El Adra derrotado por el amor
Su entrenador adoraba a una bella señorita, hija de un directivo, lo que dividió a futbolistas y afición

El Adra Club de Fútbol en su primera y única participación en la Copa del Generalísimo.
En los dramas de William Shakespeare hoy en día sólo creen los buenos amantes del teatro, y sin embargo los dramas del inglés siguen dándolos en la vida real; como si aquellos argumentos alguien quisiera trasplantarlos a las cosas de nuestros días en forma de guerrillas entre Capuletos (Julieta) y Montescos (Romeo).
Claro que todo este preámbulo llega para contar una historia de amor futbolística ocurrida por entonces en el Adra Club de Futbol, equipo por entonces, militante en la Tercera División y único representante almeriense en Categoría Nacional en la temporada de 1969/70. Algunos periódicos de la época se hicieron eco tanto de su situación deportiva, que iba de mal en peor por culpa... del amor. Y es que a principios de temporada Cupido disparó sobre dos corazones una misma flecha y esos corazones eran los de la hija del vicepresidente del Club y el entrenador del mismo.
Los padres al saberlo se opusieron a estas relaciones. Pero ellos se amaban y ya se sabe lo que sucede en estos casos. Lo grave fue que la afición también se dividió. Los jóvenes pensaban como los novios y los mayores como los padres de los novios. Luego al equipo le paso tres cuartos de lo mismo. Los futbolistas se dividieron en dos bandos. Naturalmente, se iban perdiendo partidos y hubo que declarar en rebeldía a los jugadores que, por pensar como los jóvenes novios, no daban resultado para el equipo.
Y así, es como en el fútbol español de 1970 irrumpen los amores de Romeo y Julieta para enfrentar a uno y a otros. Naturalmente que el Adra, con unas cosas y otras, estaba abocado al descenso de categoría y solo un milagro deportivo o amoroso podía solventar aquella situación. La culpa, naturalmente, la tiene ese niño díscolo que volvió del bosque con alas y una carga de flechas. Ese niño que no repara en disparar a la vez al corazón de un entrenador de fútbol y al corazón de una bella señorita, hija de un directivo futbolístico. Una historia de unir y a desunir por coincidir dos corazones, se divide una afición futbolística entera porque su entrenador adoraba a una bella señorita, hija de un directivo.
Derrotado por el amor y la naturaleza
El Adra era farolillo rojo del grupo y era carne de cañón de Primera Preferente. Después de catorce temporadas ininterrumpidas en categoría nacional, la perdería ese año por diversos motivos y circunstancias.
El presidente del Club por entonces era, D. Francisco Cañas Ferreira y en entrevistas periodísticas resumía: "Primero el amor y después las lluvias nos han hecho naufragar; así, como suena. Eros, ese dios mitológico de la flechita y el arco, soltó uno de sus dardos en el corazón de nuestro entrenador y otro en el de la hija del vicepresidente, y aquí se armó la marimorena. Se opusieron los papás, se empeñaron los enamorados, y nuestro equipo, que todo era muy joven, así como también los seguidores, se dividieron en bandos, con altercados casi a diario y la consiguiente relajación de la moral deportiva. Hubo que prescindir de los contendientes, suegro en hierbas (vicepresidente) y futuro yerno (entrenador), se continuaron perdiendo partidos, marchándose jugadores, dejando de contribuir socios y asistiendo cada vez menos espectadores al campo".
"En Navidad – continuaba, D. Francisco - ya teníamos al equipo sin moral ni disciplina, se habían marchado varios jugadores que ficharon del Betis Deportivo, con la mitad de la prima de fichaje cobrada, y al no poder concederles permiso, ante los compromisos oficiales, capitaneados por los algecireños, Mera, Amores y Herrero, desertaron nueve jugadores, dejándonos con seis para disputar el partido de la siguiente jornada”.
Con tal panorama no hubo más remedio que "rellenar" con elementos aficionados y amateurs, entre ellos Manolo “Mohoso”, Valle, Emilio Ojeda, Antoñito o Manuel “Barrigalacha”, pues en aquellas alturas de competición y sin dinero no se podía hacer gran cosa, tan solo ver terminar el torneo y dando pruebas de la mayor deportividad.
A ello se sumaba jugar casi todos los encuentros se jugaron fuera de Miramar, ya que el último que disputaron en Adra fue en diciembre de 1969, curiosamente y no todo iba ser mal fario, aquella temporada disputarían por primera vez en su historia la Copa del Generalísimo teniendo como rival al Melilla. Después, y debido a los grandes temporales de lluvia que se produjeron, se derrumbaron las tapias del estadio y no tuvieron más remedio que jugar en Almería. Campo grande y con un público que tampoco era el nuestro.