La Voz de Almeria

Entrevistas

"Los pescadores de El Zapillo y los agricultores de la Vega hacían el trueque con sus productos"

Emilio Hernández habla sobre el orígen del nombre de su barrio, que fue cantera de futbolistas, y muchas más curiosidades

Antonio Hermosa junto a Emilio Hernández.

Antonio Hermosa junto a Emilio Hernández.La Voz

Antonio Hermosa
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Emilio Hernández Sierra nació hace 66 años en el barrio almeriense de El Zapillo, en Almería. Se acaba de jubilar tras regentar una empresa de trabajos de pinturas durante la mayor parte de su vida. Hernansur Pintores comenzó en 1985. Emilio ha sido un hombre decidido que ha llegado a realizar muchas otras actividades, incluso durante un tiempo fue el jefe de cierre de los talleres de este diario La Voz de Almería. 

“Yo no estudié, en vez de ir a la escuela hacía zonga. Fui una persona que le gustaba mucho el cine y me dio por meterme en el mundo de las películas. Participé como extra en 'Las cuatro plumas', en 'Los caballos del sol', y otras muchas gracias a que estábamos en una provincia y unos terrenos donde se hacían muchas películas. También, paralelamente, comencé a colaborar con los agricultores de la Vega por lo que me ganaba unas pesetillas”.

En 1973, con tan solo 13 años, en Emilio se despertaron sus inquietudes políticas. “Nos reuníamos bastante gente a la que no le gustaba el régimen franquista que existía en España. Entre ellos estaba Diego González Marín, que era el que iba a optar a ser secretario general del clandestino Partido Comunista”. En aquel entonces, recuerda las reuniones que realizaban los vecinos en distintos puntos de El Zapillo, incluso junto a las barcas de la playa. Con 14 años sufrió una detención.

“Un día me detuvieron en una manifestación y estuve en los calabozos de la calle Arapiles durante tres días. Hubo un registro en mi casa y cogieron todas las octavillas política que se tiraban por las calles, que escondía debajo de la cama de mi abuelo. Al pobretico le metí en un follón porque él ya había estado preso casi nueve años, por ser republicano. Primero en la cárcel del Ingenio, después en el Puerto de Santa María y, finalmente, en las minas de Hellín”.

Desde entonces ha militado en distintas formaciones políticas. Estuvo cuando se crearo las Juventudes Comunistas, después en la Fundación Europa, con Pedro Molina, y después en el Partido Socialista Obrero Español, junto al actual secretario de Estado de Memoria Histórica, Fernando Martínez López. “He estado siempre en política. Mi ambición era trabajar y ayudar a los demás, que era lo que yo entendía que era la política”.

Con 17 años Hernández Sierra se fue voluntario el servicio militar a la base aérea de Armilla, en Granada, donde permaneció dos años hasta que llegó el momento de su licenciatura. “Aunque no sabía mucho, al regresar comencé a hacer chapuzas a los vecinos del barrio. Les ponía el papel pintado o les pintaba las casas”. Con 20 años se casó.

Pero Emilio era una persona curiosa que quería experimentar otras actividades. Estando pintando las naves del diario La Crónica, conoció a José María Altero, “que me dijo: ‘Oye, Emilio, ¿tú quieres trabajar aquí con nosotros? Le dije que por supuesto, y comencé mi etapa en el mundo de la prensa en el momento en el que se fundó La Crónica”. Con 25 años compaginaba el trabajo en el diario y el de la pintura. Al cabo de un tiempo, cambió La Crónica por La Voz de Almería, donde trabajó como jefe de cierre.

Emilio también ha estado muchos años vinculado al movimiento vecinal. En la actualidad es el presidente de la Asociación de Vecinos de Cortijo Grande, donde vive en la actualidad, donde fue teniente de alcalde 30 años. “Había que ayudar a los vecinos de los barrios y he permanecido en el movimiento vecinal desde 1989 hasta el día de hoy”.

Hace unos años decidió publicar un libro sobre la vida de su barrio natal. “Lo he hecho junto a mi amigo de la infancia José Enrique Martínez Moya. Nos dio por escribir la historia de las cosas que nos han pasado en esta vida. Decidimos escribir uno sobre nuestro barrio, el de los pescadores del Zapillo de Almería”

El coautor de la obra, José Enrique Martínez Moya, es maestro jubilado, licenciado en filología inglesa, es un verdadero erudito en la historia del cine en Almería. El libro, 'El Zapillo, una ilusión compartida', tiene casi 600 páginas, y se remonta a principios del siglo pasado, relatando anécdotas de sus habitantes. “Desde el año 1.900, cuando el Zapillo aún no existía. Era un vergel de plantas, entre las que destacaba la zapilla, una planta que le dio nombre al barrio”.

Hernández Sierra y Martínez Moya se embarcaron en la aventura y comenzaron a elaborar la historia de todos sus vecinos y a recabar información y fotografías. “La época a la que más tiempo hemos dedicado, es a partir del año 1960, año en el que nacimos, porque es lo que podemos recordar, y ha sido una cosa muy bonita para todo el barrio, el ver fotos antiguas de todos los vecinos y todas esas historias y anécdotas”. En total han llegado a vender 800 libros.

Tras el éxito alcanzado, Emilio ha decidido publicar la segunda parte, que quiere tener en imprenta el año que viene. “Se quedaron mucha personas sin salir. Para hacer un libro de este barrio se necesitan más de mil páginas, y eso supone un volumen muy grande. Antes, en los barrios, como en los pueblos, todos se conocían por los motes. Hemos querido sacar esos nombres para que no se pierdan motes como el 21 dedos, el Cagandando, Picapollos, el Patachula, el Diarrea y muchos más”

El Patachula, era un vecino cojo que puso un negocio de cañas y madera junto al edificio Playmar donde arreglaba zapatos. El Diarrea puso una barraquilla cerca de la térmica donde daba café y manzanilla que, en ocasiones, provocaba diarrea a los clientes.

“Ha habido personas que les ha gustado que recordáramos los motes de sus abuelos. Pasa lo mismo en los pueblos, donde da alegría, aunque aquí, en el barrio, algunas personas escondían el mote de su antepasado”.

Hernández Sierra recuerda que en los años de su infancia los niños estábamos todo el día en la calle. “Ahí se ha criado mucho gente porque la pelota siempre estaba en las calles de tierra. El Zapillo ha sido un barrio de mucho fútbol. Fue una cuna de muchos futbolistas famosos, que incluso llegaron a militar en primera división como los fallecidos Maxi o Salustiano Polo”.

En el libro se observa la transformación que ha experimentado El Zapillo, como ha ocurrido con otras muchas zonas de la ciudad de Almería. “La transformación del barrio ha sido tremenda. Quienes hemos conocido ese descampado que hoy llaman la Vega de Acá, y que para nosotros era siempre la Vega del Zapillo, porque después estaba la Vega de Allá”. Un barrio que servía de frontera entre la gente del campo y los pescadores. “El Zapillo ha sido siempre un barrio de pescadores donde se producía un intercambio de pescado por fruta o verduras del campo. Era una cosa muy entrañable en el barrio. Tú ibas vendiendo pescado, pero si te hacía falta comer patatas, se realizaba el trueque entre los agricultores de la Vega y los pescadores de El Zapillo”.

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