“Tratar a las personas como nos gustaría ser tratados es la clave de los cuidados”
La Voz de Almería presenta la serie de relatos “Una mirada a las mujeres que dan sentido al trabajo en Clece”

María Luisa Berenguer Jiménez, directora de la Residencia de Mayores de Adra.
Con motivo del 8M, La Voz de Almería publicaba un artículo en el que se conocía la vida y motivaciones de 9 mujeres trabajadoras en los distintos servicios que Clece y filiales ofrece en la provincia.
Desde ahora y hasta finales del mes de abril, esta serie de relatos titulada “Una mirada a las mujeres que dan sentido al trabajo en Clece”, continuará ampliándose con nuevas historias que ponen el foco en mujeres que, desde ámbitos muy distintos, contribuyen a construir una sociedad más cercana y humana.
Hoy comenzamos este recorrido con la entrevista a Mª Luisa Berenguer Jiménez, directora de la Residencia de Mayores de Adra, una mujer que acompaña la vida desde la responsabilidad, la gestión y el compromiso con el cuidado de las personas mayores.
¿Qué la llevó a dedicar su carrera profesional al ámbito del cuidado de las personas mayores?
Lo que empezó por azar, se convirtió en vocación.
En mi caso, el inicio en este ámbito fue circunstancial. Me presenté a una oferta como administrativa en una empresa dedicada al sector de atención a personas mayores, especialmente residencias, y comencé a trabajar allí.
Sin embargo, lo que empezó como una oportunidad laboral se fue convirtiendo en un compromiso profesional. A medida que fui creciendo dentro de la organización y asumiendo nuevas responsabilidades en gestión, descubrí la importancia y el impacto real que tiene este trabajo en la vida de las personas.
Esa evolución me llevó a especializarme y a asumir puestos de mayor responsabilidad, hasta llegar a la dirección. Hoy en día, más que una casualidad, considero que es una elección consciente, basada en la experiencia y en la convicción de que este trabajo tiene un propósito muy significativo.
¿Hubo algún momento o experiencia que marcara especialmente su manera de entender el cuidado?
Más que un momento concreto, ha sido toda mi trayectoria profesional la que ha ido marcando mi manera de entender el cuidado.
Para mí, hay una idea clave que guía mi forma de dirigir y de cuidar: tratar a las personas como me gustaría que me trataran a mí. Eso implica respeto, empatía, cercanía y una atención de calidad, no solo en lo asistencial, sino también en lo humano.
¿Qué valores intenta transmitir a los equipos que trabajan con usted?
Principalmente, el respeto y la responsabilidad, porque considero que son la base de un buen cuidado. Respeto hacia las personas mayores, hacia sus familias y también entre los propios compañeros; y responsabilidad entendida como el compromiso real con el trabajo que realizamos cada día.
En definitiva, busco que el equipo entienda que cada pequeño gesto cuenta y que nuestro trabajo tiene un impacto directo en la calidad de vida de las personas.
Cuando hablamos de cuidados, ¿qué es lo más importante, más allá de la atención técnica?
Más allá de la atención técnica, lo más importante en los cuidados es la calidad humana. Podemos tener buenos procedimientos y conocimientos, pero si no hay empatía, respeto y cercanía, el cuidado queda incompleto.
Para mí, es fundamental ver a la persona más allá de su estado de salud, entender su historia, sus emociones y sus necesidades individuales.
También destacaría la importancia de la escucha, como he comentado antes y del trato digno en el día a día, en los pequeños gestos: cómo nos dirigimos a ellos, cómo respetamos sus tiempos o cómo les hacemos partícipes de su propio cuidado. En definitiva, el componente humano es lo que convierte un buen servicio en un “cuidado de calidad”.
¿Cómo se consigue que una residencia sea realmente un hogar para quienes viven en ella?
Para que una residencia sea realmente un hogar, es fundamental crear un entorno donde la persona se sienta respetada, escuchada y parte activa de su día a día. No se trata solo de cubrir necesidades, sino de generar bienestar.
En este sentido, hay un aspecto clave que considero fundamental: mantener y fomentar el vínculo con las familias. Además, es importante personalizar los espacios, respetar rutinas, gustos y preferencias, y crear un ambiente cercano.
También influye mucho el equipo: cuando los profesionales trabajan desde la cercanía, la empatía y la continuidad en el cuidado, se genera un clima más familiar.
¿Cada mujer que entra en la residencia trae consigo una vida entera. ¿Qué le enseñan ellas a usted cada día?
Cada mujer que entra en la residencia trae consigo una vida llena de experiencias, esfuerzo y aprendizaje. En mi caso, siento que cada día me enseñan el valor de una generación de mujeres especialmente fuertes y trabajadoras.
Son mujeres que han sacado adelante familias, que han vivido épocas difíciles y que, en muchos casos, han sabido adaptarse a grandes cambios a lo largo de su vida.
Esa capacidad de esfuerzo y de superación es algo que me inspira. Además, me enseñan la importancia de las cosas sencillas: la cercanía, el agradecimiento, la importancia de sentirse acompañadas y escuchadas.
Trabajar con ellas me recuerda cada día que detrás de cada persona hay una historia única que merece ser respetada y valorada, y que nuestro papel es acompañarlas con la dignidad y el reconocimiento que se han ganado a lo largo de su vida.
¿Cree que, como sociedad, somos conscientes de todo lo que han aportado estas mujeres a lo largo de su vida?
Creo que, como sociedad, hay una parte que sí es consciente del valor y de todo lo que han aportado estas mujeres, pero también hay otra parte que aún no lo reconoce suficientemente.
Muchas de ellas han vivido épocas complejas, han trabajado incansablemente dentro y fuera del hogar y han sostenido familias y entornos sin apenas reconocimiento. Gracias a ellas hemos heredado valores, estabilidad y avances que hoy damos por hechos.
Por eso, creo que desde nuestro ámbito también tenemos una responsabilidad: no solo cuidar, sino poner en valor sus historias, reconocer su legado y darles el lugar que merecen.
Si tuviera que definir el cuidado en una frase, ¿cuál sería?
Cuidar es acompañar con respeto, responsabilidad y humanidad, poniendo siempre a la persona en el centro y tratándola como nos gustaría ser tratados.