La carta a los Reyes Magos que trajo un riñón a Felix
La intrahistoria del trasplante más emotivo de Almería, contada por uno de sus protagonistas

José Flores junto a su amigo Avelino.
Dicen que los Reyes Magos llegan a todos los rincones. Este año, como no podía ser de otra manera, también se pasaron por Felix, aunque allí dejaron un regalo poco habitual: un riñón. Esta historia, protagonizada por Avelino Tortosa, conocido por todos como el 'Tite', y su amigo José, es de las especiales, de las que no se olvidan nunca. No tanto por cómo empieza, casi de forma casual, sino por cómo termina: con un trasplante que llegó después de casi dos décadas de espera.
El Contador Cofrade
Domingo de Resurrección: el día en el que las calles de este pueblo almeriense cuentan historias
Fran García
Todo gira en torno a José Flores Céspedes, amigo de Avelino desde la infancia y propietario de un negocio de hostelería en el que él mismo es cliente habitual. Allí, entre cafés diarios y conversaciones de rutina, Avelino ha visto de cerca el desgaste de una enfermedad que no da tregua, y es que José lleva ya diecinueve años en diálisis. Diecinueve años condicionado por una máquina, por horarios médicos rutinarios y por una llamada para un transplante que nunca llegaba.
La historia empieza a tomar forma a partir de un gesto sencillo. La madre de José, con 94 años, le pide a su hijo que la acompañe a una procesión dedicada a San Judas Tadeo, el patrón de las causas imposibles, en un pueblo cercano. José accede y Avelino, a petición de su amigo, se suma: “Fuimos por hacer el capricho de su madre”, explica, que reconoce que, ya que habían ido, aprovecharon para pedir por la salud de su amigo. Aquel viaje y aquella petición se quedaron dando vueltas en su cabeza durante días.
Poco después, en plena Navidad, Avelino ve en Canal Sur cómo distintas personas envían cartas a los Reyes Magos con peticiones especiales. Algunos piden conocer a alguien, otros cumplir pequeños sueños... y a raíz de ahí, él decide hacer algo que hasta ese momento nunca había hecho: escribir la suya. “Nunca había pedido nada, pero esa vez lo tenía claro”, recuerda. En la carta, sin rodeos, pide un riñón para su amigo José.
Ni siquiera fue fácil enviarla: “No encontraba sellos”, cuenta entre risas, pero finalmente lo consiguió. Poco después, el 30 de diciembre, su carta fue leída en directo en Canal Sur y el momento no tardó en difundirse. Un familiar grabó la emisión, la compartieron en redes sociales y el pueblo entero empezó a reaccionar, haciendo que las publicaciones se llenaran de mensajes de apoyo, comentarios y, en definitiva, de vecinos pendientes de una petición que, en el fondo, todos sabían que era muy complicada.
Una llamada milagrosa
Tras esto, el 1 de enero, apenas unas horas después de la emisión, José recibe una llamada que vivió casi como un milagro: hay un riñón disponible y tiene que desplazarse a Málaga de inmediato. Al día siguiente, el 2 de enero, entra en quirófano y la operación, por suerte, sale bien. Después de 19 años en diálisis y de este modo tan singular, emotivo e inverosímil, el trasplante se ha hecho realidad: “Fue todo muy seguido, no dio tiempo ni a asimilarlo”, resume Avelino.
Más allá de la coincidencia de fechas y el propio hecho, hay una escena que es la que realmente se le ha quedado grabada a Avelino. Ocurre en el negocio familiar, cuando el hijo de José, de 23 años, se encuentra con él y se funde en un abrazo entre lágrimas: “Tite, muchas gracias”, le dice. Avelino lo cuenta todavía sorprendido: “Yo no le he dado el riñón ni soy médico, pero ese momento no se me va a olvidar en la vida”.
Para el propio hecho, no intenta buscar explicaciones cerradas. Tiene una relación cercana con la fe desde pequeño —fue monaguillo y mantiene ese respeto aprendido—, pero también cree firmemente en la donación de órganos. De hecho, él mismo es donante. Lo importante es que, finalmente, gracias a la fe, la casualidad, el propio funcionamiento del sistema de trasplantes o todo en conjunto, la historia ha terminado de la mejor manera posible.
Y es así como en Felix, donde Avelino también es conocido por su implicación en la vida del pueblo y por mantener vivas tradiciones e historias a través de las redes sociales, lo ocurrido ya forma parte de esas cosas que se cuentan y se contarán una y otra vez. No como un milagro, ni como una anécdota más, sino como una de esas historias reales que, por cómo se encadenan los hechos, cuesta olvidar. Porque esta vez, la llamada que llevaba casi veinte años esperando, llegó.