Ceguera moral: adiáfora
Zygmunt Bauman, sociólogo polaco, acaba de publicar un libro titulado “Ceguera moral” de la Ed. Paidos, denunciando la insensibilidad moral y el deterioro progresivo de nuestra sociedad. Para ello ha inventado una palabra nueva: “adiáfora”, en la que sitúa “ciertos actos o categorías de los seres humanos fuera del universo de evaluaciones y obligaciones morales”. Bauman se inspiró, con reiteradas visitas, en nuestro país y observó a diferentes actores en el ámbito de lo político, la administración pública, el narcotráfico, la narcopolítica, el crimen y la delincuencia. A 30 días de la nueva convocatoria a elecciones generales, no estaría de más reflexionar sobre este neologismo.
Tenemos responsabilidades políticas que no se pueden contagiar de la ceguera e inmunidad de los corruptos que nos están robando el dinero, las oportunidades, las esperanzas y la dignidad. No podemos seguir ciegos e inmunes: tenemos un compromiso moral del que estos actores adolecen. Hacen lo que quieren interesándose sólo por sus intereses y su lucro personal. Lo que hacen estos personajes, y el que nosotros se lo permitamos, tiene gran relevancia porque nos está causando daño a toda la ciudadanía.
Y nos debemos preguntar, como ha hecho el reputado sociólogo: ¿Hemos dejado de ser sensibles a lo que nos hacen? Él deja las pista de por qué nos está pasando. Dice que nos hemos acostumbrado a la tragedia del sufrimiento con imágenes horribles y violentas a través de películas, video juegos, programas de cotilleo, guerra de audiencias, ingresos en taquilla, etc. en nuestro tiempo libre, y esto hace que el sufrimiento de nuestro entorno nos parezca insignificante.
Nos tienen entretenidos y con infinita ansiedad buscando la felicidad individual e inmediata, que es subjetiva y comercial siendo dictada, en nuestro día a día, por los medios audiovisuales. Nos la ofrecen de forma compulsiva, llenándonos de insatisfacción reiterada por lo que no echamos de menos a la ética o la moral. El ritmo acelerado que llevamos, la banalización de la cultura y el hiperconsumismo se nos hacen cotidianos dejando de prestar atención a los temas importantes que nos acechan a diario. En esta atmósfera, corremos el riesgo de perder nuestra sensibilidad hacia los problemas de los demás, estando la sociedad extenuada en este momento, por la falta de empatía hacia el sufrimiento. Por tanto hay que asumir que la ceguera moral no está sólo en los actores sino que se ha contagiado a toda la sociedad, que contempla pasiva lo que está ocurriendo. Tenemos que hacer algo: reflexionar con crítica qué sueños nos venden envueltos en vanidad, desenfrenada búsqueda de popularidad, e insensibilidad y autoengaño que toleramos. Los escándalos políticos, shows televisivos y la exhibición pública en escenarios, casi apocalípticos, se hacen sin problema a cambio de la fama y el seguimiento exacerbado de las masas que no valoran “los planteamientos equilibrados, la leve ironía o la modestia” afirma Leonidas Donskis, filósofo y coautor también del libro.
En el mundo en el que vivimos aumentan los contrastes entre poder y riqueza. La opinión pública es manipulada por los políticos mediante la democracia y la educación en masas y posee ilimitadas oportunidades para hacerlo. Dice Adela Cortina en “Para qué sirve la ética” que “ningún país puede salir de la crisis si las conductas inmorales de sus ciudadanos y políticos siguen proliferando con toda impunidad”. Nos toca aprender con rapidez para quitarnos esta venda que provoca la ceguera moral y que nos ha hecho perder el sentido, el criterio y la sensibilidad.