Carrete de Almería: "Una cosa es que te guste el flamenco y otra, entenderlo"
Detrás de su trabajo como vendedor de lotería se esconde una voz flamenca desgarrada y cautivador

Casto García, Carrete de Almería, junto al autor de esta entrevista Antonio Hermosa en la puerta de entrada al Mercado Central
Lo llevo viendo desde hace décadas por las calles del centro de Almería. Casto García Cortés, “Carrete de Almería”. 67 años, nacido un 28 de marzo de 1958 a los pies de la Alcazaba, en una modesta vivienda en las Cuevas del Pecho, en pleno corazón de La Chanca de Almería. Siempre lo vemos en su papel de lotero, vendiendo lotería, aunque los que lo conocemos sabemos que su afición es el flamenco. “Hombre, cuando mi madre me trajo al mundo, pienso que estaba ya cantando que su vientre. Eso lo llevo yo grabado en el alma y no se puede olvidar nunca”.
Casto es de una familia humilde de gitanos y, desde muy pequeño ha disfrutado del buen cante, una esencia que ha caracterizado a muchos naturales de La Chanca-Pescadería. “Antes, allá arriba, donde yo vivía, siempre se escuchaban guitarras. Pero el cante es una cosa que no se aprende, el cante es un don de Dios, que si te lo da Dios, bien, si no, nada. Se puede enseñar a tocar los tambores, la guitarra, a bailar. Todo lo que usted quiera, pero el cante flamenco no”.
La esencia flamenca la lleva grabada a fuego.
Mi padre era de Algeciras, primo hermano de Camarón de la Isla. Vino a Almería, conoció a mi madre, y se casaron. Llevo la esencia de una familia flamenca. Pienso que Camarón es lo más grande que ha dado el mundo del flamenco. No por la forma en la que él cantaba, sino por su afición al cante. Se puede aprender la canción de este o del otro, pero si no tienes el don, no sirve de nada. Y Camarón lo tenía.
Su afición al flamenco tuvo su punto de proyección el 8 de junio de 1974, cuando ganó en la plaza de toros de Almería el primer premio del concurso de talentos de Televisión Española “La Gran Ocasión”, que presentaba Miguel de los Santos, un programa parecido a “Operación Triunfo”. El premio llevaba aparejado la grabación de un disco, al que tiempo después siguió otro titulado “Que la mar no perdona”, con el que recorrió varios festivales flamencos en Andalucía.
Tras la Gran Ocasión vino a por mí Manolo Caracol, pero mi padre no me dejó irme de Almería, porque decía que en esos ambientes de Madrid había mucho peligro para un niño como yo. Estoy convencido que él hizo lo que pensó que era lo mejor para mí”. Caracol no fue el único artista que se interesó por Carrete de Almería. “Antonio Molina y La Marelu (Magdalena Montáñez) también quisieron que me fuera con ellos de gira cuando se enteraron que había ganado el premio aquí y dijeron, es un pelotazo poder contar con este niño tan joven, pero mi padre tampoco quiso que me fuera con ellos. Ningún padre quiere un mal para un hijo. Estoy seguro que lo hizo con todo el amor.
La fama hizo que Casto participara en muchos festivales flamencos y recorriera muchas localidades de Almería y Andalucía, conquistando al público con su voz desgarrada y cautivadora.
Empecé a cantar y todo el mundo me llevaba a los festivales. He estado cantando en Málaga, en Torremolinos, en Córdoba, en Madrid. Ya no me recuerdo de todos los sitios que he visitado, pero he estado cantando en un montón de ciudades y pueblos.
Desde aquel verano del 74, Carrete no ha parado de dar recitales.
Iba donde me llamaban. He estado cantando en todos los pueblos de Almería y, como he dicho antes, también he estado en mucho sitio fuera de la provincia de Almería.
Sabe que nació iluminado por el mundo del cante flamenco.
Estoy tocado por una barita de un genio.
