¡Que no, que no fue eso!
`Parecen niños grandes jugando a ver quién coge la pelota`, ha dicho Carmena.
Si votó Vd., el 20-D, ¿lo hizo con la finalidad de que el Partido votado pactara con otro u otros de cualquier ideología o para que gobernara España? Si votó con la idea de pacto, ¿por qué no votó directamente al Partido con el que quería que pactase el Partido al que votó? Es que, a raíz del combate de embestidura se dice: “España votó pacto”. Yo, eso, no me lo creo. Primero, España no vota: vota -si quiere- cada uno de los 34.811.086 ciudadanos con derecho a hacerlo, de los que quisieron 25.350.447. Segundo, ninguna persona con la que he hablado, de ideologías distintas, me ha dicho: “he votado al Partido x para que pacte con otros.” La gente es muy cuerda. Va a resultar que preferimos que España se autogobierne sin gobierno. ¿La prueba? El barómetro del CIS.
Pero demos por bueno el voto pactista, a efectos dialécticos. A fin de cuentas, yo, que fui militante de UCD, provengo de la cultura del pacto por necesidad… -165 diputados en 1977 y 168 en 1979- y por vocación integradora. ¿Qué, si no eso, fueron los Pactos de la Moncloa? Los promovió UCD y se firmaron en octubre de 1977 –antes de la Constitución- por gente tan heterogénea como Leopoldo Calvo-Sotelo (UCD), Felipe González (PSOE), Santiago Carrillo (PCE), Enrique Tierno Galván (PSP), Josep María Triginer (PSC), Joan Raventós (CSC), Juan Ajuriaguerra (PNV), Miquel Roca (CIU), Manuel Fraga (AP), y se adhirieron Marcelino Camacho (CC.OO.) y Nicolás Redondo (UGT) y, sin firmarlos, Carlos Ferrer Salat (CEOE). Lominmitico que Rajoy, Sánchez –el de “hemos hecho historia”- Iglesias, Rivera, Toxo, Méndez…
Con estos en el machito, oigo cosas que no puedo comprender. Por ejemplo, que el PSOE –segundo en la clasificación- se niega a hablar siquiera con el PP, primero –los dos se definen de centro: izquierda y derecha- pero está dispuesto a hacerlo con Podemos –en fase no sé si de espachurrarse o de esturrearse-, tercero, un batiburrillo de inconstitucionalistas. Eso es un homérico disparate democrático.
Y que Albert Rivera, de Ciudadanos, afirme: “me parece despreciable el sectarismo, la política de los bandos… Lo que no puede hacer Podemos es vetar a un Partido democrático” (Ciudadanos)”, aunque él no ha dudado en coaligarse con el PSOE para vetar al PP. ¡¡¡Y se dice el nuevo Suárez!!!
Por eso Carmena, en un insólito ataque de lucidez -¿le quedará un pelao?- ha dicho: “parecen niños grandes jugando a ver quién coge la pelota”. ¿Llamamos a Serrat para que, como a sus locos bajitos, les cante “niño, deja ya de joder con la pelota”?
Creo que la ciudadanía está harta de que todo se negocie, casi, en los platós de televisión. En todo caso, si hay nuevas elecciones, se haría necesario que los Partidos anunciaran su política de pactos y de vetos posteriores. Así, el ciudadano podría votar el destino final de su voto.
Y parecen olvidar a Europa, que impone campo y reglas de juego, lo que impide, en la práctica, cualquier autonomía política soberana. ¡Y Podemos es anti Europa! ¿A dónde quieren ir, así y en plan adánico, Sánchez –encima, salvapatrias mesiánico y cursi: “hemos cumplido nuestro primer objetivo, que era sacar a España del bloqueo en el que le había metido Rajoy, y poner en marcha el reloj de la democracia” (arsa pilili)- y Ciudadanos –más, quizá, nacionalistas y demás gente inclasificable- vetando, además, al PP? Esta misma semana la U.E. ha impuesto nuevas reformas/recortes. ¿Cabe desobedecerlas; qué sucedió con el Podemos griego? Y ello me lleva a un viejísimo deseo fallido: la constitución de los Estados Unidos de Europa como Estado federal. ¿A dónde vamos así, con esta gente?
Y no entiendo, tampoco, la manía –manía, sí- del PP de proclamarse vencedor con 123 diputados, reducidos a 122 por expulsión de uno de ellos hoy en el Grupo Mixto. Como el Congreso tiene 350 miembros y para ser elegido presidente hacen falta 176 diputados, que equivaldría al 5’03 en un examen sobre 10, el mínimo para aprobar. Por tanto, 122 se quedaría en un 3’40: suspenso. ¿Por qué, pues, se dice ganador y con derecho a la Presidencia del Gobierno? Es como si tuviese que ir de Almería a Berja y se quedara en Dalías: no podría beber agua en la hermosísima y centenaria fuente virgitana de los dieciséis caños. Que los perseguidores se unan, hagan autostop y alguien los acerque a la meta es otra cosa: exactamente lo que le pasó a UCD en las elecciones municipales de UCD en 1979, cuya lista yo encabezaba.
Está todo inventado. Casi todo, mejor: no, que sólo dos hombres, agoniosos, que odian a su rival, puedan decidir el destino de cuarenta y seis millones de españoles. Es miserable y no democrático.
El día de la mujer Se conmemoró el martes. En la España de hoy, mujeres y hombres al 50’%, y con mayoría femenina en profesiones emblemáticas, sigue habiendo una cultura machista.
Las mujeres y los hombres somos iguales como personas y diversos como individuos; iguales en nuestra diversidad. Y no rivales, sino recíprocamente complementarios: interdependientes. El mundo necesita ambas piernas para andar con equilibrio. Pero, sin embargo, estará cojo mientras sea necesario celebrar el reivindicativo Día de la Mujer.
Sevilla nos ordena Sevilla le ha prohibido a Almería ser como ella quiere: la Junta de allí ha rechazado el Plan General de Ordenación Urbana de aquí porque no le gusta: Almería -¡cómo se le ocurre querer ser ella!- tiene que ser como digan en los despachos de Sevilla, armados de regla y cartabón. ¿Se diferencia en mucho de cómo se marcaron las fronteras cuando la descolonización en África? Los colonizadores trazaron fronteras rectas que dividían lo indivisible: a los masai, nómadas, por ejemplo.
¡Maravillosa autonosuya!
El placer de pecar Eduardo del Pino y yo nos debíamos una de huevos fritos, patatas y jamón. Y nos despachamos como Dios sugiere en el Bar Santa María, en la curva que sube hacia el Club de Tenis de Huércal: teníamos que hablar de los sentimientos –Eduardo es poeta/filósofo-sensible/romántico- y nos quedamos agustico.
Lo del fútbol vino al final: Paco, Pepe y Sebastián, los tres entrañables hermanos propietarios del Bar, se liaron felices con Eduardo, experto también en lo del balompié.
¡Se necesita tan poco para ser feliz!