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John Mather, nobel de Física, en Almería: "Ya hemos desviado un asteroide: es solo el comienzo"

El padre del telescopio James Webb asegura que los nuevos descubrimientos están obligando a reescribir cómo nació el cosmos

John Mather, premio nobel de Física, visita Almería por las Jornadas Astronómicas.

John Mather, premio nobel de Física, visita Almería por las Jornadas Astronómicas.Taylor Mickal

Elena Ortuño
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Un nobel de Física en Almería y es que, cuando John Mather habla sobre los orígenes del universo, transmite la sensación de que las propias raíces del cosmos toman la palabra. El astrofísico de la NASA —galardonado con el Premio Nobel de Física por su trabajo decisivo en la confirmación del Big Bang— es considerado una de las figuras científicas más influyentes de nuestra era. Su trayectoria está marcada por dos hitos fundamentales en la astronomía moderna: el satélite COBE y el Telescopio Espacial James Webb.

A mediados de mayo, Mather visitó la Universidad de Almería con motivo de las XIII Jornadas Astronómicas. Durante la entrevista estuvo acompañado por su amigo John Beckman, investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias. Fue precisamente a partir de las investigaciones de Beckman cuando un joven Mather, todavía estudiante de doctorado, comenzó a medir la radiación cósmica de fondo

De aquella colaboración nació una relación científica —y personal— que ya supera los cincuenta años. En esta charla, se revela no solo el físico que desentraña el universo, sino también el niño curioso que creció en una granja de Nueva Jersey soñando con el cielo.

"Mi vida transcurrió entre vacas y libros de ciencia"

Mather recuerda que creció en una granja experimental de la Universidad Rutgers, donde su padre investigaba la producción de leche. A los ocho años, una visita al Museo de Nueva York —con su planetario, un meteorito imponente y esqueletos de dinosaurios— despertó su fascinación por la ciencia. Desde entonces devoró cuanto libro caía en sus manos, especialmente biografías de figuras como Galileo o Darwin. 

Vivir en el campo limitaba el acceso a materiales avanzados, pero sus padres se encargaron de estimular su curiosidad. En la adolescencia empezó a asistir a cursos de verano de física y matemáticas que marcaron su rumbo académico. Ya en la universidad, se enamoró de la relatividad y la mecánica cuántica. Y cuando llegó el momento de elegir tema de tesis, decidió sumarse a los primeros intentos por medir la radiación cósmica de microondas. Así inició un camino que terminaría llevándolo a la NASA.

El Nobel y los misterios siguen abiertos

La agencia espacial estadounidense lanzó una convocatoria para nuevas misiones y Mather propuso estudiar la radiación de fondo desde el espacio. De ahí nació el proyecto que, junto a George Smoot, le valió el Nobel en 2006. “Al principio pensé que nada saldría bien —recuerda—. Tenía 28 años”. Sin embargo, en 1989 el satélite fue lanzado y, en apenas semanas, permitió confirmar la expansión del universo y caracterizar su espectro.

Pero, pese a aquel gran avance, siguen existiendo preguntas enormes. Mather destaca tres enigmas principales: la materia oscura, cuya presencia solo puede inferirse por su efecto gravitatorio; la energía oscura, responsable de la aceleración de la expansión del universo; y la inflación cósmica, esa expansión vertiginosa que pudo ocurrir instantes después del Big Bang. A ello se suma un reto vasto: comprender cómo se formaron las galaxias, procesos que combinan física, química y condiciones únicas en cada región del cosmos.

IA, telescopios espaciales y nuevas herramientas

Según Mather, la inteligencia artificial ya forma parte del trabajo de los astrofísicos: permite identificar patrones invisibles al ojo humano y acelerar simulaciones complejas sobre la evolución de galaxias. Además, recuerda que la mayor revolución tecnológica sigue siendo la observación desde el espacio. De ahí el papel fundamental del telescopio James Webb, su segundo gran proyecto, especializado en el infrarrojo.

El Webb ha puesto en cuestión modelos previos sobre la formación temprana de galaxias y ha reabierto debates sobre el origen de los agujeros negros supermasivos. También nos enfrenta a la eterna incógnita: si existe vida en otros mundos. La aparición temprana de vida en la Tierra sugiere que no es imposible que exista en otros lugares, aunque la inteligencia —admite— podría ser extremadamente rara.

Entre incertidumbres políticas y certezas científicas

Sobre cómo podrían afectar los cambios políticos en Estados Unidos a la NASA, Mather se muestra prudente: “Nada está decidido hasta que el Congreso apruebe los presupuestos”. Prefiere centrarse en el camino científico, convencido de que la cosmología avanza aunque ciertos objetivos —como detectar materia oscura en laboratorio— sigan sin alcanzarse.

Para él, cada estrella y cada planeta tiene su propia historia. Aunque la Tierra parezca especial por su configuración, todavía no tenemos instrumentos capaces de detectar planetas gemelos con suficiente detalle. El gran desafío del futuro es construir telescopios que puedan analizar atmósferas de mundos similares al nuestro en busca de señales de vida.

Un mensaje para quienes quieren estudiar el universo

Mather concluye con un consejo lleno de optimismo: este es un gran momento para dedicarse a la ciencia. Los descubrimientos se suceden con rapidez y ayudan a afrontar problemas globales como el cambio climático o la protección frente a asteroides. “Ya hemos logrado desviar uno —recuerda—. Estamos aprendiendo a cuidar nuestro planeta y a asegurar el futuro de la humanidad”.

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