El asesinato a martillazos “no tuvo ensañamiento”
El asesinato a martillazos “no tuvo ensañamiento”
El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) ha rebajado en nueve años la pena de 44 años impuesta al hombre de 37 años que, en febrero de 2011, asesinó a martillazos a su pareja y a uno de los hijos de ella al considerar que no existió ensañamiento en el ataque, que sí reconoce fue “brutal” ya que fue “más allá” de lo “necesario” para provocar la muerte de las víctimas.
El Alto Tribunal indica que la noción legal de ensañamiento no coincide con la “concepción popular” del mismo y recuerda que hace referencia a la “pretensión de hacer aumentar el sufrimiento”, por lo que, según remarca, los argumentos dados por el jurado popular que declaró culpable a M.S. para apreciarlo “no parecen convincentes a esta sala”. En concreto, en su resolución, la sala de lo Civil y lo Penal sostiene que no quedó probado que las agresiones se prolongasen en el tiempo y no existe, por tanto, “soporte suficiente como para inferir que el número de golpes persiguió la finalidad de hacer sufrir a las víctimas más de lo necesario, siendo perfectamente verosímil que persiguiera la contundencia de las agresiones y, precisamente, la inmediatez de la muerte”.
Veinte martillazos
La Audiencia Provincial de Almería le condenó a penas que suman 44 años de prisión por asesinar a martillazos a ambos en el domicilio familiar de Roquetas de Mar y, posteriormente, huir a Barcelona, donde se entregó un día después en la Comisaría de la Policía Nacional de Cornellá de Llobregat. La condena aplica la atenuante de confesión y la agravante de parentesco que sí estimó el jurado popular.
El procesado, de nacionalidad marroquí, mantuvo una discusión en la tarde del 3 de febrero con su compañera en el domicilio familiar en el que residían en Roquetas por “problemas existentes con el hijo de ella”. A las 16,30 horas, “aprovechando” que ella se encontraba “echada en el sofá”, fue al dormitorio y cogió una de sus herramientas de trabajo. A continuación, volvió a la sala y, sin que la víctima pudiera ejercer algún tipo de defensa, empezó a darle “golpes en la cabeza” con un martillo. C.C.T. recibió al menos 16 impactos, de los que ocho fueron mortales.
Una hora después del primer crimen, M.S. esperó a que el hijo de 22 años de su compañera regresase a casa y, con la intención de acabar con su vida, le abordó e intentó asfixiarle usando para ello “un cable”. A.M.C. consiguió “zafarse” pero entonces M.S. asió el martillo y comenzó a golpearle en la cabeza. Recibió once heridas contusas, seis de ellas mortales.