Adra, Almería, quedó excluida de la I Vuelta Ciclista a España
La prensa almeriense destacaba una campaña de difamación para descartar a la provincia de Almería de la primera ronda española que si la disputara en 1936

Subida antigua carretera a Adra (Cuesta Faro). Al fondo, El Lance de la Virgen.
Cada día aumentaba la expectación y el entusiasmo por la gran carrera ciclista de la primera vuelta a España. A medida que transcurría el tiempo, aumentaba el interés de los deportistas, que con avidez extraordinaria seguían el curso de la organización de esta magnífica prueba. En todos los círculos deportivos almerienses el tema primordial de las conversaciones era el referente a esta carrera ciclista.
Desgraciadamente, los amantes al sonido radial se quedaron con las ganas una vez que finalmente se confeccionó el itinerario y de ello, se excluyó a Almería. Se intentó por algún buen almeriense, que el nombre de nuestra tierra figurase en el circuito. Y, como siempre, nadie le secundó en sus gestiones.
Se hicieron numerosas gestiones por parte de los aficionados y el “Grupo Lanchafri” para ver si se podía conseguir que en el itinerario se incluyese a nuestra ciudad como punto final de etapa. Numerosas dificultades impidieron que esto pudiera llevarse a feliz término como hubiese sido el deseo de todos.
En primer lugar, la falta material de tiempo para estudiar un cambio en el itinerario, y segundo y principal, la falta de tiempo para que se hubiesen hecho las gestiones en busca del dinero que se precisaba. Los aficionados, que los había en gran número, se contentaron con ir a ver el paso de los ciclistas por el límite de nuestra provincia con la de Granada.
La carrera ya había comenzado. Por entonces, por cuantos pueblos del trayecto pasaban los ciclistas participantes y el numeroso cortejo de deportistas que le siguen, iban dejando dinero, y se llevan en la memoria el grato recuerdo de la estancia y del nombre de la localidad que visitan.
Curiosamente, apuntaba la prensa por entonces, que llegaban frecuentemente a nuestra ciudad, siguiendo la llamada Ruta del Sol, autocares de turistas extranjeros, que permanecían un día o unas horas entre nosotros, y luego seguían su viaje, después de haber dejado su dinero en hoteles, cafés, comercios, garajes, etc. Esa pequeña corriente turística, que ya comenzaba a incrementarse, merced también al perseverante trabajo almeriense, había decrecido en términos tales, que tendía a desaparecer.
Campaña difamación
La causa, apuntaban, de que el desfile de turistas por Almería haya decrecido es la destrucción del ya famoso puente sobre el río de Adra. Y era en muchísimas ocasiones en las que se había propuesto por una solución inmediata que pusiera término a los perjuicios que se causaba.
En 1934, salieron a subasta las obras de construcción del puente. Pero, hasta esa fecha de mayo de 1936, no se hicieron más trabajos que colocar las cimbras sobre las que habia de hacerse el nuevo puente. La carretera seguía cortada y era necesidad de cruzar el lecho del río.
Siendo el plazo de ejecución de las obras en 1936, era imposible, pues, que en los meses que le restaban pudieran estar terminados. Esta era una prueba más de nuestra suicida indolencia, de la que, se aprovechaban de ella ciertos elementos de intereses congéneres. Por ello, se denunciaba, una campaña de desprestigio que a todos los almerienses se nos venía haciendo. Se nos presentaba como un pueblo paupérrimo sin vías de comunicación fáciles y cómodas.
No en vano, a muchos provincianos y abderitanos les llegaba a sus propias manos una postal editada en Londres con una fotografía del río de Adra, en la que aparecía un automóvil atascado en peligro de ser arrastrado por la corriente. Esta propaganda, apuntaba la prensa, la realizaba la famosa empresa de viajes “Thomas Cook & Son”, primera agencia de viajes moderna del mundo. A la vista de aquella cartulina, se sintió un poco de bochorno e indignación.
En cualquier hotel de las provincias regionales, en que se adquiriera una ruta hacia el Sur de la Península se aconsejaba que sea una cualquiera, si no figuraba en ella Almería. El río de Adra estaba indicado con bandera roja en todos los planos de viaje por carretera. Era bien conocido y era cierto que ese puente estaba caído, el río se podía pasar perfectamente, sin peligro de ninguna clase y se agregaba más, esas informaciones eran hijas de una campaña de difamación contra nuestra tierra que era y es envidiada por ser de más sol de España.
