La Voz de Almeria

Roquetas de Mar

Encurtidos, pan de pueblo y productos de Almería: la tienda de barrio con más de 20 años de historia

Isabel es la segunda generación al frente del negocio familiar y asegura que “no lo cambio por nada”

Isabel junto a su vitrina de encurtidos en Aguadulce.

Isabel junto a su vitrina de encurtidos en Aguadulce.Marina Ginés

Marina Ginés
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En estos últimos años, los encurtidos y las gildas han pasado de ser un producto cotidiano de barra a convertirse en un fenómeno inesperado en redes sociales. En miles de vídeos en plataformas como Instagram o TikTok, influencers prueban, comentan y puntúan combinaciones que van desde la gilda clásica —aceituna, pepinillo, pimiento rojo, anchoa y piparra— hasta versiones más llamativas con cecina o mezclas más creativas.

El fenómeno ha crecido hasta el punto de que algunos puestos de mercadillo en toda España han abierto sus propias redes sociales, han surgido bares especializados donde las gildas y banderillas son el producto central y grandes cadenas como Mercadona han incorporado su propia versión del aperitivo.

Tienda Frutos Secos Isabel en Aguadulce.

Tienda Frutos Secos Isabel en Aguadulce.Marina Ginés

Pero todo eso, en Aguadulce, se mira desde la distancia de lo cotidiano. En plena avenida de Carlos III, en el número 557, se encuentra un pequeño templo del producto local que lleva más de dos décadas formando parte de la vida diaria del barrio.

Allí no hay fórmulas nuevas ni estrategias de marketing. Solo producto y costumbre: patatas fritas de Tíjola, fritada de Suflí, aceitunas de mesa almerienses o pan de masa madre hecho en horno de leña en Felix. No es un local pensado para llamar la atención. Es un comercio de los que funcionan por repetición, por confianza y por rutina. Isabel lo resume sin rodeos: “Aquí vendemos de todo”.

Un negocio que pasa de padres a hija

Isabel García Mejías es la actual responsable de Frutos Secos Isabel, un negocio familiar que ya va por su segunda generación. “Mis padres llegaron en el año 96 desde Madrid a Roquetas de Mar y abrieron esta misma tienda aquí en Aguadulce”, explica.

Frutos secos a granel.

Frutos secos a granel.Marina Ginés

El negocio creció hasta el punto de que, con el tiempo, Isabel abrió una segunda tienda en el centro de Roquetas de Mar. Durante años, padres e hija trabajaron en paralelo, manteniendo dos locales abiertos con la misma fórmula: cercanía, trato directo y producto de calidad.

Sus padres, Manuel y Maribel, han sido parte esencial de ese recorrido. Aunque ya están jubilados y la salud de Maribel no le permite estar tan activa como antes, Isabel lo tiene claro: “Mi padre sigue pasando por la tienda siempre que puede”. No es solo costumbre, es una forma de seguir ligado a lo que ha sido su vida durante décadas.

Bollería en la tienda Frutos Secos Isabel en Aguadulce.

Bollería en la tienda Frutos Secos Isabel en Aguadulce.Marina Ginés

Con el paso del tiempo, y tras algunos problemas con uno de los locales, Isabel decidió cerrar la tienda del centro y quedarse con la de Aguadulce, la original, la de siempre.

El ritmo de una tienda de barrio

Hoy, el interior del local mantiene un movimiento constante. No hay silencios largos. Entran clientes, saludan, piden lo de siempre y se marchan. Isabel apenas necesita hacer preguntas.

El trasiego de gente es constante en la tienda de frutos secos de Aguadulce.

El trasiego de gente es constante en la tienda de frutos secos de Aguadulce.Marina Ginés

El mostrador reúne de todo: encurtidos, frutos secos, aceitunas, chucherías, bollería y pan. “Esto es un pueblo y los conocemos a todos”, explica, mientras atiende casi sin pausa.

El pan es uno de los pilares del negocio. Cada día guarda entre 50 y 60 barras para una clientela fija que no falla. No es una cifra puntual, es una rutina que se repite.

Aun así, el ritmo de ventas no sigue una lógica exacta. “Hay días que se venden 30 kilos de almendras y otros días 10”, cuenta. No hay previsión cerrada, solo años de experiencia y conocimiento del cliente.

Tradición frente a tendencias virales

Sobre el auge reciente de las gildas y los encurtidos, Isabel no muestra sorpresa. “Los encurtidos los hemos vendido siempre”, asegura. Lo que sí ha cambiado, reconoce, es la variedad.

La gilda clásica sigue siendo la más demandada, especialmente la de anchoa con boquerón y picante. A su lado han ido apareciendo otras versiones con queso o combinaciones distintas, pero sin desplazar a las de toda la vida.

Eso sí, Isabel no disfraza su día a día. Sabe que su trabajo es exigente y constante. “Te tiene que gustar. A mí me encanta el trato de cara al público”, afirma.

La tienda de Frutos Secos Isabel en Aguadulce.

La tienda de Frutos Secos Isabel en Aguadulce.Marina Ginés

Su jornada no siempre termina cuando baja la persiana. “Esto es mi vida. Yo entro aquí a las diez de la mañana y hay días que son las diez de la noche”, explica. Aunque libran los domingos, reconoce que muchas veces vuelve para organizar pedidos, limpiar o dejar todo preparado.

Un futuro incierto

Sobre la continuidad, Isabel es clara. Sus hijos no seguirán con el negocio. “Se pierde”, dice sin rodeos. Y añade el motivo con naturalidad: “La juventud quiere otra calidad de vida, un ritmo de trabajo menos sacrificado”. No hay reproche en sus palabras, solo una constatación del cambio.

A pesar de todo, Isabel sigue ahí, día tras día, viendo entrar y salir a clientes que llevan años repitiendo el mismo gesto: comprar, saludar y volver. Porque una cosa está clara, "todo el que pasa por aquí repite".

Cuando se le pregunta qué significa su tienda y sobre todo Roquetas de Mar para ella, no necesita pensarlo: “Yo no lo cambio.”

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