“Se ofrecen viviendas que invaden terrenos que no se deberían urbanizar”
Médico jubilado, fue jefe de departamento de Obstetricia y Ginecología de la Universidad de Granada, se declara un enamorado del Parque Natural

Alberto Salamanca, ginecólogo jubilado y poeta, con Antonio Hermosa en San José, Níjar.
Alberto Salamanca Ballesteros, es un ginecólogo de 69 años jubilado, que ha vivido toda su vida en Granada, donde ha ejercido su profesión. “Como profesor de la Universidad de Granada, cuando son asignaturas de medicina clínica, siempre se entiende que se tienen que enseñar al lado del paciente, vinculadas a los hospitales. Estuve primero 18 años en el clínico San Cecilio, que era el emblemático de Granada, y el resto del tiempo, casi otros 20 años, en el Virgen de las Nieves. Y esa ha sido toda la carrera profesional. Tuve en medio un breve salto a las Islas Canarias, donde estuve un año en el Clínico de Tenerife”.
Ejerció como médico y como docente en ginecología y obstetricia. “Son dos profesiones muy exigentes. De un lado, la asistencia clínica, la responsabilidad que eso conlleva y, por otro lado, la docente, que tampoco es moco de pavo. Estas dos cosas juntas han llenado mi vida y, desde luego, no me arrepiento de nada”. Y por sus manos han pasado muchas generaciones de alumnos de medicina. “A 250 alumnos cada año, pues un montón de estudiantes”.
Durante muchos años ha ocupado el cargo de jefe del departamento de Obstetricia y Ginecología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada. En su última etapa le tocó liderar el traslado desde el hospital al nuevo Campus de la Salud. “Estamos hablando de una mudanza física. En aquellos momentos, el espacio del que disponía nuestro departamento era muy reducido y, en la nueva Facultad de Medicina, contábamos con una planta entera. Fue algo súper estupendo, que vino muy bien a los distintos departamentos”. Además, las nuevas instalaciones estaban dotadas de material más moderno. “Antes, ya veníamos haciendo lo que se llamaban los ECOE, los exámenes clínicos estructurados, que no es otra cosa que poner al alumno en la situación clínica a la que se va a enfrentar en el futuro con maniquíes. De modo que era una manera de evaluar la enseñanza muy moderna. Y Granada, en ese sentido, fue referente a nivel nacional”.
Con la experiencia de 40 años de profesión reconoce que la ginecología ha evolucionado mucho, y recuerda que, a lo largo de la historia, la mujer ha estado más marginada en el mundo de la medicina. “Recuerdo cuando comenzaba que una mujer que iba a hacerse una ligadura de trompas tenía que pedir permiso al marido, y tener una autorización firmada por él. Ha cambiado la sociedad en la que nos desenvolvemos. Antes era extremadamente machista. Ahora es bastante más abierta, no del todo feminista. Y si un ginecólogo, un profesor de ginecología tiene que declararse en este sentido, pues siempre se declarará un feminista acérrimo. Esto sin duda”.
Evolucionando
Y esa evolución ha ido en beneficio de la mujer. “Hay que seguir dando muchos pasos, pero sin duda ha evolucionado en beneficio de la mujer. En la cirugía, en adoptar posturas en el parto, en los tratamientos para procesos graves, o en el diagnóstico por imagen a través de la ecografía. Esa ha sido la revolución clínica”.
Hace casi una década Alberto Salamanca sintió que había cumplido su etapa profesional y decidió jubilarse. “Eso fue en enero de 2017, cuando cumplí los 60. Es una profesión de la que he estado enamorado toda la vida. Hice lo mejor que pude y creo que desempeñé un papel relevante. Llega un momento en el que uno entiende que no puede aportar más, que lo único que puede hacer es dejarse llevar. Servirse de la inercia que uno trae no me parece que sea demasiado junto con las generaciones que vienen. Dar un paso al lado y permitirles a los nuevos hacer cosas nuevas, pues me parecía que era mi misión en aquellos momentos. Por otro lado, yo sabía que no soy de los jubilados que se iban a aburrir y, efectivamente, así ha sido. No me he aburrido en ningún momento”.
Este hombre se reconoce un enamorado del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar. “1990 fue el primer año que vine con mi mujer. Vinimos un fin de semana largo, un día de septiembre en el que el mar en el Cabo parecía como si no tuviera olas, una maravilla. Todavía recuerdo la emoción que me provocó entrar a las playas. Un sentimiento fundamental de libertad. Me imagino que entra en las venas y, a partir de ahí, somos unos allegados al parque”.
La poesía
Alberto Salamanca tenía una afición escondida: escribir poesía. “Desde la adolescencia. Esa chispa entra también en la sangre desde muy jovencito. Sin embargo, la exigencia de mi profesión no me lo permitía. Con la jubilación, pude disponer de tiempo, leer mucha poesía, que esto es básico, y escribir. Y bueno, perder un poco el miedo a la publicación, que la profesión de docente me impedía. Me atreví a publicar. Sigo siendo un aficionado, porque llamarme poeta es excesivo”.
Lleva publicados seis libros de poemas y el último es un trabajo sobre el Parque Natural, titulado “Haikus de Qabta”. “Todo empezó como un regalo a mi mujer, que también es una enamoraba del parque. Al final ha terminado siendo un regalo para los amigos del parque. Pensé que la divulgación y la recogida de todos los frutos que esto podía dar era una buena inyección económica para la Asociación de los Amigos del Parque. Escogí un formato en haiku, escueto, simple, quizá como el paisaje del parque”. Haikus son poemas japoneses de tres versos estructurados en 5, 7 y 5 sílabas. En una primera edición ha cedido 200 ejemplares. “Los haikus son muy breves y explican el momento, el instante. La poesía está más en lo que no dice que en lo que cuenta el haiku, que apunta en una dirección y se pretende que uno haga ese viaje interior al Cabo de Gata”.
San José
Siempre que puede Alberto acude a disfrutar de una casa que tiene en la barriada de San José. “Mi mujer todavía trabaja, con lo cual vamos y venimos. paso temporadas aquí, normalmente fuera de la época veraniega. Es cuando más nos gusta, cuando el parque tiene un carácter muy especial y es cuando más lo disfrutamos. Aunque tampoco excluimos el verano con un buen baño en la playa o una buena comida al borde del mar”.
Se muestra preocupado por el cambio que está experimentando el parque natural. “Cuando lo conocí, San José era una cuarta parte de lo que es ahora. Además, el carácter de la gente que venía era completamente distinto de lo que ahora se ve, que tiende a ser como más un sitio de veraneo familiar. Entonces era algo como mucho más bohemio”. También le preocupa el crecimiento de los núcleos urbanos. “En muchos casos, el tipo de hábitat que se está ofreciendo, solo busca el beneficio económico. Construcciones que están invadiendo terrenos que no deberían de urbanizarse”.