Manual de estilo colonial
“Lo primero que ha hecho la Junta con el asunto de la Alcazaba ha sido esconderse a ver si escampaba”
Uno mira y escucha y lee las declaraciones de los responsables de la Junta del PSOE de Sevilla en Almería y, por un momento, tiene la sensación de estar escuchando a un virrey de una potencia colonial, acatando con disciplina la molestia de vivir destinado lejos de la metrópoli y contrariado porque las reclamaciones de los nativos le han estropeado la tarde de polo en el club de campo. Ese es el poso que me ha quedado tras ver el desdén y la displicencia con la que los máximos responsables del gobierno de Sevilla en Almería han despachado el asunto del maltrato a la Alcazaba. Tirando de manual de estilo a la hora de gestionar las crisis, lo primero que han hecho ha sido esconderse a ver si escampaba. “La gente de Almería es apática. Guardemos silencio que pasará el ruido”. Pero como hasta la prensa –la prensa escrita, pardiez- entró con fuerza en el tema, hubo que salir a contestar. Se fastidió la tarde de polo. Y con cara de haber llegado al palacete pisando la bosta de una vaca de esas que los nativos ignorantes consideran sagradas, comparecieron para decir lo que recomienda el manual: que ellas y ellos mantienen firmes los compromisos con (lo que sea en ese momento) y que en un ejercicio de cordura conviene que saquemos (lo que sea en ese momento) del debate político. Y antes de regresar a sus quehaceres, remataron la faena diciendo que no acatar esas recomendaciones y seguir protestando por (lo que sea en ese momento) será considerado como un ejercicio de innecesaria confrontación, una cortina de humo para ocultar las carencias éticas de los denunciantes y -muy importante- una campaña de desprestigio contra la Junta de Andalucía, orquestada por reaccionarios contrarios al mensaje de esperanza y progreso de nuestro querido gobierno autonómico. Esperemos que la infinita bondad de los virreyes pueda perdonar el atrevimiento de estos insurrectos.