Lorenzo Belmonte, el hijo predilecto de los regantes del Levante de Almería
Es el hombre de Primaflor, el hombre que siempre creyó y peleó por los trasvases desde Pulpí

Lorenzo Belmonte, segundo desde la derecha.
Pulpí suma un nuevo hijo predilecto. No es un hijo predilecto cualquiera. Es Lorenzo Belmonte Navarro (1939), uno de los fundadores de una empresa, Primaflor, que se ha ganado a pulso ser un referente gracias a que fue puntera en un modelo agrícola, el del Levante almeriense, que sabe exprimir hasta la última gota de agua para abastecer de lechugas a media España o a media Europa.
Belmonte recibió en la mañana de este sábado, en el teatro de su pueblo, el homenaje de su gente, arropado por su esposa, Encarnación Mula Serrano, y sus nietos. Dos de ellos, Jessica y Francisco, ambos con los apellidos Navarro Belmonte, subieron al atril a compartir su emoción con los pulpileños.
Cuando Jessica y Francisco nacieron, su abuelo ya había cerrado tratos con decenas de personas y de políticos para que el Levante no pasara sed. A Lorenzo Belmonte le pasaba entonces lo mismo que a Juan del Águila y Francisco Martínez-Cosentino. Su obsesión era que no faltara agua en la provincia, ya fuera en el Poniente o en el Levante. Movían Roma con Santiago para que las promesas no quedaran guardadas en un cajón. Se acordará bien de ello el diputado Rafael Hernando, del PP. Su cercanía entonces con el presidente José María Aznar era un aval para que el trasvase del Tajo-Segura dejara en el Levante lo que le correspondía o se aceleraran los trámites del trasvase del Negratín. “Esa obra la pagamos los regantes”, insistía una y mil veces Belmonte cada vez que su secretaria le pasaba al teléfono un periodista.
Ayer, Rafael Hernando estaba sentado en primera fila junto a otros representantes institucionales. Del presente, pero también del pasado, como la exministra de Medio Ambiente, Isabel Tocino. Ella debió recordar que en época de bonanza hídrica llegó el agua trasvasada para regar los cogollos en Pulpí o Guazamara.
Lo que nunca llegó (los motivos políticos son de sobra conocidos) fue el agua del Ebro. Un día se colocó una primera piedra de ese trasvase desde tierras catalanas. En realidad fueron dos piedras. Una la puso Aznar por la mañana y otra Manuel Chaves, expresidente de la Junta de Andalucía, por la tarde. Ni uno ni otro están en la primera fila de la política, pero a ambos les sonaron los oídos cuando Lorenzo Belmonte decía a los suyos que el agua no podía faltar.
Daba igual que fuera primavera, otoño o invierno. En pleno verano, al hombre de las lechugas a cielo abierto, se le ocurrió llamar a las puertas de los ministerios en Madrid. La sequía no entiende de despachos políticos. Pidió una ‘especie de arreglo’ entre regantes de varias provincias para que se compensaran unos a otros. El agua siempre se paga. Puede que le dieran largas en ese momento, pero no se resignaba. “Volveremos a hablar cuando pase el Puente de la Virgen”. Era mediados de agosto.
Con el paso de los años, Lorenzo Belmonte ha dejado de salir en los periódicos, centrado ya en su familia como pudo comprobarse ayer en el Espacio Escénico de Pulpí, donde estuvo acompañado del citado Rafael Hernando; la citada Isabel Tocino; el presidente de la Diputación de Almería, Javier A. García; el alcalde anfitrión, Juan Pedro García; el presidente de Asempal, Cecilio Peregrín; o el presidente de Aguas del Almanzora, José Caparrós.
Ante unas 400 personas, agradecido por el respaldo público que le dieron en sus discursos el alcalde y el presidente de la Corporación Provincial, Belmonte Navarro sintió de cerca el cariño de la gente más cercana, de sus nietos, hijos y esposa. “El mejor negocio que he hecho en mi vida ha sido casarme con mi mujer”, trasladó el homenajeado a sus paisanos. Más pronto que tarde, los pulpileños verán de nuevo circular trenes por su estación. Y más pronto que tarde no tendrán que envidiarle en nada a sus vecinos murcianos porque el AVE, sí el AVE, también llegará.
Es el Levante tierra de emprendimiento y tesón, como lo tuvo el desaparecido y también pulpileño José Guirao, o como lo tiene Lorenzo Belmonte, el hombre que nació en tiempos de guerra y buscó la paz entre regantes porque el agua siempre ha dado más de un disgusto. Ahora, don Lorenzo, como muchos también le llaman, es hijo predilecto de Pulpí. Y no es un hijo predilecto cualquiera.