Tiene los conceptos muy claros sobre este arte declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
El flamenco no se puede ver. Hay gente a la que le gusta el flamenco, pero una cosa es que te guste y otra cosa, muy distinta, entenderlo. Hay muchos palos en el flamenco. Están los tientos, la soledad, el Taranto, la taranta, hay muchos cantes. A usted le puede gustar unos palos y otros no. Depende del gusto de cada persona.
Al quedarse a vivir en Almería, comenzó a vender lotería nacional y repartir suerte por las calles de la ciudad.
La gente me compraba y, poco a poco, me hice con mucha clientela. Después, por la noche me llamaban para cantar e iba y daba las actuaciones.
Se casó y tuvo seis hijos, cuatro mujeres y dos hombres. Todos menos uno viven en Almería. Sus hijos varones tienen un puesto de venta de calzado en el mercado de la Plaza Pavía. Su hogar familiar está situado al comienzo de la avenida del Ancla de Pescadería.
Seis hijos y una compañera extraordinaria, y gracias a Dios he conseguido disfrutar de una familia humilde, pero correcta. Además, tiene 22 nietos y cuatro tataranietos.
Estoy muy feliz y contento con mi familia. Tengo unas niñas que me quieren con locura. Cuando yo me pongo malo, se ponen locas y están ahí para atenderme. Soy el hombre más feliz del mundo.
De momento, solo su hija, que vive en Málaga, ha seguido sus pasos en el mundo del flamenco.
Tengo una hija en Málaga que canta con una musicalidad que, claro, hay mucha gente que piensa este habla con voz de padre. Pero no, si tengo que decirlo, yo a mis niños les digo si saben cantar. Porque para qué vamos a engañarnos. A la corta o a la larga se te ve el plumero. Sin embargo, mi niña, resulta que tiene otra voz muy graciosa y cuando estamos en el culto, canta alabanzas para Dios, que es una maravilla.
Carrete reconoce que ya no le llaman tanto para acudir a recitales flamencos.
Lo que pasa es que ahora la gente me tiene un poco olvidado, pero bueno, yo ya eso no lo echo a cuenta.
Está muy considerado en las peñas flamencas de Almería.
Hace unos años la peña flamenca de El Taranto me dio una placa de reconocimiento considerado uno de los mejores cantores de Almería.
Pero, el pasado 17 de mayo, el cantante Edu García, que es hijo de un sobrino suyo, le pidió que participara en los recitales flamencos que se están celebrando a los pies de la Alcazaba, muy cerca de donde él nació, en la explanada del Mesón Gitano.
Me hizo muy feliz. Me llamó y me preguntó si quería cantar. Por supuesto dije que sí. Me contestó, pues vente para allá, y me salió una noche redonda. Cante bastante por soleás, por malagueñas, y la gente agradeció el volver a verme encima de un escenario después de tanto tiempo.
Lo sigue llevando en la sangre y se le ilumina la cara cuando hablamos de cómo se ha ido modelando su voz.
Hombre, cuando uno empieza tan joven tiene muchas voces. Pero cuando uno ya es una persona madura, ya sabe hasta dónde debe subir. Claro que, al principio, uno empieza a cantar para arriba y, con el tiempo, ya no da voces, y tiene el cante de melodía.
Tiene muy claro que lo más valioso que tiene es seguir siendo embajador de este tipo de música tan especial que es el flamenco.
Hay quien dice que el cante es una música de estudio. No es así. El que transmite, transmite y el que no transmite, no transmite. Aunque lo llevarán a la academia más grande del mundo. O transmites o no transmites. Eso es el flamenco para mí.
Es un hombre tranquilo y sencillo, parco en palabras, excepto cuando se habla con él de flamenco.
No hace falta tanto para vivir. Venimos a esta tierra desnudo, y desnudo nos vamos a marchar. Entonces, lo importante es respetar a todo el mundo y si usted le puede hacer un favor a alguien, pues hazlo. Eso es lo más bonito de la tierra, el respeto y ya está. Una vez que se pierda el respeto se pierde toda la humanidad, pasa lo mismo en el matrimonio, con los hijos. El respeto es una cosa fundamental.