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La abuela Milagros, la gadorense más longeva, cumple hoy 100 años de vida

Un siglo de recuerdos, trabajo y cariño que su familia guarda como un tesoro

La abuela Milagros cumple 100 años.

La abuela Milagros cumple 100 años.La Voz

Marina Ginés
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Milagros Cañizares Alonso cumple hoy, 7 de enero, 100 años. En Gádor no es una desconocida. Todo lo contrario. Para su familia, para su pueblo y para muchos vecinos de los alrededores, Milagros —la abuela Milagros— es parte de la memoria gadorense, de esas personas que han dejado huella sin hacer ruido, a base de trabajo, constancia y bondad.

Quienes la conocen recuerdan que durante años regentó, junto a su marido, una popular fonda en pleno centro del pueblo. Allí, su buena mano para la cocina encandilaba a huéspedes fijos como directores de banco o maestras de escuela, a temporeros de la naranja llegados desde Murcia y Granada y, sobre todo, a los cazadores, que le llevaban sus piezas para que se las preparara en asado o en escabeche. Decían que su mesa tenía una presentación digna del mejor banquete. En aquella fonda, además, se instaló el primer futbolín del pueblo, un detalle que muchos aún recuerdan con cariño.

Fotografías familiares de Milagros.

Fotografías familiares de Milagros.La Voz

Aunque Milagros nació el 7 de enero de 1926 en la barriada de Las Balsas, término municipal de Gádor, su infancia y juventud transcurrieron en la barriada de la Calderona, en el cortijo de la Rambla Castillo, ya en el término municipal de Santa Fe de Mondújar. Allí vivió hasta los 23 años, cuando su vida dio un giro al contraer matrimonio con Miguel López García, un joven guapo y apuesto, de ojos azules que, según recuerdan sus nietos, nada tenían que envidiar a los de cualquier actor de Hollywood.

Milagros el día de su boda con Miguel.

Milagros el día de su boda con Miguel.La Voz

Tras la boda, se trasladaron al barrio de Paulenca, perteneciente a Gádor, donde Miguel tenía a su familia. Allí nació su primera hija, Presenta. Cuando ella tenía cuatro años, decidieron mudarse definitivamente al pueblo de Gádor, donde nacerían sus dos hijos varones, Miguel y José A. En aquellos años, incluso se plantearon emigrar a Barcelona, pero finalmente desecharon la idea y optaron por quedarse. Miguel continuó trabajando como empleado del sindicato de riegos, encargado de distribuir las horas de agua a las fincas, un trabajo que desempeñó durante toda su vida.

Milagros y Miguel.

Milagros y Miguel.La Voz

Fue entonces cuando, aprovechando la capacidad incansable de Milagros y su talento para la cocina, surgió la idea de montar la fonda. Alquilaron una gran vivienda de la familia Aguilar en la plaza del pueblo, con comedor amplio, cocina con patio, salón de estar y seis dormitorios en una sola planta, a la que se accedía por unas escaleras de madera. Milagros se volcó por completo: su familia, sus hijos pequeños, su marido y los huéspedes ocupaban cada hora de su día. Apenas había descanso, pero sí mucho orgullo por sacar todo adelante.

La Fonda de Milagros hechó el cierre

La vida, sin embargo, no siempre fue fácil para la abuela Milagros. Su salud comenzó a resentirse con problemas gástricos y de riñón y, poco después, llegó uno de los momentos más duros: la enfermedad de su hijo mediano, Miguel, afectado por el mal de San Vito. 

Ella y su marido recorrieron médicos y tratamientos, algunos de los cuales no dieron los resultados esperados e incluso uno de ellos estuvo a punto de costarle la vida, obligándolo a una larga recuperación. Finalmente, tuvieron que internarlo en un colegio privado de Málaga para que terminara sus estudios y pudiera recuperarse por completo. Con tantas dificultades y sin poder atender como antes el negocio, se vieron obligados a cerrar la fonda en su mayor esplendor y regresar a su antigua vivienda.

Fotografías familiares de Milagros.

Fotografías familiares de Milagros.La Voz

Una familia unida pese a los golpes

A partir de entonces, la familia siguió adelante unida. La hija mayor comenzó a trabajar en una gestoría en el centro de la capital para ayudar en casa, y más tarde lo hicieron sus hermanos. Los tres recuerdan con orgullo cómo entregaban su sueldo a su madre para que administrara la casa. Era un hogar trabajador, honrado y lleno de cariño.

Fotografías familiares de Milagros.

Fotografías familiares de Milagros.La Voz

El golpe más duro llegó cuando a Miguel, su marido, le diagnosticaron un grave cáncer de pulmón. A pesar de los intentos médicos en Madrid, nada se pudo hacer y falleció ocho meses después, con solo 60 años. Aquellos meses quedaron grabados en la memoria familiar: Milagros pasaba horas abanicándolo para ayudarle a respirar, en una época en la que no había oxígeno en las casas, sin que nunca faltara un plato de comida caliente para sus hijos al volver del trabajo. Nunca tiró la toalla.

Hace unos años, un ictus marcó el inicio de una nueva etapa. Desde entonces, Milagros vive en la residencia Santa Teresa de Jornet, donde se recuperó muy bien y donde hoy es feliz, rodeada del cariño de las hermanas, del personal de enfermería y de sus compañeras. Sus hijos, nietos y bisnietos la visitan con frecuencia, la abrazan y la llenan de besos, como ella siempre hizo con los suyos.

Fotografías familiares de Milagros.

Fotografías familiares de Milagros.La Voz

Hoy, la abuela Milagros cumple 100 años. Su familia habla de ella con orgullo, porque de Milagros solo se escuchan buenas palabras. Y porque su vida, hecha de recuerdos sencillos y enormes sacrificios, forma parte de la historia viva de Gádor.

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