La Voz de Almeria

Cartas al Director

Creado:

Actualizado:

Nuevamente llega la “fiesta del cine”. Una excelente oportunidad para ver tu peli favorita en pantalla grande por un precio de 2.90€. Colas interminables, cines abarrotados y todo esto entre semana. Todavía hay gente que piensa que el público no va al cine porque no le interesa, porque no le gusta el cine. Cuando el principal, y yo diría que único motivo, es el alto precio de las entradas. Por lo general, esto depende de dónde vivas y a qué sala de cine acudas. Los precios por lo general varían entre los 5€ del día del espectador, hasta los 9€ y 10€ del fin de semana. Si a esto le añades las consabidas palomitas y un refresco, vendidas a precio de oro, ya ni te cuento. Hace unas semanas, el ministro Montoro anunciaba la bajada del IVA en el cine y que por lo tanto, debían bajar el precio de las entradas. Yo no sé a ustedes, pero a mí, el ticket me cuesta lo mismo. Es por ello que monto en cólera cuando acudo a una sala casi vacía y me surge siempre la misma pregunta; querido exhibidor (propietario del cine), si tiene los mismos gastos fijos (empleados, luz, proyectores, etc.) haya una persona en la sala o que ésta se encuentre abarrotada, ¿qué sentido tiene mantener un precio tal alto por una entrada? Por más vueltas que le doy, no lo entiendo. Como empresario, preferiría mantener un precio similar a los ofrecidos por la “fiesta del cine” durante la semana, algo más caro el fin de semana, venga vale, pero al menos lleno la sala, digo yo. Hay cosas que no me cuadran. ¿Quién marca el precio de las entradas? ¿Cada cine puede poner el precio que quiera o hay una mano negra que lo controla a modo de monopolio? ¿No os parece muy opaco el mundo de los exhibidores cinematográficos? Lo cierto que es una lástima ver las salas prácticamente vacías cuando la gente tiene hambre de séptimo arte. De disfrutar de una buena peli en pantalla grande y con un buen sonido. De salir de casa. Sí, Netflix está muy bien, pero cada día hay más excusas para quedarse encerrados en casa y no disfrutar de la liturgia que supone ir al cine.

tracking