Vuelven a subirse a la duna fósil de Los Escullos enfrentándose a multas de hasta 60.000 euros
La icónica formación de Cabo de Gata vuelve a sufrir el impacto del turismo en sus primeros días de temporada

Uno de los turistas subido a la duna fósil de Los Escullos.
El calendario marca apenas los primeros días de mayo y el Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar ya ha comenzado a mostrar una imagen que se repite cada año: la llegada temprana de turistas al litoral y, con ella, el regreso de las escenas más polémicas en uno de sus enclaves más frágiles, la duna fósil de Los Escullos.
Este fin de semana en pleno puente de mayo, pese a un tiempo aún primaveral y lejos del pico estival, la playa ha recibido a decenas de visitantes. Entre bañistas que aprovechan los primeros rayos de sol, paseos tranquilos por la orilla y fotografías tomadas desde la distancia, se ha repetido también una conducta recurrente: personas subiendo a la duna fósil para inmortalizar el momento desde su cima.
Una imagen aparentemente inocente que, sin embargo, vuelve a encender las alarmas ambientales.
Una duna fósil ya fragmentada y en proceso de degradación
La duna fósil de Los Escullos no es una estructura intacta. Se trata de una formación geológica milenaria que, aunque mantiene su valor paisajístico y científico, presenta ya zonas fragmentadas y deterioradas como consecuencia del paso del tiempo y, especialmente, del impacto humano acumulado.
Níjar
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Mª Ángeles Arellano

Uno de los turistas subido a la duna fósil de Los Escullos.
Las autoridades ambientales llevan años advirtiendo de que el pisoteo continuado está acelerando su degradación. La presión turística no solo altera su superficie, sino que contribuye a la pérdida progresiva de su modelado original, debilitando una estructura que ya es naturalmente frágil y que muestra signos visibles de desgaste en distintos puntos.
El problema es especialmente grave porque no se trata de una simple acumulación de arena: es una formación consolidada hace más de 100.000 años, con estructuras internas que, una vez dañadas, no pueden regenerarse.
Entre la concienciación y la imprudencia
Durante el fin de semana, la escena ha sido desigual. Mientras muchos visitantes contemplaban la duna desde la distancia o la fotografiaban sin pisarla, otros decidían subir directamente sobre la formación para conseguir la imagen más llamativa.

Turistas se fotografían en los alrededores de la duna fósil de Los Escullos.
Una acción que, lejos de ser anecdótica, supone un impacto directo sobre un patrimonio geológico extremadamente frágil. El pisoteo constante altera la estructura superficial, acelera la erosión y puede provocar daños irreversibles en una formación que ha tardado milenios en consolidarse.
Las autoridades llevan años insistiendo en el mismo mensaje: se trata de un espacio protegido, donde el acceso indebido no solo está desaconsejado, sino sancionado.
Multas que pueden alcanzar los 60.000 euros
El marco legal es claro. Subirse a la duna fósil puede constituir una infracción grave o muy grave en función del daño causado al entorno. En los casos más severos, las sanciones pueden llegar hasta los 60.000 euros, especialmente cuando se considera que existe una afección significativa al ecosistema.
Además, la normativa autonómica de protección de espacios naturales contempla multas mínimas que parten de los 601,02 euros en infracciones graves, lo que sitúa estas conductas dentro de un régimen sancionador real y aplicado.
A pesar de ello, la práctica continúa repitiéndose cada temporada, especialmente en momentos de alta afluencia turística o durante los primeros días de buen tiempo.
Un dispositivo de vigilancia que no siempre basta
Desde hace años, la Junta de Andalucía mantiene dispositivos especiales de vigilancia en el parque, con la presencia de agentes de Medio Ambiente, Guardia Civil y otros cuerpos de inspección. Aunque gran parte de su labor se centra en el control del litoral y el acceso a playas como Mónsul o Genoveses, también se refuerza la vigilancia en enclaves sensibles como la duna fósil.
El problema, según las propias autoridades, no es solo de control, sino de concienciación. Muchos de los accesos indebidos se producen por desconocimiento, aunque otros responden directamente a la búsqueda de la fotografía más llamativa.
Un equilibrio difícil entre turismo y conservación
El caso de Los Escullos vuelve a poner sobre la mesa un debate recurrente en el parque: cómo compatibilizar la creciente presión turística con la conservación de un entorno único.
El paisaje, que atrae cada año a miles de visitantes, es al mismo tiempo un ecosistema frágil y un archivo geológico irrepetible. Cada pisada sobre la duna no solo deja una huella visible, sino que contribuye a la degradación de una estructura formada a lo largo de cientos de miles de años.