El coleccionista de Roquetas que guarda camiones de la II Guerra Mundial y uniformes centenarios
Félix Almonacid guarda una colección única que muestra en recreaciones históricas por toda Europa y presta a producciones cinematográficas.

Félix Almonacid junto a su prometida Mónica Juarez en el Festival de Cine de Almería.
En una nave discreta de Roquetas de Mar, el tiempo parece haberse detenido. Allí descansan camiones militares que circularon en plena II Guerra Mundial, motos con sidecar, jeeps utilizados por el ejército español y uniformes que pertenecieron a soldados reales hace más de un siglo. Entre ellos, un GMC CCKW de 1943, otro camión que sirvió en Corea y Vietnam, dos Jeep Viasa españoles y decenas de piezas originales que hoy serían dignas de cualquier museo. Su propietario es Félix Almonacid Mora, un coleccionista que no solo acumula objetos, sino que rescata fragmentos de historia que estuvieron a punto de desaparecer.

Félix conduciendo un de sus vehículos históricos.
“Cuando tienes una pieza que ha pertenecido a una persona real, que sabes que la utilizó, eso tiene un valor incalculable”, explica. En su colección conviven cascos, medallas, cantimploras, utensilios cotidianos, documentos y uniformes que narran el día a día de los soldados más allá de los campos de batalla. Algunos de esos objetos han terminado en museos europeos. Otros han servido para recrear guerras en el cine. Pero muchos simplemente sobreviven gracias a él.
La pieza que no vendería jamás: un uniforme de 1922
Entre todas sus reliquias hay una que ocupa un lugar especial: un uniforme completo de cazadores alfonsinos de Villarrobledo, fechado en torno a 1922. No es solo su antigüedad lo que lo convierte en una rareza, sino su integridad. Todas las piezas pertenecieron al mismo soldado, algo extremadamente difícil de encontrar.

Con la cocina de campaña haciendo la comida para los recreadores de Roquetas de Mar.
“Lo normal es conseguir una chaqueta por un lado, unas medallas por otro… y completar el uniforme poco a poco. Pero este es completo, todo es original de la misma persona”, explica. Por eso no lo vende. Lo conserva para exposiciones, consciente de que hay piezas que tienen más valor histórico que comercial.
Muchas de las reliquias que hoy guarda llegaron a él gracias al boca a boca. Familias que conservaban objetos de abuelos o bisabuelos militares y que no sabían qué hacer con ellos encontraron en Félix a alguien que entendía su valor. “Hay gente que directamente lo tira porque no sabe lo que tiene. Muchas cosas se han perdido así”, lamenta.
De una medalla regalada a una colección única
Su pasión comenzó cuando apenas era un adolescente. El bar de su padre, en la urbanización de Roquetas, era frecuentado por veteranos ingleses y alemanes que habían vivido la Segunda Guerra Mundial. Uno de ellos le regaló una medalla. Aquella pieza cambió su vida.

En la nave Feliz restaura y guarda parte de su colección.
“Ahí descubrí que todavía existían objetos originales y empecé a interesarme”, recuerda. Aquel primer objeto sigue formando parte de su colección, no por su valor económico, sino por su significado personal. Representa el origen de una pasión que ya dura más de tres décadas.
En 2010 abrió su propia tienda, centrada en efectos militares históricos. Aunque conserva el nombre original vinculado a la caza y la pesca, hoy su actividad está dedicada principalmente a la conservación y venta de material militar antiguo. Sus clientes van desde coleccionistas privados hasta museos internacionales.
Restaurar la historia con sus propias manos
Uno de los aspectos más llamativos de su colección es su flota de vehículos militares históricos. Actualmente posee siete, algunos con más de 80 años. Pero llegar hasta ese punto no ha sido fácil. Comprar un vehículo restaurado es prohibitivo, así que Félix los adquiere en mal estado y los reconstruye él mismo.

Fotografía de Félix en 2018 en Vendun Francia.
“Los compro deteriorados y los voy restaurando poco a poco. Les quito el óxido, los imprimo, los pinto… he aprendido a hacerlo con el tiempo”, explica. El proceso puede durar años, pero el resultado es devolver a la vida máquinas que fueron testigos de la historia.
Entre sus vehículos hay modelos utilizados en la Segunda Guerra Mundial, la Guerra de Corea y la Guerra de Vietnam. Cada uno representa una época, un conflicto y una historia distinta.
De Roquetas a Normandía
Su colección no permanece estática. Félix participa regularmente en recreaciones históricas por toda Europa, especialmente en Francia, Bélgica y Alemania. Viaja con frecuencia a Normandía, donde recorre trincheras, memoriales y escenarios reales de combate.

Recreación de la Guerra Civil americana.
En 2018 fue invitado por el ejército francés a participar en los actos del centenario del final de la Primera Guerra Mundial, una experiencia que recuerda como inolvidable. “Dormimos en un cuartel histórico y visitamos el memorial de Verdún. Es una forma de vivir la historia desde dentro”, explica.
Estas recreaciones permiten mostrar al público cómo era la vida de los soldados y contribuyen a mantener viva la memoria histórica.
Piezas que terminan en museos y películas
El alcance de su colección ha traspasado fronteras. Museos de Alemania y la República Checa han adquirido piezas a través de él, y productoras audiovisuales han recurrido a su material para lograr recreaciones fieles en el cine.

Cascos parte de la colección de Félix.
“Hemos alquilado cajas, cantimploras, sacos terreros, utensilios… todo original”, explica. Son objetos cotidianos que aportan autenticidad a producciones que buscan reflejar el pasado con rigor.
Porque en esa nave silenciosa de Roquetas de Mar no solo hay vehículos detenidos y uniformes colgados en perchas. Hay historias que sobrevivieron al barro, al fuego y al paso del tiempo. Historias que viajaron miles de kilómetros y que, décadas después, encontraron refugio en manos de alguien que entendió su valor.
Félix no estuvo en aquellas guerras, pero dedica su vida a evitar que caigan en el olvido. Mientras siga restaurando, viajando y compartiendo sus piezas, el pasado seguirá teniendo un lugar desde el que contar su propia historia.