Notas de campaña (III)
Continúa la resaca sobre el cara a cara del lunes entre Rajoy y Pedro Sánchez . Cuantitativamente al menos, a tenor del número de consultas, el debate lo ganó el candidato socialista. Decir que nadie puede erigirse como triunfador es una memez típica del escapismo interesado. Se está hablando mucho sobre la dureza del discurso de Sánchez quien puso bajo las cuerdas al presidente.
Nadie recuerda ahora lo que sucede en los debates de fuera ni en lo mucho que el PP despotricó contra José Luis Rodríguez Zapatero. Aún hoy , después de cuatro años de gobierno de la derecha, los “peperos” utilizan sin tasa la excusa de la “herencia recibida” como argumento probatorio de las cosas que siguen sin cumplir. Recuerden que González Pons llamó “indecente” a Zapatero y no pasó nada. El PP es ahora un clamor contra Sánchez por decir lo que quizá piensan muchos millones de españoles. El candidato de la derecha utilizó las palabras “ruin , “mezquino” y deleznable” varias veces. Ahora su partido parece haberse conjurado para buscar más adjetivos/ maza que sostengan a su electorado. Sáez de Santamaría alude también al “ macarrismo político” y hubo un momento en que el Presidente intentó compadecerse irónicamente de Pedro como si dijera: “Pobre chico, no tiene educación ni clase”.
Menos mal que el socialista le cortó a tiempo. La verdad es que el PP no puede disimular su profundo elitismo de colegio concertado, su orgullo de pertenecer a las “ buenas familias” a pesar del antievangélico amor al dinero. Pienso que el aspirante socialista a la Moncloa rompió de un tajo las alusiones a la educación recordándole a Rajoy que su partido tiene corruptos para detener un tren, ¿Cómo se pudo dar tal aglomeración de ladrones de cuello blanco siendo así que la mayoría de ellos eran hijos de una selectísima formación católica? Menos chulería y menos aplicarla al enemigo. En el fondo el PP reconoce que su candidato ha perdido el debate decisivo, pese al panegírico personal que se hizo Rajoy sobre sí mismo como salvador de España y como providencia directa de la salida de la crisis. Ahora solo le queda un inexorable pacto con Ciudadanos que es el partido de la nueva política de las derechas, con más juventud y menos corrupción. Y a vivir que son otros cuatro años.