Cinco jóvenes almerienses construyen la máquina que fabrica los envases de las lasañas del supermercado
Javier, Jesús, Víctor, José Miguel y Joaquín han sido los encargados de diseñar y construir desde cero la máquina industrial que ya funciona a pleno rendimiento

Javier y Jesús junto a la máquina de envases en funcionamiento.
Cinco jóvenes emprendedores almerienses han logrado lo que parecía improbable: diseñar y construir desde cero una máquina industrial capaz de fabricar los envases de madera de lasañas refrigeradas que ya se venden en supermercados y que pronto llegarán a más países de Europa.
Detrás del proyecto están Javier Expósito, Jesús Otazu, Víctor Robles, José Miguel Batlles y Joaquín Uroz, un equipo que hace apenas un año decidió dar el salto al emprendimiento tras acumular experiencia en el sector de la maquinaria industrial. Su primer gran reto no fue una máquina agrícola ni una línea de envasado convencional, sino un sistema capaz de transformar una simple lámina de madera en una bandeja lista para contener lasañas frescas.
La historia comenzó cuando una empresa fabricante de envases de madera buscaba una alternativa a una máquina italiana que, pese a funcionar, presentaba problemas de servicio técnico y mantenimiento. La demanda de estos envases estaba creciendo a gran velocidad debido a la expansión europea de uno de sus principales clientes: un fabricante de lasañas refrigeradas.
"Nos propusieron el proyecto y, aunque era un sector que no conocíamos en profundidad, teníamos experiencia diseñando maquinaria y decidimos asumir el reto", explica el equipo.
La madera gana terreno frente al plástico y el aluminio
Uno de los aspectos más interesantes del proyecto es que responde a una tendencia cada vez más visible en la industria alimentaria: la sustitución de materiales tradicionales como el plástico o el aluminio por alternativas más sostenibles.
Los envases de madera utilizados para lasañas refrigeradas ofrecen varias ventajas. Proceden de una materia prima renovable, generan una menor huella ambiental y son percibidos por los consumidores como una opción más natural y respetuosa con el medio ambiente. Además, al tratarse de productos frescos que se conservan refrigerados, la madera mantiene mejor la rigidez del envase y resiste la humedad sin deformarse.
La apuesta por este material también encaja con las crecientes exigencias europeas para reducir el uso de plásticos de un solo uso y fomentar soluciones más sostenibles en la industria alimentaria. De hecho, la demanda de envases de madera no se limita ya a las lasañas. El sector está explorando su aplicación en frutas, verduras y otros alimentos, lo que abre nuevas oportunidades de negocio para fabricantes de envases y para empresas de maquinaria como la creada por estos cinco jóvenes almerienses.
Además, el proceso productivo aprovecha prácticamente toda la materia prima. Los recortes y restos de madera que se generan durante la fabricación no se desperdician, sino que se reutilizan como combustible para las calderas que aportan el calor necesario en el tratamiento posterior del material, contribuyendo a una economía más circular y eficiente.
De una tabla de madera a una bandeja en un segundo
La máquina desarrollada por los cinco socios recibe como materia prima una lámina de madera y realiza todo el proceso de corte, conformado, plegado y pegado hasta obtener la bandeja terminada.
El resultado es una producción capaz de alcanzar alrededor de 12.000 envases por turno de trabajo, una cifra que permite responder a una demanda creciente en un mercado que cada vez apuesta más por materiales sostenibles frente a otros envases tradicionales.
La primera creación de estos emprendedores lleva apenas un mes funcionando, pero el éxito del proyecto ya ha generado nuevos encargos. La segunda unidad está en fabricación y una tercera podría llegar próximamente.
Pintura, jornadas maratonianas y una carpa de feria: las anécdotas de un año de trabajo
Detrás de la imagen de alta tecnología que proyecta una máquina industrial capaz de fabricar miles de envases por turno hay también muchas horas de improvisación, esfuerzo y algunas situaciones que hoy los cinco socios recuerdan entre risas.
El proyecto arrancó hace aproximadamente un año y durante buena parte de ese tiempo los integrantes del equipo tuvieron que compaginar su empleo habitual con el desarrollo de la nueva máquina. Después de cumplir sus jornadas laborales, continuaban trabajando varias horas más en el taller para avanzar en el diseño, la fabricación y el montaje. "Había días en los que salíamos de una empresa y veníamos directamente aquí a echar otras cinco horas", recuerdan.
Una de las anécdotas más llamativas llegó durante la fase de pintura de la estructura. Como no disponían de una cabina industrial donde aplicar el tratamiento anticorrosión a las piezas metálicas, tuvieron que buscar una solución poco convencional: comprar una carpa hinchable similar a las utilizadas en ferias y eventos.
"Parecía que íbamos a montar una feria más que una fábrica", bromean. Equipados con máscaras de protección y sistemas de ventilación, transformaron aquella enorme carpa en una improvisada cabina de pintura donde pudieron terminar las piezas sin llenar de pintura todo el taller.
También hubo momentos de presión cuando los plazos de entrega de algunos proveedores empezaron a retrasarse. Al tratarse de una empresa recién creada, todavía no contaban con el peso comercial suficiente para exigir tiempos de suministro más ajustados, lo que obligó al equipo a reorganizar constantemente el trabajo para no incumplir los compromisos adquiridos con el cliente.
Sin embargo, el esfuerzo ha dado resultado. El éxito del primer equipo ha acelerado además la fabricación de nuevas unidades: una segunda máquina ya está en construcción y todo apunta a que pronto llegará una tercera para responder al aumento de la producción.
Tecnología al servicio de la industria
Aunque su primer gran éxito ha llegado con los envases para lasañas, los emprendedores ya piensan en nuevos mercados. Entre ellos, los envases de madera para frutas y hortalizas, un sector especialmente relevante en la provincia de Almería.

Javier Expósito, Jesús Otazu, Víctor Robles, José Miguel Batlles y Joaquín Uroz.
Además, trabajan en proyectos relacionados con la automatización y la inteligencia artificial aplicada al control de calidad industrial, utilizando sistemas de visión artificial capaces de detectar defectos sin necesidad de inspecciones manuales continuas.
Pero más allá de la tecnología, los cinco socios tienen claro cuál es su objetivo. "Queremos diseñar soluciones para empresas que tengan una necesidad concreta. Si alguien necesita una máquina para hacer algo que no existe, ahí es donde queremos estar".
Por ahora, ya pueden presumir de algo poco habitual: ir al supermercado, señalar una lasaña refrigerada y decir que el envase que la contiene ha salido de una máquina diseñada y construida por ellos mismos en Almería.
Porque detrás de esas bandejas de madera que millones de consumidores ven cada día hay cinco jóvenes almerienses que decidieron construir su propia oportunidad.