La Voz de Almeria

Carboneras

Carboneras estrena un nuevo barco de pesca de palangre de superficie

El Nuevo Nicolás e Isabel es una de las pocas incorporaciones de este tipo en los últimos años y refleja las dificultades para renovar la flota pesquera

Nicolás García Hernández (el tercero empezando por la izquierda), junto al resto de su familia, en el bautismo del Nuevo Nicolás e Isabel en Carboneras

Nicolás García Hernández (el tercero empezando por la izquierda), junto al resto de su familia, en el bautismo del Nuevo Nicolás e Isabel en CarbonerasSara Ruiz

Sara Ruiz
Publicado por

Creado:

Actualizado:

Los barcos también cuentan historias. Algunas empiezan el día en que tocan el agua. Otras mucho antes, entre padres que enseñan a sus hijos a hacer un nudo, a distinguir el viento o a mirar el mar con respeto. La del buque Nicolás e Isabel comenzó hace décadas, en una estirpe de pescadores de Carboneras para la que el puerto nunca ha sido solo un lugar de trabajo, sino una forma de vida. 

El domingo, durante la bendición de la nave denominada Nuevo Nicolás e Isabel por parte del párroco de Carboneras, don Iván Checa, esa historia volvió a reunirse junto al muelle. La ceremonia simbolizó mucho más que la llegada de una nueva embarcación: reflejó la decisión de una familia de seguir apostando por el palangre de superficie —arte de pesca que consiste en una línea principal de la que cuelgan anzuelos cebados— cuando cada vez son menos quienes se atreven a hacerlo.

El Nuevo Nicolás e Isabel cuenta con 23 metros de eslora

El Nuevo Nicolás e Isabel cuenta con 23 metros de esloraCedida a LA VOZ

“Esto ya es resistencia más que otra cosa”, cuenta a LA VOZ Nicolás García Hernández, el patrón del Nuevo Nicolás e Isabel. Con 44 años, es el mayor de tres hermanos nacidos en una familia de pescadores en la que el mar siempre marcó el ritmo de la vida. Aún recuerda que tenía apenas 11 años cuando su familia construyó el anterior Nicolás e Isabel. 

Aprendió el oficio junto a su padre, Nicolás García Rodríguez, siendo apenas un adolescente y, desde los 15 años, aprovechaba los veranos para embarcarse durante semanas. Hoy sigue al timón del barco familiar, convencido de que mantener vivo el palangre de superficie es mucho más que una decisión empresarial. Por eso, no lo ha abandonado. 

Más que un barco nuevo

La idea de construir una nueva embarcación llevaba tiempo madurando. El antiguo Nicolás e Isabel acumulaba cerca de tres décadas de trabajo en el mar y el paso del tiempo empezaba a pasar factura. No era una cuestión de comodidad, sino de tranquilidad. “Un barco viejo ya no te da esa seguridad y, además, el mantenimiento cuesta mucho más”, explica García Hernández. 

Por esta razón, decidieron dar un paso poco habitual en el sector: construir una embarcación completamente nueva, sin ayudas públicas y recurriendo a sus propios ahorros. “Lo hemos hecho nosotros solos. Para la construcción de barcos nuevos prácticamente no hay ayudas”, lamenta.

El resultado es un palangrero de 23 metros de eslora, preparado para albergar hasta 12 tripulantes, aunque en cada campaña suelen embarcar entre ocho y nueve marineros. La nueva distribución de los espacios y la incorporación de aire acondicionado son algunas de las mejoras que harán más llevaderas las largas jornadas de trabajo en alta mar. 

El Nuevo Nicolás e Isabel también tiene un valor simbólico para el puerto de Carboneras: “Yo creo que hacía unos 15 o 20 años que no se incorporaba un barco de estas características”, recuerda el patrón. Por este motivo, su botadura representa la apuesta de una familia por seguir creyendo en un arte de pesca que cada vez cuenta con menos relevo y menos armadores dispuestos a invertir en él.

