“Mi hijo está en shock, iba a por él con una navaja”: el padre del menor apuñalado en Villablanca relata el ataque
El Viernes Santo un adolescente de 12 años apuñaló a otro en unas pistas de fútbol

La agresión tuvo lugar en las pistas de la calle Costa de la Luz de Villablanca.
Un vendaje a la altura de la rodilla, aún húmedo de sangre y antiséptico, es la prueba visible de una escena que él no esperaba vivir cuando fue a jugar al fútbol. El chico, apenas un adolescente de menos de 13 años permanece en silencio mientras los sanitarios repasan una y otra vez la herida: limpia, suturada, pero todavía reciente en el cuerpo y en la memoria.
A su alrededor, su familia intenta todavía asimilar lo sucedido con una mezcla de alivio y desconcierto: una agresión el pasado Viernes Santo por parte de otro adolescente de 12 años con arma blanca en un espacio de juego cotidiano. El chico ha estado en shock desde el día en que fue agredido.
También los suyos. Las curas avanzan, pero el impacto permanece. Cuando el apósito se abre y los puntos quedan al descubierto, no solo duele la piel. Vuelve entonces la misma pregunta, insistente, sin respuesta: ¿Por qué a mi?
Dos caras no conocidas en el terreno de juego
El ataque se produjo durante la tarde, cuando el chaval se encontraba jugando al fútbol en las instalaciones deportivas del barrio de Villablanca las que acude habitualmente tras terminar sus tareas escolares. “Mi hijo va casi todos los días cuando termina sus tareas”, explica su padre. “Se junta con los mismos niños de siempre… o con alguno nuevo que aparece, pero lo normal de cualquier crío”.
Aquella tarde, sin embargo, la rutina se rompió con la llegada de varios jóvenes que, según la familia, no eran conocidos en la zona. No formaban parte del entorno habitual de las pistas de ‘futbito’ y, en un primer momento, comenzaron a merodear por el espacio donde jugaban los menores, como si quisieran entorpecer el flujo del partidillo, o hacerse notar entre los integrantes de los equipos. “Eran chavales que no había visto nunca por allí”, relata el padre. “No eran de los que suelen estar en la pista”.
Según su testimonio, la presencia de los jóvenes pronto derivó en una actitud conflictiva. Los chicos que jugaban les pidieron que les dejaran jugar, que les permitieran continuar con la partida sin interferir en el partido.
Sin embargo, lejos de cesar la actitud, la tensión fue en aumento. “Empezaron a insultar, a meterse con los niños”, explica el padre. “Sobre todo con los más pequeños, con los que eran más vulnerables”. En ese contexto, el menor agredido decidió acercarse para intentar mediar. No había, según la familia, ningún enfrentamiento previo ni conocimiento entre ellos. “Mi hijo solo les dijo que les dejaran en paz, que les dejaran jugar”, relata.
Un ataque con "los ojos desorbitados"
Según el relato del menor, recogido por su familia, todo ocurrió de forma repentina y sin margen de reacción. Fue en ese instante cuando la situación cambió por completo. El adolescente percibe cómo uno de los jóvenes se aproxima de forma directa y, en cuestión de segundos, saca una navaja. “Tenía los ojos como desorbitados, con la cara desencajada, me dijo mi hijo”, relata su padre sobre la descripción que le ha hecho su hijo del agresor, aún en estado de shock. “Iba a por él ”, explica el padre, señalando que si el joven no hubiera reaccionado, le podría haber herido en la zona del torso.
El intento de reacción fue instintivo. El chico trató de esquivar el primer ataque y llegó a forcejear con el agresor, agarrándole la mano en un intento de frenar la agresión. Ambos cayeron al suelo entre la confusión del resto de menores que se encontraban en la pista. “Cuando se levantó, se la clavó en la rodilla”, añade el padre. El golpe alcanzó la parte interna de la pierna con una profundidad considerable, producto de "clavar y rajar", matiza el progenitor, obligando a una intervención médica posterior. “Cinco centímetros”, detalla el padre, aún impactado.
Su fortaleza muscular le ha salvado de algo peor
Según la familia, atravesó tejido muscular y obligó a una intervención médica inmediata para evitar daños mayores. “Por suerte no ha afectado a ligamentos o tendones".
El joven, según explica su entorno, practica deporte de forma constante. Además del fútbol, entrena bádminton y mantiene una actividad física regular que, en este caso, habría resultado clave para reducir el alcance de la lesión. Su musculatura, desarrollada por la práctica habitual de deporte, habría actuado como factor de protección frente a un daño mayor en estructuras más profundas de la rodilla. “Los médicos nos dijeron que ha tenido suerte dentro de la gravedad”, explica su padre. “Gracias a que hace mucho deporte y tiene mucha masa muscular para su edad, la cosa no fue a más”.
La familia se enteró de lo ocurrido de forma repentina, a través de la llamada de un vecino que se encontraba en la zona. “Nos llamó mientras paseaba al perro”, recuerda el padre. “Nos dijo que no nos preocupáramos, pero que había habido una agresión y que nuestro hijo estaba allí”. Minutos después, al llegar a las pistas, se encontraron con un despliegue de Policía Nacional, Policía Local y servicios sanitarios, atendiendo a su hijo que, invadido por el shock, solo atinaba a decir "¿por qué?, ¿por qué?, ¿por que hay gente así?".
Detenido por la Policía
El presunto agresor, según relata la familia, huyó del lugar inmediatamente después del ataque. Sin embargo, poco después fue localizado y detenido por la Policía Nacional. “Salió corriendo en el momento en que hizo la agresión, pero luego la Policía ya había conseguido coger al individuo”, explica el padre, que recuerda cómo al llegar a las pistas ya se encontraba allí el dispositivo policial desplegado.
Desde entonces, la recuperación física convive con un impacto emocional que, según la familia, sigue muy presente. El menor ha permanecido en estado de shock desde el día de la agresión y apenas ha logrado asimilar lo ocurrido. “Está bloqueado”, explica su padre. “No quería salir de su habitación, no hablaba… solo repetía una y otra vez lo mismo: ‘¿por qué, por qué, por qué?’”.
En casa, el ambiente es de calma tensa. La familia intenta acompañar al adolescente en un proceso que va más allá de la herida física, mientras tratan de recomponer una normalidad que, de momento, se ha visto completamente alterada. “Es algo que no te esperas nunca”, reconoce el padre. “Ni él ni nosotros podemos entender cómo ha podido pasar”.
El menor, que continúa recuperándose en casa, ha comenzado a recibir visitas de algunos de sus amigos más cercanos, que se acercan para acompañarle en estos días de convalecencia. Según su familia, esos encuentros están ayudando poco a poco a que el chico salga del bloqueo emocional en el que ha permanecido desde la agresión, aunque el proceso sigue siendo lento y marcado todavía por el impacto de lo vivido.
Preocupación por la proliferación de armas blancas
El padre aprovecha para lanzar una preocupación que, asegura, le ha quedado tras lo ocurrido: la presencia de armas blancas entre menores. Habla de una normalización que, dice, le inquieta especialmente en entornos como las pistas deportivas o los grupos de amigos. Por eso hace un llamamiento directo a otros padres para que estén atentos y hablen con sus hijos para evitar que puedan sufrir una suerte parecida a la de su hijo. “No sabes lo que puede llevar un niño en la mochila o en el bolsillo”, advierte. “Esto no debería pasar en ningún sitio, y menos en un sitio donde van a jugar”.