La Voz de Almeria

Adra

Aquellos “remendaores” de la vida y la mar en Adra

Una tradición ancestral que sólo los marineros más veteranos conocen y que corre el riesgo de desaparecer

Viejos lobos de mar abderitanos remendando.

Viejos lobos de mar abderitanos remendando.Antonio Bayo

Pepe Cazorla
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La profesión de redero es cada vez más escasa. Los rederos, hoy más escasos, eran los encargados de remendar, reparar las artes y armarlas. Son las personas que confeccionan los aparejos para la pesca lo que les convierte en auténticos especialistas. Las primeras redes estaban hechas de materiales naturales como pasto, lino, fibras de árboles y algodón, mientras que hoy en día, la mayoría de las redes de pesca están hechas de nylon o materiales sintéticos.

Tejer la red pudiera considerarse sencillo, pero hay que ponerse a ello y practicar. El puerto de Adra se llenaba de trabajadores silenciosos que remendaban las redes rotas. Solo necesitaban una aguja (plástico o madera) con hilo pasadera redonda, una pequeña navaja, técnica y a tejer las mallas producidas bien por agarre con el fondo rocoso marino o por rotura de ‘animales’ (tollinas) que acuden a la red para poder alimentarse. Los destrozos producidos por los delfines eran muy diversos, desde un agujero de un palmo hasta otros de más de un metro que dejaban después de atravesar la red.

¿Que tendrá la mar que engancha tanto a quienes la viven? Eran hombres en su mayoría jubilados y de piel curtida ya veteranos. Viejos lobos de mar con boina remendando las mallas bajo un sol de justicia. No había contrato estipulado donde curiosamente muchos ‘remendaores’ de tierra, acudían y se ofrecían al remiendo sin importarles en principio el reconocimiento final a su trabajo al que en muchas ocasiones eran gratificados por el dueño o patrón del barco. 

En otros casos, aunque según pasaba los tiempos, no existía sueldo alguno, todo aquel que sabía remendar se prestaba para poner cuánto antes las redes en cubierta. Lo que si podían contar muchos ‘remendaores’ era con el ‘perno’ llamado así a la parte de pescado que daban a cada pescador al terminar la faena e incluso algún tipo de ‘muza’ gratificante.

Ellos analizaban la red minuciosamente buscando las roturas que habían sido previamente vistas anteriormente y se señalaba anudando el trozo para su posterior localización y que habían de reparar. Redoblar, remendar, hacer mallas…pura matemática y cálculo. Había que ser todo un artesano para remendarlas, y, tradicionalmente, en esta zona de ello se encargaban los hombres. El trabajo de remover la red era un trabajo duro y cansado. 

Se trabajaba en la misma playa, muchas veces de pie o sentados en modestas sillas de mimbre, en mala posición y soportando las inclemencias del tiempo. Los ‘remendaores’ se pasaban horas parcheando las redes dañadas y a menudo trabajaban a destajo, para tener el arte acabado para la siguiente jornada de pesca. 

Verlos haciendo ‘prejilos’ era un auténtico escaparate donde cualquier turista se paseaba por el puerto, siempre acaba parándose y se interesaba por como hacían el remiendo en la red. Puro arte. Cuando la flota pesquera era fuerte en Adra, se podía ver remendar a hombres ancianos en el puerto. Fuese verano o invierno, se sentaban en el suelo a remendar redes. En aquella época, donde no se ganaba mucho, trabajaba hasta el gato.

Puntadas al mar

Las remendadoras llevaban sus herramientas en una pequeña cesta: unos cogollos de hilo de algodón de diferente grosor, tijeras y las agujas de remendar red que tenían una forma inconfundible. Éstas estaban hechas de madera, sobre todo de madroño ya que no se astillaba y era muy resistente y flexible. Agujas las había de varios tamaños según la malla que debiera arreglarse. 

Los “remendaores” eran los responsables de arreglar los trozos dañados de las redes de pescar una vez había terminado la jornada de los pescadores. Realizaban los remiendos, los arreglos, el mantenimiento y reparación de las artes. Son rederos y son remendadores, uno de los oficios de mar más antiguos. Aquellos artes eran transportados y extendidos en la zona de poniente bien en carros de madera o en su caso por el adelanto de los tiempos, por un camión. 

Las manos del ‘remendaó’ eran arrugadas, rápidas, firmes y seguras, pero con destreza de filigrana que va casi bordando el aire, las manos se mueven con la habilidad que sólo podían dar los años de oficio. En el suelo, los pies, descalzos, realizan también una operación delicada: han de tensar la superficie para pasar el hilo sin problemas. En minutos, demostraban que sabían hacer de la faena cotidiana un arte. No trabajan dentro de las traíñas, de las vacas, como se hacía, sino a la vista de todos, remendando artes de cerco o de arrastre. 

Cosían las redes de una manera y forma pasmosa en el arreglo con un resultado pasmoso. Algo así como el buen cocinero que da su último toque al plato del día con una habilidad que ya la quisiera para sí más de un cirujano plástico. Hay que recordar que remendar arte de arrastre es más fácil porque la malla es más gruesa, mientras que en la de cerco, traíña, es más trabajosa porque es muchísimo más fina. 

La actividad de las remendadoras fue muy intensa hasta los años 50 del siglo pasado cuando se empieza a generalizar, en la fabricación de las redes, el uso de las fibras sintéticas como el nylon. Así, los remendadores no tenían un horario establecido, pasaban tantas horas como fuera necesario para remendar las redes y se contaba con la ayuda de otros viejos lobos de mar del pueblo. De hecho, solían trabajar también los hombres de mayor edad, que solían tener más experiencia. Las imágenes de las redes extendidas en el sol mientras los rederos hacían su trabajo era muy característica en Adra tiempo atrás.

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