Almería, cinco milenios de historia bajo nuestros pies
Del primer metal a las ciudades de al-Ándalus, un viaje por algunos de los yacimientos que convierten a Almería en uno de los grandes territorios arqueológicos del Mediterráneo

Excavaciones arqueológicas en la Alcazaba de Almería.
Hay una forma sencilla de viajar por la historia de Almería: mirar al suelo. Bajo los campos, los cerros y las calles de la provincia permanecen poblados de hace 5.000 años, tumbas monumentales, ciudades portuarias, talleres, viviendas, murallas y fortalezas. Algunos de estos enclaves forman parte ya del imaginario colectivo; otros apenas son conocidos fuera del ámbito científico, pero todos contribuyen a formar una de las historias arqueológicas más ricas del Mediterráneo.
El Día de la Arqueología, que se celebra este 18 de agosto, es una buena ocasión para recordar que esta disciplina ya no se limita a recuperar objetos antiguos. Hoy busca comprender cómo vivían las sociedades del pasado, cómo se organizaban, de qué recursos disponían y cómo se relacionaban con su entorno. Y pocas provincias ofrecen un escenario tan privilegiado para responder a esas preguntas como Almería.
De Los Millares a El Argar
El viaje puede comenzar en Los Millares, en Santa Fe de Mondújar, uno de los grandes referentes de la prehistoria europea. Sus murallas, fortines y necrópolis muestran una sociedad capaz de organizar un territorio, trabajar el metal y establecer diferencias sociales hace unos 5.000 años.
Además, el yacimiento sigue siendo objeto de investigación y mantiene viva una vieja aspiración: alcanzar el reconocimiento como Patrimonio Mundial de la Unesco.
La historia prehistórica almeriense, sin embargo, no termina ahí. En Abla, Los Milanes y el Peñón de las Juntas conservan vestigios de las comunidades de la Edad del Cobre, mientras que en Gádor, Jalbos y Llano del Ron forman parte de un paisaje funerario megalítico que demuestra que la monumentalidad prehistórica se extendió mucho más allá de los grandes poblados.
En Antas aparece otro nombre imprescindible: El Argar. El yacimiento que dio nombre a una de las culturas más importantes de la Edad del Bronce permite comprender una sociedad fuertemente jerarquizada a través de sus viviendas, áreas productivas y enterramientos.
Muy cerca, Cabezo María ilustra otra de las características que hacen especialmente interesante el patrimonio almeriense: la superposición de épocas. El mismo territorio fue ocupado y transformado por sociedades diferentes a lo largo de milenios.
La secuencia se repite en otros puntos de la provincia. Almizaraque remite a las primeras sociedades metalúrgicas; Fuente Álamo, en Cuevas del Almanzora, al mundo argárico; y Villavieja, en Berja, reúne huellas de distintas etapas históricas. Porque Almería reúne, en pocos kilómetros, múltiples pasados superpuestos.
El Mediterráneo como puente
Con el paso de los siglos, el mar se convirtió en protagonista. En Adra, el Cerro de Montecristo conserva las huellas de Abdera, una ciudad de origen fenicio que mantuvo su importancia durante la época romana. En Villaricos, la antigua Baria testimonia la integración de la costa almeriense en las grandes rutas comerciales mediterráneas.
A ellas se suman Murgi, en El Ejido, o Turaniana, en Roquetas de Mar, enclaves que ayudan a entender hasta qué punto el Mediterráneo fue una vía de comunicación por la que circularon mercancías, personas, tecnologías e ideas. Las ciudades almerienses formaron parte de redes mucho más amplias de lo que sugieren hoy sus ruinas.
La huella de al-Ándalus
La Edad Media abrió un nuevo capítulo. En Pechina, Bayyana fue uno de los grandes centros urbanos de los primeros siglos de al-Ándalus. En Vera, la antigua Bayra continúa revelando información sobre la evolución de una importante ciudad medieval cuya historia quedó marcada por el terremoto de 1518.
También avanzan las investigaciones en Mojácar la Vieja y Macael Viejo, dos asentamientos que ayudan a comprender mejor la organización del territorio andalusí.
La capital aporta otro capítulo esencial. A los pies de la Alcazaba, las excavaciones del Barrio Andalusí han permitido acercarse a la vida cotidiana de la antigua ciudad, mientras que las necrópolis medievales ofrecen información valiosa sobre sus habitantes y sus costumbres.
Por encima de todo ello se alza la Alcazaba. Su nuevo Proyecto General de Investigación, previsto para el periodo 2026-2029, se centrará en el segundo recinto y la ladera norte, con el objetivo de ordenar y unificar científicamente la enorme cantidad de información generada por las distintas intervenciones realizadas en el conjunto.
Retos
Pero el patrimonio arqueológico almeriense no se enfrenta solo al desafío de descubrir nuevos hallazgos. También debe afrontar la conservación, el estudio y la difusión de un legado acumulado durante décadas de excavaciones.
Como señala el arqueólogo almeriense Lorenzo Cara, la arqueología contemporánea ha ampliado su mirada y ya no estudia únicamente los yacimientos, sino también los paisajes, los recursos, las rutas de comunicación y la relación entre las sociedades y su entorno. "Se ha pasado del yacimiento al paisaje y del objeto aislado al contexto", resume.
Ese cambio implica que la investigación no termina cuando concluye una excavación. Los trabajos de laboratorio, restauración, análisis y publicación son fundamentales para interpretar los hallazgos y convertirlos en conocimiento útil para la sociedad.
Cara recuerda además que una parte importante de la información obtenida durante décadas de campañas arqueológicas todavía debe traducirse en estudios, publicaciones y proyectos de divulgación. "Descubrir un yacimiento es solo el primer paso; comprenderlo y compartirlo resulta igual de importante", afirma.
A ello se suma la necesidad de proteger enclaves poco conocidos y seguir investigando zonas del interior de la provincia que conservan un enorme potencial arqueológico. Municipios como Chirivel o Purchena son ejemplos de territorios donde aún queda mucho por explorar.
Una historia que sigue abierta
Los Millares, El Argar, Abdera, Baria, Bayyana, Bayra, Mojácar la Vieja o la Alcazaba son solo algunos capítulos de una historia que continúa escribiéndose.
"Cada excavación y cada nuevo hallazgo pueden modificar lo que sabemos sobre el pasado; una fotografía aérea puede revelar estructuras invisibles durante décadas, y un fragmento cerámico puede aportar información decisiva sobre una ruta comercial desconocida". Como concluye Lorenzo Cara, "Almería no necesita inventarse un pasado extraordinario, lo extraordinario es que todavía lo conserva. Porque en esta provincia el pasado no está solo en los museos, sino que en buena medida, sigue bajo nuestros pies".