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El paseo marítimo más bonito de Almería, entre una balaustrada de mármol y olor a gamba roja

Fue refugio de burgueses, después enclave de pescadores y finalmente símbolo turístico

Es, probablemente, el paseo marítimo más bonito de Almería.

Es, probablemente, el paseo marítimo más bonito de Almería.Filming Almería

Tito Sánchez Núñez
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Caminar frente al mar Mediterráneo siempre tiene algo de hipnótico. La brisa marina, el reflejo del sol sobre las olas y la sensación de que el tiempo se detiene forman parte de esos instantes que uno quisiera atrapar. 

En la costa de Almería existe un paseo marítimo que concentra todos esos elementos y, además, los envuelve en un aire señorial que lo convierte en una de las estampas más bonitas de la provincia.

Lo que a primera vista parece un simple malecón es en realidad el escenario donde se encuentran la historia, la tradición marinera y el turismo. Un kilómetro de recorrido es suficiente para entender cómo un pueblo supo transformar su relación con el mar en una auténtica seña de identidad

A lo largo del trayecto, entre jardines y más de 150 palmeras, se alternan aromas de sal, recuerdos de la emigración andaluza y el irresistible olor a gamba roja recién salida de las lonjas.

El Paseo del Malecón de Garrucha es, probablemente, el paseo marítimo más bonito de Almería. No en vano, este espacio ha sido testigo de la evolución del municipio: primero refugio de burgueses en tiempos de esplendor minero, después enclave de pescadores y finalmente símbolo turístico que luce con orgullo su balaustrada de mármol blanco de Macael.

El suelo de losetas rojas y blancas, diseñado con un patrón singular en la remodelación de 1986, confiere al conjunto un aire elegante y perfectamente reconocible. Desde él se contemplan las faenas del puerto pesquero, el ir y venir de los barcos y el movimiento constante de sus restaurantes y terrazas, donde la gamba roja se sirve como auténtica joya gastronómica.

El paseo no solo ofrece vistas y sabores: también es memoria. El Monumento al Pescador, esculpido en mármol blanco por María de los Ángeles Lázaro Guil en 1991, recuerda a los hombres y mujeres de la mar que fundaron Garrucha. 

Más adelante, una escultura abstracta de bronce, de diez metros de altura, rinde homenaje a los emigrantes que en los años 40 y 50 partieron a Francia o Alemania en busca de un futuro mejor. 

Y, junto al Ayuntamiento, un busto recuerda a Antonio Cano Cervantes, el “poeta ciego de Garrucha”, cronista popular de su tiempo.

Cada rincón del Malecón encierra una parte de la historia garruchera, entre tradición marinera y modernidad turística. Pasear por él es hacerlo por un escenario vivo, donde se cruzan vecinos que charlan junto al mar, turistas en busca de una fotografía inolvidable y pescadores que vuelven con sus capturas al amanecer. Un lugar donde la balaustrada de mármol y el olor a gamba roja se funden para dibujar la esencia de Garrucha.

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