El Nuevo Nicolás e Isabel en el puerto de Carboneras el día del bautismo del barco

El Nuevo Nicolás e Isabel en el puerto de Carboneras el día del bautismo del barcoSara Ruiz

Un puerto con alma marrajera

La llegada del barco cobra aún más sentido si se mira al puerto carbonero. Según la última actualización del censo unificado de palangre de superficie, publicada por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, España cuenta con 183 embarcaciones autorizadas para esta modalidad de pesca, de las que 33 tienen su puerto base en Andalucía. Carboneras concentra una parte importante de esa flota y continúa siendo uno de los puertos de referencia del palangre de superficie en la comunidad.

Sin embargo, el sector lleva años transformándose. Si en 2014 el municipio contaba con 31 embarcaciones de palangre de superficie y solo una de arrastre, la fotografía actual es muy distinta. Según datos de la Cofradía de Pescadores de Carboneras y de la Organización de Productores de Pescadores de Carboneras Sociedad Cooperativa Andaluza (Carbopesca), en 2025 el puerto reunía alrededor de 22 marrajeras frente a 14 barcos de arrastre, reflejo del cambio que vive la flota local.

Aun así, el palangre sigue siendo una de las señas de identidad del municipio. Precisamente por eso, la incorporación del Nuevo Nicolás e Isabel simboliza la persistencia de un oficio que ha dado forma al puerto durante décadas y que, pese a las dificultades, sigue encontrando a aquellos dispuestos a continuar con él.

Bautismo del Nuevo Nicolás e Isabel en el puerto de Carboneras, por parte de Iván Checa

Bautismo del Nuevo Nicolás e Isabel en el puerto de Carboneras, por parte de Iván ChecaSara Ruiz

La vida entre anzuelos

Porque dedicarse al palangre de superficie supone aceptar una forma de vida muy distinta a la de otras modalidades pesqueras, como el arrastre. Aquí no existen las jornadas que terminan al caer la tarde ni la posibilidad de regresar cada día a casa. Las campañas pueden prolongarse durante semanas e incluso meses, dependiendo del caladero, en una profesión donde la paciencia y el mar marcan el ritmo. 

Considerado uno de los artes de pesca más selectivos, consiste en una larga línea principal, mantenida a flote mediante boyas, de la que cuelgan cientos de anzuelos cebados para capturar especies altamente migratorias, como el pez espada o el atún, sin llegar a tocar el fondo marino.

Los días comienzan mucho antes de que salga el sol. “Solemos calar por la tarde. Preparamos el cebo, echamos los anzuelos al agua y descansamos cuatro o cinco horas. Luego recogemos hasta media mañana y, si viene hecho un reseno, acabamos más tarde”, explica García Hernández. Cuando faenan en caladeros cercanos, la tripulación suele regresar a puerto aproximadamente una vez por semana. Si ponen rumbo a Canarias, las campañas pueden prolongarse durante dos o tres meses.

Apuesta por el futuro

A esa exigencia se suma una normativa cada vez más estricta. El palangre de superficie está sujeto a censos específicos, cuotas de captura y controles sobre especies, con el objetivo de garantizar la sostenibilidad de los recursos. “Es muy estricto todo. Un despiste tonto te puede acarrear una multa”, reconoce el patrón.

Y es precisamente ese contexto el que explica la repercusión que ha tenido el Nuevo Nicolás e Isabel en Carboneras. Pocas veces un barco nuevo despierta tanta atención en un puerto acostumbrado a convivir con el mar. Quizá porque, en este caso, su valor no reside solo en lo que hará a partir de ahora, sino en todo lo que ha sido necesario para llegar hasta aquí. Detrás de su construcción hay esfuerzo, turnos en el mar y unos ahorros reunidos con la misma paciencia con la que se levanta cualquier proyecto que nace de la pesca.

Por esta razón, el Nuevo Nicolás e Isabel es mucho más que una embarcación recién estrenada. Es la continuidad de una familia que ha aprendido a medir el tiempo por mareas, la prueba de que todavía hay quienes entienden el mar como una forma de vida y no solo como un medio de ganarse el sustento. Porque, al final, hay barcos que nacen para pescar. Y otros que, sin proponérselo, terminan recordando de dónde viene un pueblo y por qué merece la pena que algunas historias sigan teniendo puerto al que regresar.

tracking