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"Australia te cambia la vida: aprendes a empezar desde cero"

Paula y Victoria, una pareja de veinteañeras almerienses a quien migrar las ha hecho más fuertes

Paula Ortiz de azul y Victoria Molina de rojo desde Australia.

Paula Ortiz de azul y Victoria Molina de rojo desde Australia.La Voz

Melanie Lupiáñez
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Hace apenas un año hicieron las maletas y cruzaron medio mundo rumbo a Australia con un visado de trabajoy muchas más preguntas que certezas. Victoria y Paula dejaron atrás Almería para buscar una experiencia que mezclara trabajo, aprendizaje y aventura. Lo que encontraron fue una realidad muy distinta a la que imaginaban: jornadas interminables en la construcción, hoteles, Uber o limpieza, la dificultad de encontrar una vivienda, una Navidad lejos de la familia y la necesidad de construir una nueva red de apoyo a 17.000 kilómetros de casa. 

Sin embargo, también descubrieron una forma diferente de entender el trabajo, la convivencia y la libertad. Tras nueve meses en Gold Coast han regresado unas semanas para visitar a sus familias antes de volver a Australia, convencidas de que la mejor parte de la aventura está todavía por llegar.

¿Qué imaginabais que iba a ser Australia?

Pensábamos que sería una mezcla de playas, buen ambiente y oportunidades laborales. Todo eso existe, pero nadie te cuenta la parte dura. Llegas y tienes que aceptar trabajos que nunca habías imaginado hacer para salir adelante. Eso es migrar y para todo el mundo es igual, ahora pensamos que la gente que viene aquí viene a levantar el país.

Hay quien piensa que irse a Australia es vivir de vacaciones.

Nosotros también teníamos esa imagen antes de ir. Luego llegas y la realidad es otra. Trabajas muchísimo. De hecho, nosotros estuvimos meses trabajando siete días a la semana. Al principio cuesta entenderlo, porque vienes con la idea de disfrutar del país, pero cuando empiezas a cobrar semanalmente entras en una dinámica en la que siempre quieres hacer una hora más. Además es muy fácil encontrar empleo si tienes ganas de trabajar.

¿Cómo era compartir casa con personas de distintos países?

Muy enriquecedor. Vivíamos con un argentino, Nacho, que fue como nuestro ángel desde el primer momento, un ecuatoriano y un español. Cada uno tenía sus costumbres, pero todos compartíamos el mismo objetivo: trabajar. Era una casa muy tranquila porque prácticamente todos salíamos temprano y llegábamos cansados.

Vosotras, además, habéis vivido la experiencia juntas desde el principio.

Y eso ha sido una suerte. Trabajábamos juntas, vivíamos juntas, hacíamos los mismos planes y compartíamos el mismo grupo de amigos. También hemos discutido, claro, porque eran veinticuatro horas al día juntas durante nueve meses, pero creemos que la experiencia nos ha unido muchísimo más como pareja. Nos teníamos de apoyo la una a la otra si teníamos un mal día, a veces pensamos en hacer esa experiencia sola y debe ser durísimo.

Porque también habéis podido conocer parte del sudeste asiático.

Sí. Hemos viajado a Bali y Vietnam y queremos seguir descubriendo países cercanos, pero también Australia. Es un país enorme y todavía nos queda muchísimo por conocer. Ahora queremos aprovechar que vivimos allí para recorrerlo con más calma.

¿Qué fue lo que más os sorprendió del estilo de vida australiano?

La tranquilidad. La sensación de seguridad es increíble. Ves casas abiertas, coches sin cerrar, gente caminando descalza por la calle o entrando así al supermercado y nadie se sorprende. Cada uno vive a su manera y nadie está pendiente del otro.

También comprasteis un coche.

Sí. Era casi imprescindible. Australia está pensada para moverse en coche y queríamos aprovechar para hacer escapadas. Compramos un todoterreno antiguo que luego dejamos a un amigo mientras estamos en España para que lo cuide y lo utilice.

Hay otro aspecto del que se habla poco: la sanidad.

Es una de las cosas que más nos impactó. Todo es privado y necesitas un buen seguro médico. Una simple visita a urgencias puede costar miles de dólares. Nosotros tuvimos que utilizar el seguro y entendimos enseguida que no puedes viajar allí sin una buena cobertura.

Después de nueve meses, ¿qué os lleváis de Australia?

Muchísima confianza en nosotras mismas. Llegamos sin conocer a nadie y hemos aprendido a desenvolvernos en otro idioma, a trabajar en cosas completamente distintas, a convivir con personas de otros países y a resolver problemas constantemente. Todo eso te cambia.

Victoria, tú eres bailaora y Paula tatuadora y trabajadora social. ¿No habéis pensado en desarrollar allí vuestras profesiones?

Sí. De hecho, Paula (@pau.por) hizo algunos tatuajes handpoke y funcionaron muy bien. Yo me llevé incluso la ropa de baile, pero entre el trabajo y el cansancio nunca terminé de dar el paso. Es una espinita que tengo. Muchísima gente nos pedía clases de flamenco y creo que la próxima vez sí lo voy a intentar.

Entonces, ¿la aventura continúa?

Sí. Volvemos con otra mentalidad. En la maleta no faltan las agujas para tatuar. Sabemos dónde vivir, tenemos trabajo esperándonos y amigos allí. Ahora queremos ahorrar y viajar.

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