II Vuelta a España: Esta vez, si
A nadie escapaba que, al próximo año, y organizada de nuevo, como era natural, por el periódico “Informaciones”, se aplaudiera la segunda vuelta ciclista a España y su paso por Adra y final en Almería era ya una realidad. Para ese año, 1936, y a fin de evitar los entorpecimientos consiguientes, la directiva del “Grupo Lanchafri” se dirigió a Clemente L. Doriga, que formaba parte de la comisión organizadora de la II Vuelta Ciclista a España, para que dieran los datos e informaciones que se precisaban.
Y la respuesta no tardaría. Según carta de “Informaciones” se dirigía al “Grupo Lanchafri” indicándole que visto lo que solicitaban y las numerosas peticiones que en la pasada vuelta se hicieron de que se considerase a Almería como fin de etapa, estaban dispuestos a incluir a nuestra Ciudad, pero con la condición de que se suscribiera con dos mil pesetas (12 €).
El primer paso se habia dado y finalmente el 11 de mayo de 1936 se disputa la sexta etapa en un plácido paseo de Granada a Almería. Todos los corredores fueron clasificados en el mismo tiempo que el ganador Gustavo Deloor. A las ocho y veinte de la mañana emprendían la carrera los corredores para cubrir la etapa Granada-Almería (185 kilómetros).
A los 115 kilómetros de la salida, existe la cuesta del Suspiro del Moro y un humorista ha ofrecido una prima consistente en una caja de puros, que es ganada por el valenciano Molina. El pelotón camina por una bella carretera que es llana y cuando no es llana es cuesta abajo. No hay ningún retraso porque, Pantoja y Esteve, que pinchan, vuelven a tomar contacto enseguida.
En una hora y cuarenta y cinco minutos se han cubierto sesenta kilómetros. Están en Vélez-Benaudalla, con una hora de anticipación sobre el horario previsto. El pelotón seguía sin romperse, La carretera atraviesa el túnel de Isabel II, y a la salida, aparece a la derecha el mar. Ya durante lo que queda de etapa, este mar será el compañero inseparable de viaje de los corredores.
Pero desgraciadamente también es su compañero el sol, que los abruma con su fuego. A Motril (74 kilómetros), se llega a las dos horas y quince minutos de carretera, también con gran anticipación sobre el horario previsto. Se suprime el control de firma, porque todo el mundo está junto y no hay necesidad de controlar pasos ni diferencias.
El tren es muy poco vivo porque todos los corredores se sienten abrumados por el sol. En Calahonda el adelanto sobre el horario es ya menor. La carretera, por entonces, que había sido excelente hasta ese momento, tiene ya largos trozos en mal estado y el polvo viene a sumarse al calor para dar a los corredores la única dificultad de esta etapa. De la caravana se desprenden de cuando en cuando corredores que van a las ventas para llenar, y beber, sus cacharras.
Paso por Adra y llegada accidentada en la capital
Al cruzar por Adra se veia invadido por los corredores los bares en busca de cerveza. No pasó nada. Salvo este suplicio del sol y del calor, no pasó nada. El tren era lento. El adelanto que consiguoeron sobre el horario desapareció. Las mozas del pueblo están al borde de la carretera para arrojar sobre el pelotón puñados de flores con la seguridad de no exponer a los corredores.
Desgraciadamente una etapa tan plácida había de tener un final muy desagradable. La carretera termina en una recta que tiene 40 kilómetros de longitud. Nadie se atreve en esta recta, bajo este sol, a desencadenar una batalla. La llegada a Almería tiene lugar en un hermoso paseo, bordeado de palmeras a orillas del mar, pero invadido por un gentío inmenso y donde las fuerzas de Asalto tenia otras ocupaciones y no pudieron mantener el orden público.
Se temía que, a la entrada de todo el pelotón, hubiese algo más que un barullo. En efecto, cuando al fin se anuncia la llegada de los corredores a la meta, se produce una pequeña catástrofe a la llegada a meta. Bastantes corredores luchan después del belga Gustaaf Deloor, que viene en cabeza con el público desbordado. Deloor es el vencedor de esta etapa por media rueda en relación con el chico de Cuatro Caminos, Vicente Carretero y en un tiempo de 6 h. 28 minutos y 39 segundos.
Le sigue inmediatamente Fermín Trueba, Cañardo, Molina, y entre la multitud que ha invadido el paseo empiezan a llegar, unos montados en bicicleta, otros a pie. Berrendero llega con la máquina destrozada. Antonio Bertola tiene también rota la bicicleta. El día 13 de mayo de 1936 a las 06:00 horas de la mañana, se tomaría la salida para cubrir la etapa Almería-Alicante.