La Voz de Almeria

Opinión

No hay cortijo sin aparceros

`Navas conminaba al alcalde a bajar el tono si quería que se aprobase el PGOU`

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En unas declaraciones aparecidas en la prensa el pasado jueves, el senador socialista Juan Carlos Pérez Navas conminaba -y digo bien- al alcalde, Ramón Fernández-Pachecho, a bajar el tono reivindicativo con el PSOE si quería que la Junta de Andalucía aprobase finalmente el Plan General de Ordenación Urbana de Almería. La frase entrecomillada del senador, “Si Pacheco quiere PGOU antes de 2017, que se deje la confrontación en el término municipal”, no admite demasiadas dudas y encaja con el concepto “desbloquearemos peticiones” que ya empleó en su día el PSOE para intentar forzar un pacto postelectoral que llevase a los socialistas a la alcaldía de Almería hace unos años. He ahí el código genético de la relación del PSOE almeriense con la Junta de Andalucía: sumisión, silencio y vasallaje, como únicos medios de obtener favores. Es la Andalucía centralista que se quiere imponer desde Sevilla con la colaboración aparcera de quienes estén dispuestos a tragárselas dobladas con tal de no incomodar a los señoritos sevillanos. Pero si he mencionado antes que las declaraciones del senador socialista aparecieron el jueves es porque, ese mismo día, a la hora aproximada en que los lectores de la prensa almeriense conocían su advertencia, el señor Pérez Navas se encontraba fuera del término municipal de Almería participando en la expedición ferroviaria a Sevilla para reclamar al Gobierno del PP mejores trenes para Almería. ¿Podría considerarse ese viaje como un acto de confrontación? Según la dialéctica socialista no, porque se estaba zurrando al PP y contra ellos vale todo. Distinto es que se zurre al PSOE recordando, entre otras cosas, el hospital materno-infantil, la vergüenza de la Plaza Vieja, las aulas prefabricadas o el conservatorio, porque eso es una confrontación indeseable que –en la lógica del buen consentidor- acarrea pena de retraso en la graciosa concesión del amo. Por lo tanto, todos calladitos y a esperar la caricia del dueño del cortijo. Pues a otro perro con ese hueso.


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