La mujer que construyó un paraíso para perros en un pueblo de 2.000 habitantes
Didugal Resort en Fines es la única piscina de Andalucía donde puedes disfrutar con tu perro

A la izquierda, María entrenando a las pequeñas crías para lanzarse al agua.
En Fines, donde el Valle del Almanzora parece discurrir al margen de las grandes rutas turísticas, hay un lugar donde los ladridos sustituyen al bullicio de los chiringuitos y donde los clientes llegan moviendo el rabo. Decenas de perros chapotean en una piscina de agua salada mientras sus dueños toman algo bajo la sombra. Algunos esperan su turno para lanzarse por un tobogán; otros simplemente descansan junto a la orilla. La escena tiene algo de parque acuático y algo de sueño improbable.
Lo más sorprendente no es la piscina. Es la mujer que la levantó. María Rubio no heredó un gran negocio ni encontró inversores. Levantó Didugal con sus propias manos. Colocó ladrillos, diseñó las instalaciones, buscó soluciones para cada problema y fue ampliando poco a poco un proyecto que hoy ocupa 15.000 metros cuadrados y reúne hotel canino y felino, peluquería, adiestramiento, terapias asistidas con animales, restaurante para perros y la única piscina recreativa para mascotas abierta al público en Andalucía.
Pero la historia comienza mucho antes
"Yo ganaba mucho dinero trabajando en Italia", recuerda. Era programadora de control numérico. "Cuando murió mi madre pensé que no quería dinero, que me estaba perdiendo algo, quería ser feliz". Dejó atrás aquella vida y regresó a Almería para dedicarse a aquello que llevaba haciendo desde niña: trabajar con animales.
No habla de emprendimiento como hablan los manuales. Habla de pasión.
“Yo no trabajo. Yo disfruto. Para mí educar un perro es disfrutar. Verlos correr por la piscina es recuperar la inversión cada día”, dice María.
Esa forma de entender el trabajo explica por qué el complejo no nació de un gran préstamo bancario. María fue construyéndolo conforme entraba dinero. “Cuando tenía 200 euros compraba cemento. Luego hacía la fontanería con ayuda de mi hermano. Todo está hecho poco a poco”.
La piscina tampoco surgió por casualidad
Durante años comprobó que quienes convivían con perros apenas encontraban espacios donde compartir el verano con ellos. “Cuando más necesitaban refrescarse, estorbaban en todas partes”. Así decidió construir una playa artificial de agua salada con rampas de acceso para perros de cualquier tamaño. Solo existen cinco instalaciones similares en España y esta fue la primera abierta al público en Andalucía.
La entrada cuesta seis euros para el perro y otros seis para la persona, con acceso durante toda la jornada. Llegan familias desde Málaga, Sevilla, Huelva o Jaén porque todavía existen muy pocos espacios donde las vacaciones incluyan también al animal.
Un cambio social mucho más amplio
En España hay siete millones y medio de perros registrados, según los últimos datos del Gobierno, y cada vez más familias organizan sus viajes pensando también en ellos. La proliferación de alojamientos pet friendly y playas caninas refleja una transformación cultural donde el perro ha dejado de ser simplemente una mascota para convertirse en un miembro más de la familia.
“Cuando vienen los niños les enseñamos que el perro no es un juguete. Ante todo yo amo y respeto la naturaleza por eso estas instalaciones se abastecen con energía solar”, dice la promotora de este sueño para amantes de los peludos.
Desde pequeña sabe lo que es criarse con animales e involucrarse con ellos por eso además de la parte lúdica, también trabaja la educación y terapia asistencial junto a psicólogos especializada en niños con autismo.
María fundó en 2012 un grupo de rescate canino, U.C búsqueda y Rescate Didugal, que trabaja de forma voluntaria en la búsqueda de personas desaparecidas y cadáveres. Participaron en la Dana de Valencia y en la búsqueda del pequeño Gabriel. Pero esta parte rodeada de un equipo humano de profesionales sanitarios, bomberos y perros especialistas la dejaremos para otro reportaje.
Un restaurante perruno
Aquí los perros tienen carta propia, con primero, segundo, tapa y postre. Mientras los dueños comen en el chiringuito, “cuatro tapas y unos refrescos, aquí los protagonistas son los perros”, dice María. Los murales que arropan el lugar están protagonizados por sus compañeros de cuatro patas que ya no están, todo está pensando para ellos.
Los perros siguen lanzándose al agua, los niños aprenden a respetar a los animales en las escuelas de verano y María continúa ampliando un complejo que todavía sueña con incorporar una clínica veterinaria y una pista de agility, para hacer deporte con tu perro.
Quizá por eso resulta difícil decidir qué impresiona más: la piscina de 600 metros cuadrados donde los perros disfrutan de unas vacaciones o la mujer que renunció a un sueldo para construir un lugar donde, como ella misma dice, “gana dinero disfrutando”.
A veces los proyectos más extraordinarios no nacen en las grandes ciudades. A veces empiezan en un pequeño pueblo con una pala, unos ladrillos y la convicción de ser feliz.