Una cámara demasiado baja
Hoy he sido testigo de un espectáculo bochornoso de nuestros parlamentarios en la cámara baja, nunca mejor dicho, porque ese ha sido el nivel que han aportado desde un extremo al otro del arco parlamentario. La cuestión a debatir, la derogación de la pena permanente revisable y como espectadores de privilegio, familiares directos de víctimas de la sinrazón humana. Personas que han sufrido sufren y sufrirán la pérdida de un ser querido y en la mayoría de los casos, menores de edad con muchos años de expectativa de vida, de no ser porque han tenido la mala suerte de estar en el sitio y momento equivocado. Lo expreso así porque esa es la sensación que a uno le queda cuando se queman todos los argumentos que permiten garantizar los derechos del verdugo. Un debate inoportuno y vacío de contenido orquestado por políticos mediocres que a duras penas llegan a merecer la centésima parte del sueldo que reciben. Si estos señores fueran brillantes y supieran gestionar lo público, debieran empezar a reconocer con humildad que ellos no son forenses ni psiquiatras, que no trabajan en su día a día con personas con trastornos mentales que se descompensan con facilidad, que no comprenden que puede llevar a un perfil psicópata a cometer crímenes atroces como los que saturan los medios de comunicación en nuestros días y que tanto share les aporta ofreciendo el dolor ajeno en forma de bucle. Dejemos de buscar ejemplos de modelos de justicia en otros países europeos, dejemos de hablar de tasas de delincuencia para saber si es o no conveniente endurecer las penas, tan solo un caso y solo uno como el que hemos vivido recientemente, justifica reconocer que hay perfiles imposibles de reinsertar en la sociedad. Aunque parezca un fraude de ley, por encima del dictamen del Constitucional acerca de la prisión permanente debiera de crearse un grupo de trabajo formado por expertos en la materia y expresar aquello que aunque no es lo políticamente correcto, es una realidad, cuando a un psicópata se le vuelve a exponer al estímulo, se reitera la conducta delictiva. Dejen los juicios de valor, dejen de ser mediocres y cortoplacistas, dejen de ser osados ignorantes frívolos y orgullosos, empiecen a dar respuestas a problemas reales para poder presumir de una democracia íntegra. Cuenten con la opinión formada de un comité de expertos para dar una respuesta acorde a la envergadura de lo que se está planteando por el bien de nuestra democracia.