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Los lagos de sal en Almería: salinas y flamencos

No es solo un paisaje dominado por el hombre. Es un lugar de paso, un escenario de vida animal.

Imagen de Las Salinas de Cabo de Gata.

Imagen de Las Salinas de Cabo de Gata.Marian Leon

Juan Antonio Cortés
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La sal. Vosotros sois la sal de la tierra, decía Jesucristo. Desde el Neolítico, es sinónimo de conservación de alimentos perecederos, de comercio marítimo, de sabor. Aquí, ágora de civilizaciones, la sal ha bañado nuestros humedales. Porque Almería tiene sus lagos salados, una historia preñada de ricos minerales que han sido domesticados por el ser humano para su supervivencia.

José Manuel López es el comisario de la exposición ‘Costa de Almería, Costa de la Sal’, del Instituto de Estudios Almerienses (IEA) de la Diputación, que puede verse estos días en el Museo Casa Anita de Roquetas.

-Sabemos que hace 8.000 años ya había gente que conseguía sal porque la necesitaba. Desde que el ser humano deja de ser cazador-recolector, entiende que la sal es imprescindible para la vida. Y comienzan a buscar técnicas para conseguirla. Hace unos 2000 años, a través de la evaporación de la salmuera, comienza a obtener producciones de sal que amplían las posibilidades de vida.

La civilización romana se asentó en nuestra tierra y nos dejó las factorías de salazones. Y el garum.

-Son indicios arqueológicos, indicadores de la importancia de la sal en otros tiempos. La aparición de una producción de púrpura romana -la púrpura necesita sal-, las balsas de salazones, los fenicios en Baria.

Paraje Las Salinas. Las del Bosque San Rafael. Unión Salinera las compró a finales de la segunda década del siglo XX. En 1953 se fusionaron con las salinas de Poniente.

-Fue una de las primeras salinas de Roquetas, que tiene una tradición salinera muy destacada. Están vinculadas a un yacimiento romano: Turaniana. Han aparecido balsas de salazones, un portezuelo… Ahí se pudo obtener sal. Lo hacían en forma de cosecha. Cuando en el verano se evaporaban las aguas, sacaban la sal.

Las Salinas Viejas, conocidas como La Modaguara, funcionaron hasta el siglo XIX para integrarse posteriormente en la gran salina roquetera. Están junto al barrio de Las Marinas, cerca de El Solanillo. Llegaron a tener el título de salinas reales.

-En el siglo XIX sólo había dos salinas pluviales en España y una de ellas estaba en Roquetas de Mar.

En pleno proceso de desamortizaciones, Miguel Ruiz de Villanueva compra las salinas de Jata, conocidas también como las de Xata o del Flamenco Cerrillos, que desde la década de los 50 pasarán a llamarse popularmente Las Salinas de Poniente tras su incorporación a otras salinas del pueblo. Fueron conectadas con el mar en 1910. 1952. Roquetas integra en una sus salinas dispersas. Unas 150 personas trabajaban en San Rafael y Cerrillos, las dos que quedaban a pleno rendimiento, en una población que apenas superaba los 3.700 habitantes. En 1987 cesan la actividad. Es el final de una historia de siglos.

-En la década de los 50 se produce la unión de todas las salinas que había por todo el litoral. Era muy productiva y era el motor económico de Roquetas. Llegó a producir tres veces más sal que la del Cabo de Gata. Las salinas de Roquetas dominaban de costa a costa, desde Aguadulce hasta Punta Entinas.

Punta Entinas o del Puntal se extienden en unas 300 hectáreas de terreno, hoy reserva natural. Allí había unas salinas que fueron usadas hasta la segunda mitad del siglo XIX.

-Es una salina muy desconocida porque se explotó hasta el siglo XIX. Hoy no se perciben esos espacios porque están inundados de agua.

También en El Ejido, en la ensenada de San Miguel, estaban las salinas de Guardias Viejas. Hubo allí un gran asentamiento romano, que debió aprovechar la sal para sus negocios. En 1936 fueron bombardeadas. Y luego, abandonadas.

-Es la única salina que ha desaparecido. El territorio ha sido muy transformado. Se construyó en el siglo XX y estuvo funcionando 30 años.

A Levante, Pulpí, San Juan de los Terreros. Allí funcionaron durante el siglo XX unas pequeñas salinas. Fueron explotadas hasta 1974. Ese año trabajaban siete personas. Aún se pueden ver algunas estructuras.

-Es, dicen, una historia de amor. Es una leyenda local que decía que fue construida por amor gracias a una mujer. Estuvieron funcionando 50 años.

Es un aguazal bien conservado. Un oasis frente al azul mediterráneo: El Salar de los Canos. Vera. Allí afloran sales en sus laderas. Nunca fue una industria, pero pudo serlo. La guerra civil lo impidió. Muy cerca están las balsas de salazones en la vieja y fenicia ciudad de Baria, en Villaricos.

-Es un reto. Pudo ser una salina romana. Cerca está Baria. En los años 30 del siglo pasado fue objeto del interés de una empresa catalana que quiso hacer una salina.

Allí están, junto a la vieja iglesia construida para los trabajadores, rodeada de colores azul y rosa y blanco, las salinas de Acosta, las del Cabo, las únicas que han sobrevivido al paso del tiempo. Hoy configuran un hábitat único en el planeta.

-Los Acosta Oliver salvaron las salinas a principios del siglo XX. A mediados del siglo XIX se desamortizaron y dejaron de ser del Estado. Era una familia noble que apostó por la industria e invierte en el proyecto, que había estado en manos de una empresa francesa. Solucionaron el problema de las avenidas de las danas.

Las salinas no es solo un paisaje dominado por el hombre. Es un lugar de paso, un escenario de vida animal. Los principales humedales de Almería son salinas. En las salinas de San Juan se cría el garbancillo, una planta exclusiva del sureste. Se ha documentado una especie rara, un crustáceo casi microscópico que nada en las aguas en las salinas de San Rafael de Roquetas. En los humedales del Cabo anidan los flamencos, reyes de estos ecosistemas. Gaviotas y cercetas pardillas, un pequeño pato en peligro de extinción, conviven también en nuestros humedales salinizados. La sal y Almería son una misma cosa.

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