8M|"A los 25 años ya mandaba en mi pueblo… aunque muchos preguntaban a mi marido si me lo permitía"
Adoración Antolín se convirtió en la alcaldesa más joven de Andalucía y de las primeras en Almería

Adoración Antolín fue alcaldesa de Uleila del Campo a sus 25 años en las primeras elecciones municipales de la democracia.
Dora sonríe con esa mezcla de fiereza y ternura que solo dan los años de haber llevado el mandato de un pueblo a la espalda; un pueblo pequeño, rural, con más opiniones que habitantes, donde cada decisión retumbaba de cocina en cocina como un eco inagotable.
Tenía 25 años cuando se convirtió en alcaldesa de Uleila del Campo. Era 1979 y España apenas entraba en democracia. Ella se estrenaba, además, como madre. Con los labios pintados de rojo y una férrea mirada, reconoce haber sido la alcaldesa más joven de toda Andalucía y la primera mujer en ostentar ese cargo en la provincia de Almería (al mismo tiempo que otras dos compañeras, destaca).
Desde entonces, se ha mantenido fiel a la misma idea: "La política es para servir al pueblo, no para servirse de él". Y lo dice sin grandilocuencia, como quien habla de una realidad que todo el mundo debería tener claro. Este lunes funciona como prólogo del 8M, ya que su historia, llena de empuje y desobediencia con cabeza, es la de muchas mujeres que abrieron camino sin saberlo. A veces incluso sin quererlo.
Dora, ¿cuándo empieza su vida política?
Me metí en política justo tras las primeras elecciones generales. Yo era secretaria local. Y en 1979 decidí presentarme a la alcaldía con 25 años. Tenía una niña pequeña y unas ganas enormes de pelear por mi pueblo.
Presentarse tan joven, y además mujer, en un pueblo pequeño…
Tú crees que conoces a la gente: al vecino, al primo, al hijo de… Pero no es igual vivir en un pueblo que gobernarlo. En los pueblos todo se comenta. Todo. Cada decisión se discute en voz alta. Y claro, chocaba que la alcaldesa fuese una muchacha de 25 años.
¿Y cómo la recibieron?
Pues mira, me votaron por cómo me habían visto luchar antes incluso de meterme en política. Yo ya estaba en primera línea cuando quisieron llevarse parte de la escuela a otro pueblo. Ahí me vieron: sin miedo. Y supieron que haría lo que hiciera falta.
¿De verdad no hubo rechazo por ser mujer?
De cara no. Pero por detrás… ya me dijeron muchas veces que preguntaban a mi marido que cómo me dejaba ser alcaldesa. Eso hoy parece una barbaridad. Entonces era normal.
Su marido respondería...
Él lo pasó regular. Porque yo era 'Dora' para todos, no la alcaldesa. La gente venía a mi casa: "Oye, no tengo agua", "Oye, que esto se ha roto"… Yo era la vecina que resolvía problemas. Y él recibía más comentarios que yo.

La alcaldesa Dora durante el reparto de la nueva bandera democrática de España.
Hablemos de decisiones difíciles. ¿Cuál fue la más delicada que tuvo que tomar?
Sin duda, la de una romería. En mi pueblo siempre hubo un conflicto histórico con la gente de otra localidad por un santuario que compartíamos. Era una cosa antigua, casi heredada, que venía de padres a hijos: quién tenía derecho a subir, quién organizaba la fiesta, quién mandaba allí arriba.
Algo tuvo que pasar.
Sí. Una noche, ya tarde, empezó a correrse un rumor por todo el pueblo: que el domingo de romería no se podía subir porque "los de allá" estaban arriba con escopetas, vigilando, para que nadie de Uleila subiera. Imagínate el clima… aquello voló de puerta en puerta más rápido que las redes sociales hoy. Hubo algunos que dijeron de plantarles cara con sus propias escopetas.
¿Qué hizo?
Primero asustarme, claro. Yo tenía 25 años, pero también tenía claro que alguien tenía que cortar el pánico. Así que dije: "Aquí no sube nadie". Lo repetí varias veces. La gente esperaba que yo cediera. Pero no. Era mi responsabilidad evitar un problema mayor.
Fue sensata.
Sí, aunque hubo respuestas de todo tipo. Incluso mi marido intervino delante de todos. Aquello me dolió mucho, pero también fue un punto de inflexión: quise dejar clarísimo que la autoridad era la alcaldesa, no "la mujer de", así que le dije: "Aquí la alcaldesa soy yo". Luego tuvimos bronca en privado.
Y todo eso siendo madre primeriza.
Lo llevaba mal. No había conciliación. Mi madre cuidaba de mi hija. Yo tenía dos trabajos: el mío y el de alcaldesa. Aquello de turnarse para criar… no existía. Ni se contemplaba.
Usted siempre ha sido muy libre políticamente.
Mucho. En mi casa no se hablaba de política ni para bien ni para mal. Yo estudié en un colegio religioso y aprendí la teoría: feminismo, socialismo… Pero luego veía que la práctica no coincidía con lo que estudiábamos. Así que siempre fui por libre.

Adoración Antolín, de 72 años, en su intervención en la entrega del Premio Colombine.
De hecho, renunció al sueldo.
Claro. Ni lo contemplé. Yo no entendía cobrar por servir a tu pueblo. Renunciamos a todas las gratificaciones. Solo me cubrían los desplazamientos, y, aun así, se pedía justificar con quién había viajado, para no abusar.
¿Cómo ve hoy la situación de la mujer en política?
Hemos avanzado, sí. Pero seguimos siendo un pequeño porcentaje. Nos hacen demostrar el triple. Y seguimos entrando de puntillas. Yo levanté la mano en un congreso para decir que no quería cuotas, que quería valía. Y me respondieron: "¿Es que a ellos les hacen examen?". Tenían razón.
¿Todavía cuesta ser tomada en serio?
Mucho. Pero creo que parte de la culpa también es nuestra. Las mujeres no damos el golpe en la mesa como antes. Nos hemos relajado.
Universidad de Almería
“Es necesario regular el aborto como derecho, no como delito despenalizado”
La Voz
¿Qué opina del feminismo actual?
Prefiero reservarme. La pregunta es correcta, pero mi respuesta quizás no lo sea.
Después de tanto, ¿volvería a ser alcaldesa?
No. Me dejé la vida. Mucho sacrificio. Me lo han pedido muchas veces, pero hoy la política no es lo que yo entendía. Antes ibas a servir. Hoy muchos entran pensando primero en el sueldo.
¿Cómo recuerda su infancia?
Alegre, pero marcada por estar interna diez años. Me faltó la presencia de mis padres, claro. Ellos eran muy listos, muy buenos, pero había cosas que no se hablaban. Aun así, mi madre se volcaba en nosotras cuando volvía. Yo me crie con esa mezcla de disciplina y cariño.
La última pregunta es para Virginia, su hija: ¿Qué ha significado para usted tener una madre como Dora?
Me educaron en la independencia emocional y económica. Nunca me dijeron "esto no es para una mujer". Al contrario: "Puedes llegar adonde quieras". Yo veía que mis amigos decían que su madre estaba haciendo la comida. La mía estaba trabajando. Siempre. Eso me marcó. Me enseñó que detrás de cada logro hay trabajo y constancia. Para mí, mi madre ha sido siempre una referente, aunque ella diga que era "una más". Para mí no lo ha sido nunca.