La Voz de Almeria

Roquetas de Mar

Marius Deac: de restaurar iglesias en Rumanía a referente del tatuaje hiperrealista en Aguadulce

El artista lleva dos décadas tatuando a gente de todas las nacionalidades que pasan por su estudio ubicado desde hace 11 años en Aguadulce

Marius Deac, tatuador hiperrealista de Aguadulce.

Marius Deac, tatuador hiperrealista de Aguadulce.Marina Ginés

Marina Ginés
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En plena avenida  de Carlos III de Aguadulce, en el número 599 a pocos minutos de Roquetas de Mar, hay un estudio donde el arte no solo cuelga de las paredes: se lleva en la piel. Allí trabaja Gheorghe Marius Deac, un nombre que quizá no te suene de primeras, pero cuyo talento ya ha recorrido media España —y parte de Europa— en forma de tatuajes hiperrealistas que parecen fotografías.

Su historia no empieza en Almería, sino en Rumanía, donde desde niño ya apuntaba maneras. “He dibujado desde muy pequeño”, recuerda. Antes de dedicarse al tatuaje, su arte tenía un carácter casi sagrado: restauraba obras y esculturas religiosas en iglesias, una escuela exigente donde aprendió precisión, paciencia y respeto por el detalle.

De los pinceles al tatuaje: un salto casi improvisado

Cuando Marius llegó a España, continuó vinculado al arte, pintando paisajes y cuadros. Pero el destino —o una conversación casual— cambió su rumbo para siempre.

—“Oye, ¿te atreverías a hacerme un tatuaje?”

—“Sí, claro”.

Así, sin más. Sin experiencia previa, pero con la seguridad que da la juventud. “Compramos las máquinas y la tinta y hice mi primer tatuaje”, cuenta. Lo que empezó como una prueba entre amigos se convirtió en una vocación.

Han pasado ya 18 años desde aquel primer intento, y más de una década desde que abrió su propio estudio, Optimus Ink Tattoo, donde lleva 11 años consolidando su nombre como uno de los tatuadores de realismo más reconocidos del panorama nacional.

Optimus Ink Tatoo en Aguadulce.

Optimus Ink Tatoo en Aguadulce.Marina Ginés

Aprender sin red: los inicios de una profesión en auge

Los comienzos no fueron fáciles. En una época sin la avalancha de cursos, seminarios y academias actuales, Marius se formó prácticamente solo. “Aprendía con vídeos de YouTube, CDs, muchos en otros idiomas…”, explica.

Su primera oportunidad profesional llegó apenas seis meses después de empezar, en un pequeño espacio dentro de una tienda de cosméticos. Allí pasó casi tres años perfeccionando técnica y estilo, siempre fiel a lo que mejor sabía hacer: el realismo.

“No tenía referentes concretos. Simplemente quería hacerlo lo mejor posible”, afirma. Esa filosofía —centrarse en la calidad del trabajo— es, según él, la clave de su éxito: “Un trabajo bien hecho es lo que te trae más trabajo”.

Hiperrealismo: tatuajes que parecen fotografías

Si algo define el trabajo de Marius es su capacidad para trasladar el realismo del papel a la piel. Rostros, miradas, recuerdos… todo cobra vida en tinta negra y gris.

Un tatuaje de este nivel no es rápido: una pieza de retrato puede llevar entre 7 y 8 horas de trabajo, con pausas necesarias para el cliente y el artista. El resultado, sin embargo, es permanente… y espectacular.

“Ver uno de sus tatuajes es casi como ver una fotografía en blanco y negro”, comentan muchos de sus clientes.

Un estudio con agenda llena… desde el primer día

Abrir su propio estudio en Aguadulce fue un punto de inflexión. Y también una sorpresa.

“La primera semana ya teníamos citas para casi seis meses”, recuerda. No era casualidad: su reputación ya venía creciendo tras años trabajando en otros estudios.

Hoy, por su camilla pasan clientes de toda la provincia de Almería, pero también de fuera: Murcia, Granada, Motril… incluso países como Suiza o su Rumanía natal.

El mundo del tatuaje ha evolucionado, y Marius lo ha hecho con él. Si antes predominaban los catálogos con diseños repetidos, ahora todo gira en torno a la personalización.

“Hoy no tenemos catálogos. Trabajamos con ideas, con fotografías, con lo que el cliente quiere contar”, explica. Cada tatuaje es único, diseñado específicamente para quien lo lleva.

Más allá de la tinta: libertad y expresión

Para Marius, el tatuaje no es solo estética. También es una forma de expresión y, en cierto modo, de libertad.

“Tatuarte es sentir que puedes hacer lo que quieras, sin depender de lo que piensen los demás”, afirma. Aunque reconoce que aún existen prejuicios —especialmente en el ámbito laboral—, la percepción social ha cambiado mucho en los últimos años. Cada vez más jóvenes apuestan por tatuarse, y el sector no deja de crecer.

Tras miles de horas de trabajo, Marius tiene claro cuál es el mayor enemigo de un tatuaje: el sol.

“Usar protección solar y evitar la exposición directa es clave para mantenerlo en buen estado”, aconseja. El tipo de piel también influye en cómo envejece la tinta, pero el cuidado diario marca la diferencia.

Un artista hecho a sí mismo… y con los pies en la tierra

A pesar del reconocimiento, Marius mantiene una visión sencilla de su profesión. No habla de éxito, sino de constancia. “No pensaba que me iría tan bien. Solo quería aprender y hacer bien mi trabajo”, dice.

Quizá ahí esté la clave: en la humildad de quien empezó tatuando a un amigo sin saber que, años después, su arte recorrería miles de kilómetros… grabado para siempre en la piel de quienes confían en él.

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