Cristina Calvache: "Tener una buena uva para hacer vino es como contar con un buen cocinero"
Esta joven etnóloga ha conseguido producir 35.000 botellas de vino al año en un pueblo de menos de 600 habitantes

La enóloga y bodeguera Cristina Calvache junto al autor de la entrevista, Antonio Hermosa.
Cristina Calvache Abad, nació en el año 1978 en Barcelona. Ella se siente almeriense por los cuatro costados, en concreto de la localidad de la comarca de la Alpujarra, en el Medio Andarax y Bajo Nacimiento, de Alboloduy, de donde eran sus padres, que salieron de Almería en los años setenta del siglo pasado, en busca de trabajo y mejores condiciones de vida. Hasta los 10 años vivió en Barcelona y Mallorca, y después estuvo en la localidad cordobesa de Pozoblanco, en Sevilla, y en La Coruña, hasta que con 17 años regresó al pueblo almeriense de sus antepasados. “Mi padre, Francisco Calvache, trabajaba en el sector de la construcción, en temas de carreteras. Mientras tanto mi madre estaba conmigo y con mi hermano, y estuvimos moviéndonos por distintas ciudades de España”. Eso hizo que conociera distintos colegios y cinco institutos diferentes.
Nada más llegar a Almería comenzó a familiarizarse en la elaboración de vino. Como otros muchos vecinos de Alboloduy, su abuelo había estado toda su vida haciendo vino. “Mi abuelo siempre había tenido viñedo, hacía vino casero y fue lo que me animó a empezar a meterme en este mundo”.
Cuando regresó a Almería, Cristina terminó el Bachillerato. “Quería hacer veterinaria o estudiar algo relacionado con la alimentación. Mi padre me dijo, con todo lo que nos hemos movido, elige algo relacionado con nuestra tierra. Elegí técnico agrícola en industria agroalimentaria. Estudié eso, y luego, en el proyecto de fin de carrera, mi padre, que estaba siempre loco con el tema del mundo del vino, pues teníamos un viñedo muy pequeñito para hacer vino a nivel casero, me recomendó que el proyecto de fin de carrera tenía que hacerlo en una bodega de elaboración de vino”.
Desde los 17 años, Cristina ayudaba a su padre. Lo acompañaba y ambos se encargaban de controlar todo el proceso. “Hacíamos 300 litros atendiendo a las indicaciones del manual de enología, todo súper bien controlado, porque él todo lo que hacía lo tenía que hacer súper bien”.
Después, completó su formación haciendo el máster de Viticultura y Enología y la licenciatura en Enología en la Escuela de Agrónomos de Córdoba. “Empezamos de cero. Al principio teníamos un terrenito, con un viñedo pequeño en la zona de Alboloduy, pero apenas teníamos producto por lo que comenzamos a comprar uva de la zona que nos interesaba. Nos fuimos por la zona de la Sierra de Gádor, en el término municipal de Eníx, en una finca que hay en Almócita, también en por la localidad de Beires. Y así empezamos el primer año con muy poca producción”.
Contactaron con productores de uva blanca, autóctona de la zona, y que se encontraba en viñedos muy antiguos. “Y luego continuamos buscando parcelas que nos interesaban porque teníamos la idea de hacer vinos monovarietales con uvas Syrah y Cabernet Sauvignon". En 2004 Cristina y su padre sacaron tres marcas para tres vinos: un tinto tipo roble llamado Taracín, un clarete denominado Loma del Viento y un blanco que llamaron Viñalorite. “Mi padre dijo vamos a hacer vinos de crianza que tienen que salir con tu nombre, y así registramos la marca Cristina Calvache, con vinos Cabernet y Syrah”. Y ese mismo año elaboraron el primer crianza, que fue el Cabernet Sauvignon, que permaneció dos años en barrica para empezar a comercializarlo en 2006. Después siguieron el Syrah y el blanco con la misma marca Cristina Calvache.
Desde entonces han pasado 20 años. En 2015 falleció su padre y ella ha continuado con el negocio hasta llegar a producir en la actualidad 35 mil botellas al año. “Es una producción pequeña que se comercializa fundamentalmente en Almería, aunque también tenemos clientes en Granada, Sevilla, Madrid y Barcelona. Tenemos la suerte de que nuestro vino está muy bien introducido y valorado”.
Ella defiende las características concretas de sus vinos, la combinación única de clima, suelo y topografía. “Se diferencian por el perfil del vino, el terroir que tienen. El alma del vino. Eso que le da la zona donde lo cultivas, el clima y bueno, y tener una producción pequeñita que no es una producción muy grande por cepa”.
Y luego también, hay que sumar su toque de elaboración. “Me gusta tener el proceso muy controlado. Para mí es muy importante el equilibrio cuando elaboro los vinos. Lo primero es el viñedo. Tener una uva muy buena es como tener un gran cocinero. Tienes que tener una materia prima muy buena y, aparte, que te diga algo”. Cristina valora la tierra de Almería, una orografía especial, combinada con un clima único. “Y luego tienes que aportar tu visión de cómo ves tu idea del vino que quieres elaborar, de cuáles son tus gustos, tus preferencias”. Esta joven enóloga y bodeguera insiste en la importancia de buscar el equilibrio en la elaboración, y controlar los matices del aroma y de la fermentación. “La temperatura, ver cómo se va haciendo el tinto. La maceración, para sabes con qué tienes que jugar. Para mí es muy importante ir catando desde el principio, ir ajustando a lo que yo tengo en la cabeza, lo que yo busco”.
Cristina Calvache, como el resto de los productores, está muy preocupada por el cambio climático, con épocas de intensas sequías. “Está claro que las temperaturas, que son más elevadas, afectan a la maduración, que a veces se nos adelantan más de lo que a mí me gustaría. Y claro, luego en bodega pues tienes que trabajarlo, es más difícil, tienes que hacerlo mucho más controlado”. O los problemas que puede ocasionar épocas de intensas lluvias. “Hemos sufrido años que viene la uva demasiado concentrada, y no se necesita tanta concentración, o demasiado pequeñita, que baja mucho el rendimiento. Épocas en que la uva viene muy sana, pero eso también es un problema”.
La bodega es pequeña y tiene un carácter casi familiar, la llevan ella y su pareja, con la ayuda en el viñero de otras dos personas, a los que hay que sumar un gerente y un comercial de gestión. Cristina ve el futuro con optimismo para seguir elaborando vinos para el deguste y disfrute de muchas personas. Vinos que salen de una bodega enclavada en un municipio que no llega a los 600 habitantes.