"La música me salva": la vida a contracorriente de María Makia
Desafía los prejuicios subiendo al escenario a sus 58 con un rock emocional y reivindicativo

María Makia.
Su melena larga y rizada cuelga libre, enmarca un rostro sereno. Los ojos azules y la sonrisa noble, pero la garra en la garganta, ella destila rock. María Makia (Almería, 1968) ha construido su propia leyenda: subversiva, reivindicativa, feminista, madre entregada y responsable hija de una familia de seis hermanos. La historia detrás de la que puede considerarse la Patti Smith de Almería, pero se ruboriza ante la comparativa.
Dejaste de cantar durante 19 años y cuando volviste la gente te recordaba.
Sí, así es y eso es muy emocionante. Dejé de cantar porque estaba quemada de tirar de la banda en aquel momento; Makia Subversiva, y fui madre, me cambió la vida. Cuando hago algo me entrego al 100% y me entregué a cuidar a mis hijos. Estaba yo sola, trabajaba por las mañanas como administrativa, cuidaba de mis hijos, íbamos a los teatros de la Villaespesa, veíamos películas infantiles donde el bueno siempre gana, como debería ser… Recuerdo aquellos años con mucho cariño.
Durante aquellos años sufriste cáncer.
Sí luché contra la enfermedad casi un año. En ese momento mis hijos eran pequeños, el mayor tenía nueve años y me di cuenta de que no quería morirme. Desde entonces doy las gracias cada día por estar viva. Incluso hice una canción con fines benéficos: Proyecto Mariposa, incluida en el álbum Cicatrices publicado a principios de este año con mi nuevo grupo Las Legañas. Toda nuestra música puede escucharse en Youtube y Spotify.
¿Por qué no volviste como Makia Subversiva?
Porque era otra etapa, necesitaba un nuevo proyecto con una nueva identidad. Las Legañas hace referencia a cómo nos llamaban a los almerienses; los legañosos. Me parece que tiene mucha fuerza.
¿Cómo fue tu reencuentro con la música?
Muy natural, casi no me di cuenta. Un día abrí la funda de la guitarra y volvió la conexión entre nosotras. Volví a componer con el metrónomo puesto porque me gusta mucho las matemáticas de la música. De hecho fui al conservatorio hasta que una profesora me dijo que tenía que elegir entre la guitarra clásica y la eléctrica porque se me iban a viciar los dedos. Lo tuve claro porque era muy de extremos, pero hoy en día hubiera seguido con esas clases.
Desde siempre tus letras tienen una fuerte carga social y reivindicativa. ¿De dónde nace eso?
De la rabia y de la sensibilidad hacia la injusticia. Hay cosas que no soporto. Siempre he sido muy consciente de las desigualdades y eso sale en las canciones. Hace treinta años ya escribía letras feministas y muy combativas. Lo curioso es que muchos temas siguen vigentes. Hemos avanzado en leyes, pero la realidad social sigue siendo complicada. Incluso ahora parece que la palabra feminismo molesta más que antes.
Da la sensación de que para ti la música es algo casi terapéutico.
Totalmente. La música me salva muchas veces. Hay emociones que necesito sacar. Yo tiendo un poco a la tristeza, pero también a la rabia. El rock tiene mucho de eso, de gritar lo que llevas dentro. Para mí tocar no es solo entretenimiento, es una necesidad emocional.
¿Qué buscas transmitir cuando te subes a un escenario?
Honestidad. Creo que cuando tienes un altavoz delante puedes usarlo para algo bueno. No quiero utilizarlo para propagar odio o frivolidad. Me interesa aportar algo, aunque sea pequeño. No me sale escribir canciones superficiales. Necesito hablar de cosas reales, de emociones, de libertad, de injusticias o simplemente de cómo me siento.
En varias ocasiones hablas de libertad como algo central en tu vida.
Sí, muchísimo. Tengo una canción que habla precisamente de eso, de sentirte libre, de no soportar las ataduras. Incluso cosas pequeñas, como la ropa incómoda o las presiones sociales, me generan rechazo. Necesito sentir que puedo moverme, respirar, vivir a mi manera. Supongo que el rock también tiene mucho de eso.
¿Cómo ves la escena musical en Almería actualmente?
Hay movimiento, aunque no es fácil. Hay asociaciones y espacios culturales que están haciendo cosas muy interesantes. Sitios como La Guajira, el Arcade Club, Clasi Jazz. También hay pequeños festivales por toda España y para mí eso ya sería suficiente: tocar en muchos festivales pequeños. No necesito estadios.
¿Cuándo podemos verte?
El 23 de mayo hago doble cita. Primero estaré en la Feria del Libro de los Escualos acompañando a Carmen K.Salmerón que ha escrito un libro donde marida recetas con música y utiliza uno de mis temas, se llama La gastronomía Flamenco punk. Y por la tarde Las Legañas tocamos en el Arcade Club.
Después de tantos años, ¿sigues teniendo la misma ilusión?
Más que nunca. Hay gente que piensa que a cierta edad ya no “toca” empezar proyectos, pero yo creo justo lo contrario, mientras estés vivo hay esperanza. La ilusión es lo que te mantiene en marcha. Las Legañas ya tenemos nuevos temas y estamos deseando meternos a grabar.