José Luis Ruiz: "La sociedad prefiere comprar una copia antes que una obra artesana única"
Es el último curtidor de Almería. Su bisabuelo comenzó a principios del siglo pasado con una fábrica con más de 20 trabajadores

José Luis Ruíz junto al periodista Antonio Hermosa en su tienda de Curtidos Ruíz, rodeado de algunos bajo relieves realizados a manos sobre cuero.
José Luis Ruiz Martínez nació el 9 de noviembre de 1983 en la Virgen del Mar. Su madre era enfermera, pero en el momento de su nacimiento actuaba como ama de casa. Su padre era la tercera generación de una saga de curtidores. Su abuelo, ayudado por su bisabuelo, que tenía una pequeña fábrica de curtidores en la calle Granada, frente a la Gloria, en la que llegaron a trabajar más de 20 personas, había abierto en el año 1947, en la esquina de las calles Flora y Regocijos, la primera tienda de Curtidos Ruíz. Después, en el año 2000 el establecimiento se trasladó a la ubicación actual, al comienzo de la calle Magistral Domínguez.
José Luis es el mayor de tres hermanos y tras estudiar en los colegios de la Cruz de Caravaca y Rafael Alberti, hizo secundaria en la Escuela de Artes de Almería, para trasladarse después a la Universidad Miguel Hernández de Elche, en Alicante, donde se licenció en Bellas Artes. “Son carreras vocacionales. Todo es un trámite vital. Te atraen las artes plásticas y desembocas en la universidad”. Recuerda que de pequeño admiraba a un tío suyo que dibujaba muy bien, y se dijo que también quería dibujar. “A partir de ahí empiezan los ensayos y errores. Al final ves que a la gente le gustan tus dibujos. Desarrollas lo que se puede llamar éxito. Te sientes cómodo y a gusto”. Reconoce que el dibujo es el esqueleto de todo. “El dibujo es la esencia. Todo lo demás viene después. Cuando te mueres, tu alma, tus músculos, tus pensamientos desaparecen, pero tu esqueleto permanece. Y en las artes plásticas el dibujo es lo primero”.
La Universidad de Bellas Artes de Elche destaca por sus enseñanzas en escultura y él se licencia en esta actividad. “Era una facultad que estaba muy indicada por los talleres que tenía de escultura, pero yo me sentía muy cómodo con el dibujo, con el grabado. Y aunque me licencié en escultura, cuando vuelvo a Almería, empiezo a hacer exposiciones de dibujo”. En el año 2008 expone en el casino de Dalías, en el Parador y en el Faro de Roquetas de Mar. Después participa en otras muestras colectivas, en el Instituto de la Juventud de Andalucía, en la ciudad de Almería, y en Alicante. “Al principio era de mis trabajos que había realizado en la carrera. Después empecé a hacer obras exclusivamente para las exposiciones acorde al tema que me decían los comisarios de la propia sala donde iba a exponer”.
Ruíz Martínez decide presentarse a las oposiciones de Bellas Artes, pero pronto comprueba que no está hecho para el mundo de la docencia. “No era lo que a mí me gustaba. Considero que la docencia es tan importante que tiene que ser también vocacional”. Sufre un vacío asistencial, “posiblemente el más grande de mi vida. Me hice varias preguntas sobre quién era o qué podía hacer. Y había dos caminos. Uno era quedarme en Almería, siguiendo lo que era un camino familiar, o irme a Inglaterra, básicamente a aprender un idioma y a fregar platos. Y me quedé con la primera opción”.
Comienza a trabajar en el establecimiento de Curtidos Ruíz. “Me creía que iba a ser algo temporal porque no era una cosa que me hiciera crecer como artesano, como artista, pero entonces empecé a valorar la piel con mis conocimientos de grabado. Que se podía utilizar también para hacer bajo relieves y otras cosas y, poco a poco, empecé con el cuero, alejándome de los trabajos cotidianos, de la guarnicionería y la talabartería, y lo utilicé como un medio más artístico, haciendo creaciones a mi gusto”.
José Luis coge un trozo de piel y lo empieza a moldear, a modelar. A hacer unos grabados más complejos en bolsos, cinturones y demás piezas. “Empiezo a tener éxito. Se empiezan a vender. Veo que a la gente le gusta. Además, lo complemento haciendo escaparates, que también es una rama artística. Pinto los cristales y, alguna vez, a algún amigo, le decoro y pinto el escaparate de su tienda. Todo esto me ha servido para seguir con mi camino artístico”.
Y al final, con el paso del tiempo, ha continuado la tradición familiar. “Cuando subo o bajo la persiana, considero que estoy siguiendo una tradición de cuatro generaciones de artesanos. Me considero humanista. El comercio fue el principio de la humanidad. La humanidad empezó con dos tribus que se juntaron y empezaron a comercializar entre ellas. Son tiempos bastante diferentes a los tiempos de mi abuelo y de mi padre, con diferentes dificultades”.
Este artista y artesano ve cómo van desapareciendo este tipo de profesiones. “Ha habido una pequeña guerra entre ser o parecer. Entre la copia, la falsificación y la artesanía. La sociedad prefiere parecer antes que ser. Comprar una buena copia a una pieza artesanal única que va a hacer que esa persona sea diferente al resto de la masa cuando vaya por la calle. Y eso da mucha pena”.
Y sabe bien lo que le diferencia. “El trabajar con el cuero. Responder por nuestros errores o que una pieza se haya roto y poder darle una garantía. También somos garantía de otras muchas tiendas. Y no me caso con nadie. Si tengo que decir las cosas mirando a los ojos, lo hago. Y eso a veces molesta”.
José Luis Ruíz ve el futuro muy negro. “No soy ni positivo ni negativo, simplemente sé que el mundo está un poco raro y dentro de unos años o me hago rico o cierro la tienda. Ya no quedan casi zapateros ni talabarteros. Al final, voy a ser el único al que va a acudir todo el mundo, o ya no se va a tratar, y entonces tendré que cerrar”.
Es el último de la saga de curtidores Ruíz, y quizás, el último curtidor de Almería. “Ningún primo, ningún hermano ha querido seguir. Aunque tampoco esto es Juegos de Tronos, soy lo único que queda de una saga. Mi bisabuelo tenía más de 20 trabajadores en una pequeña fábrica y yo estoy solo”. Pero defiende la autonomía que le da su trabajo, que le ha convertido en el último curtidor de la ciudad de Almería. “Ser autónomo te quita muchas cosas. Pero vivo muy tranquilo con esa libertad invisible que pagas mes a mes. No me puedo poner malo, pero tengo la libertad plena de salir, abrir o cerrar cuando me da la gana. Y eso, hoy en día, la gente no lo contempla. No valora su libertad, su tiempo”.