguiendo la estela de Loli, y envían sus trabajos a toda España, incluso a las Islas Canarias, y al extranjero, a Francia y Holanda, pero dentro de una humilde producción realizada a mano. “Pero pequeñas cantidades. Somos muy pocas personas para trabajar y como es un trabajo manual, no puedes rendir mucho dinero. Yo ya no estoy en plantilla. Vengo a pasar el rato y disfrutar de la compañía de mi familia y de las personas que nos visitan”. La empresa ha recibido algo de ayuda por parte de la administración andaluza para adquirir maquinaria. Subvenciones destinadas a comercios de artesanía.

La cerámica de Níjar es una de las señas de identidad de este municipio que se caracteriza por ser uno de los mayores centros de producción de la agricultura intensiva de Almería, pero que tiene la catalogación de unos de los pueblos bonitos de España, y que destaca por sus artesanos, como son la cerámica, en la que hay cuatro talleres, o las jarapas que tiene dos talleres.

Loli está ilusionada porque el Ayuntamiento de Níjar quiere llevarla el año que viene a la feria del Turismo de Madrid, para que muestre las cualidades de la alfarería de esta tierra en el stand que monte Almería en el Recinto Ferial IFEMA de la capital de España.

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