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La Geoda de Pulpí, clave para reconstruir el clima del pasado en Almería

Un estudio científico ha revelado como el clima de la Tierra de hace 191.000 años

La Geoda Gigante de Pulpí.

La Geoda Gigante de Pulpí.La Voz

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La Geoda de Pulpí, uno de los grandes tesoros geológicos de la provincia de Almería, es mucho más que una maravilla visual que atrae a miles de visitantes a lo largo de todo el año. Según un reciente estudio de la Universidad de Almería (UAL) junto a expertos internacionales, sus enormes cristales de yeso funcionan como una auténtica “cápsula del tiempo” que es capaz de conservar información sobre el clima de la Tierra de hace cientos de miles de años.

Tal y como recoge la investigación publicada en la revista científica Chemical Geology – bajo el título ‘Testing selenite gypsum crystals from caves for reconstructing the stable isotope composition of paleo-aquifers’ –, los cristales de yeso de la Mina Rica, al igual que en la cueva de Naica en México,  sirven como “archivos naturales” gracias al agua que quedó atrapada en su interior durante su formación. Este equipo internacional, con participación de las universidades de Bolonia (Italia), Bergen (Noruega) y la Academia China de Ciencia, ha logrado reconstruir las condiciones ambientales del pasado analizando estas minúsculas gotas y determinando la edad exacta del mineral.

Hace alrededor de 191.000 años

El análisis de los cristales no ha sido tarea sencilla. A diferencia de otros minerales, el yeso contiene cantidades extremadamente bajas de uranio, elemento que se utiliza habitualmente para dar rocas y minerales. Para ello, los investigadores aplicaron una técnica basada en la relación entre el uranio y el torio, dos elementos que permiten calcular con precisión el tiempo transcurrido desde la formación del cristal. Las mediciones se realizaron en un laboratorio especializado de la Academia China de Ciencia en Pekín, uno de los pocos centros del mundo capaces de trabajar con cantidades tan mínimas.

Gracias a este método, los investigadores han podido determinar que la base del cristal analizado en la Geoda de Pulpí se formó hace alrededor de 191.000 años, en un momento en que el agua subterránea circulaba por la roca bajo condiciones muy distintas a las actuales. Condiciones que, a día de hoy, no existen y por tanto ya no permiten que se formen cristales de este tamaño.

Además de conseguir datar una fecha aproximada de su edad, los científicos también lograron extraer el líquido atrapado en el mineral calentando pequeñas muestras, tal y como indica la Junta de Andalucía en una nota. Al analizar la composición isotópica de este agua, es decir, su “firma química”, los investigadores pudieron conocer su origen y las características del entorno en el que quedó atrapada. Esta información ofrece pistas sobre la temperatura, la cantidad de lluvia y el comportamiento del acuífero que permitió que los cristales crecieran lentamente durante miles de años.

Según ha explicado el investigador de la Universidad de Almería, Fernando Gázquez Sánchez, “estos cristales conservan información sobre el agua que circulaba por el acuífero. Como procede de la lluvia que se infiltra en el suelo, su composición nos aporta pistas sobre el clima del pasado”.

Los resultados han mostrado que, a diferencia de la cueva de Naica en México, donde los cristales registran cambios asociados al final de la última glaciación, los datos de la Geoda de Pulpí indican un comportamiento mucho más estable del sistema de agua subterránea, lo que sugiere que el acuífero mantuvo condiciones constantes durante largos periodos de tiempo.

Este hallazgo confirma que la Geoda de Pulpí no es solo un tesoro turístico y geológico, sino también un archivo natural único capaz de conservar información sobre la historia ambiental y climática de la región a lo largo de cientos de miles de años.

Una herramienta para estudiar el clima del pasado

Más allá de la curiosidad geológica, los investigadores señalan que estos cristales podrían convertirse en una herramienta útil para estudiar la evolución del clima a largo plazo. Los modelos climáticos que se utilizan para simular el cambio climático se basan en ecuaciones que describen cómo funciona la atmósfera y los océanos. Para comprobar si esas simulaciones son correctas, los científicos las comparan con registros naturales del pasado, como sedimentos marinos, anillos de árboles o capas de hielo. “Los cristales de yeso podrían convertirse en una nueva fuente de datos para contrastar esas simulaciones con evidencias reales del clima antiguo”, apunta Fernando.

El siguiente paso de los investigadores será aplicar esta técnica a otros depósitos de yeso y a sedimentos de lagos para obtener nuevos registros sobre cómo han evolucionado las lluvias y el clima en distintas regiones del planeta.

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